La experiencia artística es una cosa compleja. Creo que un hombre puede llegar a conectar con un puñadito de manifestaciones artísticas a lo largo de su vida. Conectar de verdad, sentir la complicidad que hace falta para viajar con las obras, para amarlas hasta olvidar qué es de la obra y qué es suyo, para disolver la distancia entre la creación y la recepción y explotar en un minuto millones de significados nuevos que sólo se producirán en el momento exacto de la experiencia, para no volver jamás.
Lo que hacemos en los foros es antinatural, intentar definir un modelo de aficionado capaz de entender todos los códigos, de comprenderlo y amarlo todo. Puede que sea posible, pero el tiempo y las ganas son limitados.
Cada uno reaccionamos de forma diferente ante la ansiedad (que todos hemos sentido en algún grado) que produce la inmensidad de posibilidades artísticas, en este género y en otros. En este foro hay muchos tipos de respuestas, algunas apasionantes, otras más anodinas. Pero en el fondo es lo que hacemos. Encuadrar el vacío aterradoramente infinito de la experiencia artística en un marco comprensible, prosaico y manejable. Un marco que permite ser experto, cultivar unos conocimientos (siempre valiosos en sí mismos) que no son otra cosa que un instrumento para seleccionar a qué parte de ese inmenso espacio voy a dedicar mi tiempo y mis ganas.
En el fondo todo va de eso, el repertorio básico, el hilo de los porcentajes, el escrúpulo técnico, las crónicas, Mortier, el voluntarismo, el relativismo, el hilo de qué estás escuchando, todo. Engrosar la fortaleza para justificar nuestras (humanas y naturales) faltas de interés.
Perdón por convertir una broma en una paja mental, pero esta mañana no me concentro y ya la doy por perdida

Le voy a hacer una confesión, entrañable Siddharta: no siempre le entiendo cuando escribe, casi nunca estoy de acuerdo con usted, cuando usted viene yo vuelvo... pero me tiene usted abducido.