Estatuas, placas, nombres de calles, museos, salas de concierto con su nombre... El turista que viaja hoy en día a la República Checa descubre que en esa nación, y más acentuadamente aún en su capital, Bedrich Smetana es Dios. Y parece lógico, teniendo en cuenta que estamos hablando, por una parte, de uno de esos países centroeuropeos donde los niños nacen sabiendo tocar el violín o el piano, y en algunos casos ambos, y por otra, del hombre al que se considera fundador de la música nacionalista checa.

Bedrich Smetana
Pero el caso de Smetana es el de tantos otros que, en vida, no fueron profetas en su tierra. El sí llegó a serlo, pero sólo al final de su atribulada existencia. Durante su juventud y madurez no recibió en su patria otra cosa que indiferencia y frialdad hacia su labor como intérprete de piano, cierto rechazo hacia su obra como compositor (influido notablemente por Berlioz y por Liszt, fue acusado del terrible pecado de “wagnerismo”, a lo que él contestaba que de wagnerismo nada, que lo suyo era "smetanismo, el único estilo honesto"), y muchas zancadillas en sus intentos de acceder a cargos como Director del Conservatorio de Praga, Director musical del teatro provisional, etc. Hasta el punto de que quien tanto llevaba a su patria en el corazón como para componer lo que compuso, en 1856 se marchó amargado a Suecia, y como suele suceder, recibió en el extranjero los parabienes que le negaban en su tierra: a las pocas semanas de llegar dio un recital, abrió una escuela que rápidamente se vio desbordada por las solicitudes y se convirtió en Director de la Sociedad de Gotemburgo para la música clásica coral.
Mientras tanto, la vida era para él una retahíla de tragedias: en el espacio de dos años, entre 1854 y 1856, murieron sucesivamente tres de sus cuatro hijas, le diagnosticaron tuberculosis a su mujer, y falleció también, en el exilio, uno de sus amigos, el revolucionario Karel Havlicek. El matrimonio con su segunda mujer se fue deteriorando hasta que no quedó en él ni rastro de amor. «No puedo vivir bajo el mismo techo con una persona que me odia y me persigue», dijo Smetana. Aunque se planteó el divorcio, la pareja siguió unida pero fueron infelices. En 1874 quedó sordo y, para rematar su desgraciada existencia, acabó enloqueciendo y murió a los 60 años, en 1884.
Como le ocurría a gran parte de su generación, el idioma natal de Smetana era el alemán, pues éste era el idioma oficial de Bohemia en 1824, al estar bajo el dominio de los Habsburgo. Smetana se opuso a este dominio tempranamente, participando en la revolución de 1848 (estuvo en las barricadas del Puente de Carlos, en Praga) y manteniendo después la relación con algunos otros revolucionarios, como Karel Sabina, que sería el libretista de sus dos primeras óperas. Tras su estancia de seis años en Gotemburgo, regresó definitivamente a Praga en 1862, y se aplicó al conocimiento de la lengua y de la gramática checa. En 1863 presentó su primera ópera en este idioma: “Los brandemburgueses en Bohemia”, una historia de la invasión de Bohemia en el s. XIII por Otón de Brandemburgo con la que al fin, a los 42 años, consiguió su primer éxito. (Más o menos, como Verdi con "Nabuco": poniendo ante sus paisanos una historia de dominación ocurrida siglos atrás, en la que todos veían un reflejo de su situación presente)
http://www.youtube.com/watch?v=3kN84D5FZ_cAnimado por ello, tres años después presentó “La novia vendida”, una comedia ligera que en su versión original constaba de dos actos y tenía diálogos hablados. Se revisó varias veces, y acabó quedando en los tres actos actuales. Pero, una vez más, Smetana tuvo la peor de las suertes: su obra se fue a estrenar la víspera del comienzo de la guerra austro-prusiana, con Bohemia bajo amenaza de invasión prusiana. En esas condiciones, el público brilló por su ausencia, el estreno fue un fracaso y apenas se pudieron cubrir los gastos. El éxito no llegaría hasta cuatro años después, con el panorama político más despejado y más favorable al nacionalismo, y con la ópera ya revisada.
Después de ésta, compuso seis óperas más: “Dalibor” (para parte de la crítica, la mejor), “Libuse”, “Las dos viudas”, “El beso”, “El secreto” y “El muro del diablo”. Otra muestra de que el pobre Smetana jamás pudo hacer nada sin contratiempos es que “Libuse”, su ópera más ambiciosa, tardó mucho tiempo en estrenarse (nueve años), hasta que, en 1881, fue llevada al escenario para inaugurar el nuevo Teatro Nacional. A su autor ni siquiera le habían dado entradas, pero en el último momento fue invitado al palco del director y desde allí pudo asistir al gran éxito de la obra. Pues bien, ahora que parecía que las cosas marchaban, a los pocos días de la inauguración se quemó el teatro, y el propio Smetana tuvo que ayudar a recaudar fondos para la reconstrucción.

El Teatro Nacional, a orillas del Moldava
En 1882 se estrenó el ciclo completo de poemas sinfónicos “Mi patria”, que contiene su obra más famosa, “El Moldava”, y que le consagró definitivamente como el padre de la música nacionalista checa y con el que se ganó, al final de su vida, el aprecio de sus compatriotas.
Los fragmentos que estamos escuchando en este post son la obertura, la polka y la fouriant de “La novia vendida”. Personalmente, tras haber leído cómo fue su vida me asombra que fuera capaz de componer algo tan alegre como esa obertura, con la que a uno se le van los pies, pero Smetana debió de ser una persona con un carácter y una bondad excepcionales. La ópera, ya sabéis, cuenta las dificultades a que se enfrentan dos enamorados, Marenka y Jenik, que no pueden casarse por la oposición de los padres de ella, quienes, deslumbrados por el casamentero Kecal, prefieren a Vasek, joven tartamudo y medio tonto, pero hijo de rico. Al final del primer acto, los jóvenes del pueblo irrumpen en la escena y comienza la conocida polka, de gran riqueza tímbrica.
Orq Sinfónica de la RTV de Luxemburgo. Dir: Leopold Hager
http://www.youtube.com/watch?v=UE8B93XD8NMEl Acto II empieza en una taberna, y aquí, tras unas intervenciones de Jenik, se baila la fouriant, alegre, vigorosa y desbordante danza. Nótese el parecido con la Danza Eslava nº 1 de Dvorak, que asimismo es una fouriant.
http://www.youtube.com/watch?v=mqEOn5C9GdoY como es público y notorio, tras unos cuantos enredos Jenik acaba revelando que él también es hijo del rico Micha, con lo que desaparecen las objeciones de sus futuros suegros y puede casarse con Marenka, terminando todo felizmente.
Despedimos esta ópera con la Danza de los comediantes, del Acto III, otra página chispeante en la que se presenta el espectáculo circense que llega al pueblo:
http://www.youtube.com/watch?v=rg7zRmpl5sI?hlLos dos últimos vídeos corresponden a una folklórica versión realizada en 1981 por la televisión checa.