Habéis dicho cosas muy interesantes, ha sido un gusto leer el debate
En mi opinión, el espectador es, o debe ser, activo. Toda recepción artística lo es, por lo que hablar de
hurtarle cosas o
estafarlo no tiene ningún sentido. Existen muchos medios, al alcance de casi todos en nuestro país, para confrontar lo que se ha visto en un teatro. Si no se quiere hacer, no pasa nada, pero los artistas que ponen en pie una ópera en directo
no tienen toda la responsabilidad (ni siquiera la mayor parte de ella) del proceso de recepción e interpretación de la obra con la que están jugando.
Por otro lado, el director de escena me parece un creador más. Siempre limitado, más o menos laxamente, por la obra con la que trabaja. Pero es un artista, y como tal puede contarnos algo que pertenece a su mundo. Muchas de las cosas más bellas que he aprendido viendo ópera me las han contado los directores de escena (y a veces los escenógrafos). No me cierro a la posibilidad de que éstos sean artistas que pueden tener destellos a la altura del compositor y los libretistas. O incluso superiores. La humildad debe ser la actitud general, pero a veces un golpe genial de un director hace que lo demás parezca superfluo, aunque no lo sea.
Personalmente también prefiero las lecturas, más o menos trabajadas, que las dramaturgias. Normalmente con las segundas tengo esa sensación de Delaforce de que el director
se está sirviendo de la obra y no al revés. Sin embargo, no sólo me gusta la ópera como género artístico, y si una dramaturgia destroza Don Giovanni para descubrir una o dos escenas mágicas, creo que el viaje ha merecido la pena.
Afortunadamente no hay ningún límite absoluto ni teórico. El límite está, sencillamente, en lo que los que te contratan toleren, o en lo que el público tolere.