Y ahora lo que ha escrito Carlos Tarín en ABC sobre los dos repartos.
Cuando por una vez todo el mundo coincide, por algo será, ¿no?
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Un goce para los sentidos
CARLOS TARÍN / SEVILLA
Día 13/06/2010 - 01.23h
Ha sido la producción más deseada; pero había que ver la cara de los aficionados tras el primer acto. Y es que el arranque estuvo verdaderamente «extraviado», empezando por un brindis 0.0, sin chispa ni gracia, sin amor ni placer; había unos protagonistas a los que apenas se les oía, un coro desajustado y una orquesta que no lograba sintonizar con ninguno. Si el dúo no transmitía química alguna entre los enamorados, el «Strano!» quedó en un planísimo registro expresivo, por el escaso volumen de la Amsellem, cuyo esfuerzo en superarlo mermaba su capacidad expresiva. Tras el descanso, debieron hacer un brindis interno con alguna bebida energética, porque salieron a por todas. Ilincai tuvo su momento. El rol le puede y necesita cantar en «forte» para sacarle rendimiento a su voz; en cuanto apiana le sale un registro de colores, centrado en dar todas las notas. En el segundo acto mejoró notablemente; sin embargo, en el «De' miei bollenti spiriti» un silencio incómodo se prolongó en busca del aplauso, que nunca llegó. En cambio la Amsellem hizo un esfuerzo y, sobre una técnica indudable, un color bonito y homogéneo y fraseo elegante, salvó su actuación con su «Addio del passato» que terminaba en un delicadísimo «filato». Petean necesitó homogeneizar su color para que disfrutáramos de su registro poderoso, bien modulado y su perfecta vocalización, aunque sin terminar de implicarse vocalmente en el drama. Buenos comprimarios (Amores, Guerrero, Miotto, Galán y bien aprovechado los partiquinos de Morales y De la Rosa), aunque sobresalimos una vez más el trabajo de la Mentxaka. Y excepto el desconcierto inicial referido, también el coro hizo un papel notable. Hemos sentido pocas veces la ROSS tan viva y colorista como en las manos de Licata. Y eso que nos parece que podía haber intensificado más el Preludio inicial; pero su trabajo fue fascinante, impulsando el entusiasmo con sonoros arranques de los contrabajos, que no dejaron de apoyar la armonía de toda la obra, o las introducciones de instrumentos. Pocas veces hemos oído, en vivo o en grabación subrayar estos diálogos con tanto acierto. En su contra tuvo también su arrebato, que le hizo olvidar a veces que tenía que acompañar, aunque no lo decimos por la escena y aria del primer acto, donde casi no llegaba a oír a la orquesta para que pudiera llegarnos algo del canto de la Amsellem. Y algunos pasajes lentificados, aunque pensamos que pudo servir a las voces. Pero fueron muchos más los gozos que las sombras. Las concepciones de Zefirelli son acusadas con frecuencia -y con razón- de hiperbarrocas, abigarradas hasta ahogar a personajes y escenas; de antiguas o rancias, de folclóricas. Pero nadie discute su sentido de la ópera como espectáculo, como un conjunto de escena y música; nadie duda que conoce el género a fondo, lo que evita los dislates de los «registas» de hoy, así como su cuidado en reforzar las voces (en las arias las «arropa» con un decorado detrás). Y por último, es el más fiel a la idea del compositor. La traviatas con nazis, en un loft con muebles de Ikea, en los años 20, etc. son propuestas novedosas, que terminan pasando de moda. Su versión es parecida a la que debió conocer Verdi, pero en 3D, es decir, en vez de telas pintadas, muebles, cuadros, lámparas reales.¿Cuánto tiempo hace que en el Maestranza no se aplaudía un decorado? Pues en el Finale II del segundo acto ocurrió, que tal es su luminosidad y colorido en esta fiesta española de toreros y gitanas en París. Puro espectáculo. Por cierto, con la crisis no hay ramos de flores, ni siquiera de los espectadores: te tiran las flores y los/las cantantes componen el ramo.
http://www.abcdesevilla.es/20100613/cul ... 30121.html
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La Traviata encontrada
CARLOS TARÍN
Día 14/06/2010 - 08.56h
La Traviata, la perdida, ya se ha hallado. No busquen más: se llama Mariola Cantarero, y ha sido hallada junto a Ismael Jordi. En primer lugar, porque son voces jóvenes, pero muy preparadas. Pero hay algo que destaca sobre todas las cosas, y es la química. Si ayer veníamos a decir que la pareja Amsellem-Ilincai no pasaba de ser un matrimonio de conveniencia, sin química alguna, en el caso de Mariola e Ismael la escena se llena de complicidad y sensualidad. No es de extrañar que la granadina no quiera otro Alfredo. Llegar hasta aquí ha sido cuestión de mucho trabajo y entrega. Sólo así se puede explicar el duetto del primer acto, esta vez sí aplaudido, el «È stranno» lleno de dudas y angustia parejo a la frivolidad y placer que la protagonista pretende, incluyendo todo el belcantismo final, hasta llegar al Mi bemol, que lo clavó sin problemas; sólo ahí se vio un leve cambio de color, ya que lo echa ligeramente hacia atrás para llegar bien. Pero también tuvo momentos de gran emotividad, como los propiciados con Germont («Dite alla giovine»), recreados con una sutileza increíble; o el «Addio del passato» largamente aplaudida: su voz parecía flotar en el aire, presa de un fluido inasible. Aunque lo más sorprendente era la sensación de que ambos parecían tranquilos en su estreno. Pero se sentía segura junto al tenor jerezano que sabía cantarle con elegancia, con un fraseo limpio e impoluto, una dicción perfecta y llena de fuerza. Su centro es cada vez más ancho y pleno y sus graves naturales y nada forzados; y su canto responde de igual manera cuando requiere fuerza y vitalidad («Ogni suo aver tal femmina», desNemorizándose por fin, o delicades, con la fragilidad de promesas imposibles de cumplir («Parigi, o cara»), por fin largamente aplaudido. Cómo se nota su trabajo en Italia, su preparación severa, y su cambio de color sin sobresaltos ni forzamientos: es lo que hubiera querido su maestro Kraus. Así que con semejante fuerza en las voces no dio la sensación de que Licata echaba encima la orquesta constantemente; en el «Amami, Alfredo», con ella al fondo y la orquesta a tope se oía el cañón poderoso y limpio de la Cantarero, en un momento francamente emocionante; sólo en el último acto alguna vez pudo dar esta sensación, pero lo compensó con el brillante final que aportan los metales.
http://www.abcdesevilla.es/20100614/cul ... 40856.html