Me sorprende que nadie haya colgado crónica de esta maravillosa ópera, y no voy a dejar que pase. Bien, ahí va.
Los días 25 y 26 de junio fueron para mí una mini
saison russe operístico–ludópata en el Liceu. El 25 asistí a la función de
Pikovaya Dama, de la que colgué
crónica en el hilo correspondiente. Al día siguiente pude escuchar, que no ver,
El jugador (en ruso,
Igrok), ópera en 4 actos de Sergei Prokofiev, en versión de concierto. Era además su estreno en el Liceu. Conocía la obra, y me encantó en teatro, incluso sin escena. Lástima, aunque la fuerza y convicción que imprimieron los intérpretes ayudó a meterse en las situaciones aún sin el apoyo de los elementos visuales. Me parece un acierto del Liceu haber programado en fechas cercanas dos óperas rusas con un nexo argumental como es el de los juegos de azar y su influencia en las personas, basadas además en relatos de autores de la importancia de Pushkin y Dostoievski. Bravo!
–El tenor
Mikhail Vekua se encargó del rol protagonista de Alexei, tras un cambio en el reparto, pues Misha Didyk era el cantante previsto inicialmente. Al sustituir Didyk a Ben Heppner en el reparto de
Pikovaya, Vekua se vio "ascendido" a protagonista, ya que en principio hacía uno de los muchos papelitos breves de
El jugador. No conocía a Mikhail Vekua, y fue para mí un gran descubrimiento. Estupendo cantante e intérprete, con una voz de más cuerpo que la de Didyk y múltiples registros expresivos, creo que más de uno en la sala pensó que hubiese hecho un Hermann mejor que el de Didyk en
Pikovaya. También lo pensé yo.
–La protagonista femenina, Polina, fue muy bien interpretada por
Olga Guryakova, que reflejó fielmente las emociones y el complicado carácter de este papel. Es una cantante en la que voz y expresividad se unen para servir el texto que interpreta. Fantástica. Y en cuanto al físico, Mr. Tunner ya ha hablado de ella
aunque yo la encuentro un poco rotunda de formas…
–El público aplaudió con fervor al bajo
Vladimir Ognovenko, todo un especialista en el papel del General, arruinado y adicto a apostar fuerte en la ruleta, y que sólo espera la muerte de su riquísima y anciana tía de Moscú para heredar. Ognovenko estuvo bien, muy bien, aunque con algunos momentos de un molesto vibrato.
–Como una fuerza de la naturaleza irrumpió
Elena Obratzsova, encarnando a la anciana tía que aparece en el casino dispuesta a demostrar a su parentela ludópata que no sólo no está muriéndose, sino que va a dar mucha guerra, incluso jugando a la ruleta la mitad de su fortuna. Hacía años que no la escuchaba en escena, y la voz ha sufrido el paso del tiempo. Pero quien tuvo, retuvo, y el arte sigue ahí. Brava!
–Muy convincente
Stephan Rügamer como el cínico marqués usurero que presta dinero al General a cambio de los favores de su hijastra Polina. Algo anodina, sin embargo, estuvo
Olga Savova como Blanche, la calculadora
demi–mondaine amante del General.
–El
resto del reparto (la ópera tiene un total de 31 personajes) estuvo a un estupendo nivel, con una gran precisión en la animada escena del casino en la que Alexei apuesta locamente, hace saltar la banca en dos mesas y vuelve con enormes ganancias que ofrece a Polina para que salde su deuda con el marqués prestamista. Es una difícil escena coral, formada por muchos solistas, en la que brillaron especialmente los dos
croupiers (los tenores
Robert Hebenstreit y
Gregory Bonfatti) con sus constantes exclamaciones,
Les jeux sont faits! y
Rien ne va plus!
–La
orquesta sonó muy bien ¿Milagro? No, es que no era la del Liceu, sino la Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña, dirigida por
Aleksandr Anissimov con un brío y una precisión rítmica maravillosa, imprescindible para esta música. El
coro sí era el del Liceu, y estuvo correcto en su breve intervención. Es lo mejor que se puede decir, después de su irregular prestación en
Pikovaya la noche antes.
Me encanta la música de Prokofiev y disfruté con intensidad de una velada estupenda y de una obra que debería entrar en el repertorio.
A pesar de que SuperTunner haya dicho en el hilo de
Pikovaya que también estaba en el Liceu el 26, no se le vio, y no pasa desapercibido precisamente. Yo tenía mi localidad en el 4º piso, donde estuve durante la primera parte. Para ver todo más de cerca, decidí agraciar con mi presencia la delantera de anfiteatro, próxima al escenario, donde había visto sitios libres. Desde allí disfruté de la segunda parte de la ópera, y tampoco se veía a Mr. Tunner ¿Dónde se escondió?
