Rinaldo escribió:
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La obra es fantástica. Recuerdo que hace tiempo un forero preguntó sobre una obra de Genet, aunque no estoy seguro de quién fue, y no tuvo muchas respuestas. Yo voy a dar la mía: recomendaría para iniciarse en las novelas de Jean Genet, ésta y Querelle. Para mí, las obra cumbre de este escritor, que en gran medida es minusvalorado.
Querelle es menos autobiográfica, tal vez la menos autobiográfica de sus obras; aunque bien podría haber usado sus recuerdos en el ejército para crear a esos pintorescos personajes principales del trama: Sablon -la femineidad -, Querelle -marino violento, lascivo, asesino y manipulador- y Gil -joven albañil y asesino "inocente"-. Está llena de una gran perversidad poética y moral, más que cualquier otro libro suyo, que pueden ser difíciles de asimilar las primeras veces; aunque afortunadamente existe esa película extraordinaria de Fassbinder que, aunque pierde la dimensión poética -esa facilidad para establecer paralelismos y asociaciones sorprendentes que están en la obra-, conserva gran parte del mundo decadente de deseo, pasiones y violencia de Brest; muy coherente con los antivalores que propone Genet en su obra.
Y Nuestra señora de las Flores, que es casi igual de violenta -de hecho Cocteau se sintió asqueado por tanta violencia y lo rechazó inicialmente; por fortuna, después siente remordimiento y piensa que se ha equivocado y que debe volver a leer el libro- exhibe una prosa de una riqueza más embriagante, y en mayor medida que todos los demás texto de Genet, es una multitud de poemas en prosa cosidos entre sí, lo cual puede hacerla una obra perfecta para inciar, aunque eso sí, es difícil de leer; por lo menos para mí lo fue. La trama de Nuestra Señora puede parecer muy simple: encerrado de por vida, el narrador -el preso-, se pone a buscar los encantos de su celda. Y en ese ambiente hostil, puede meditar y escribir a sus anchas. Ahí vemos nacer la historia de la Divine, una drag queen que, cuando la novela inicia, ha muerto y ha sido canonizada. A partir de ese momento Genet toma su tiempo para narrarnos como vive Divine, sus amantes, su relación con su proxeneta Mignon -que al final de la obra la ha olvidado-, con Ernestina, la llegada del asesino Nuestra señora de las flores y al final su canonización en lo que se afirma una moral de sentido inverso: un elogio del crimen, la traición y el asesinato como elementos indispensables en la belleza realmente convulsiva -lo más infame se transfigura en bello, lo más brutal deviene en poesía-. Sólo faltaría hablar sobre el preso que escribe en Nuestra señora, que es una especie de "yo" titiritero, un "yo" que no es enteramente Genet, de la misma forma que lo hace Proust -
Notre Dame des Fleurs tiene muchos paralelismo con la obra de Proust-. Lo que convierte al libro en una novela y en una novela de la novela, en una especie de epopeya del acto de escribir. Donde el preso puede salir de la Santé, del Ritz, de esas prisiones, del mundo entero, a partir de ese encantamiento de la ensoñación.
Muy recomendable y no es la primera vez que leo la novela, y algunas obras de Genet, aunque dudo que sea para todos los públicos; no es fácil meterse en esa atmósfera, en esa búsqueda de la belleza desde su lado inverso: el mal. Como decía Cocteau: "Genet es un niño y un loco. Ese libro existe. Es terrible. Obsceno. Impublicable. Inevitable(...) Volví a leer Nuestra Señora de las Flores renglón por renglón. Allí todo es odioso y magnífico... Es la soledad y el destello de un astro negro".
