Carl Tunner escribió:
Venga, que la idolatrada por tantos, Dame Joan ni se atrevió con el papel...
Ni Edita con Turandot.
Puestos a hacer demagogia...
Lo que me raya un poco ya es eso de referirse a la afición por oír discos (como si no la hubiese hecho nunca y conociese a Borgioli, Stracciari, Bori, Destinn, Schipa, Flagstad, Ponselle y Pertile de las quedadas que hacemos en el Más Allá para jugar al parchís) con eso de la
mesa camilla. Un día que me cogió con paciencia se lo dije así:
Peter Quint escribió:
Tengo al sr. Tunner por muy emocional y sin duda el teatro coadyuva a las emociones mientras que quizá el disco posibilite un acercamiento más racional imposible en el teatro (¿o alguien se pone a pensar en el juego entre tónicas y mediantes del dúo del Ballo in maschera mirando a dos cantantes con la luz apagada y sin ver la partitura?), pero ni la emoción es exclusiva del teatro (pese a que él parezca sentirlas allí en toda su intensidad) ni esa emoción es la única forma de disfrutar del genio musical.
De Caruso quedan sus discos. De Callas también. De Caballé, prácticamente. Fueran lo que fuesen en su tiempo (y lo fueron todo, que nadie entienda que lo niego) lo que hoy existe es su legado discográfico. Por la misma razón, de Fleming, dentro de 50 años, perdurará lo que dejó grabado. Y ése será todo el universo posible de discusión para el debate de los aficionados del futuro. Por eso, denostar a quien vierte una opinión porque la hace basándose en su audición del disco me parece una incoherencia. ¿Cuántos de nosotros vimos a McCormack, a Masini, a Schipa o a Thill para poder opinar?
Lo que me parece criticable es el hablar en absolutense basándose en una opinión poco o deficitariamente razonada en esas escuchas, elevando a universales impresiones subjetivas difíciles de encajar con las reglas convencionales de producción del sonido (en plan está calante y fuera de estilo, pero "me llega", ale, jódete, "le llega") o, incluso, sin haber escuchado los discos de los que se habla. En esas ocasiones comparto las críticas de Tunner, pero no su consecuencia: ante la crítica fácil o poco fundada, incluso demagógica, la solución no tiene por qué ser menos discos y más funciones, sino que puede ser, perfectamente, más discos, más lectura y (como le gusta decir) más mesa camilla. Mesa camilla forever totality, de hecho.
De todas formas, cuando dice cosas como lo de Alpedrete y lo del bicarbonato, ¿no lo adoran, malgré lui?
Pero será que hoy me pilla con menos ganas de enrollarme (o más cosas que hacer) y se lo diré más cortito: pudiendo estar de acuerdo en que el teatro favorece una experiencia más emocional de la ópera mientras que la audición discográfica puede favorecer en mayor medida la racional, ¿por qué no respeta las opiniones de los que no han querido, no han podido o no les ha salido del alpedrete recorrer media Europa para oír a éste y al otro pero se lo pasan bomba oyendo discos en su casa, y cuentan aquí sus impresiones al respecto?
Porque esa creencia de la superioridad categórica de las emociones subjetivas sobre los análisis racionales (interesantes o no, en eso no entro), sinceramente, me aterra.