_Sharpless_ escribió:
uno de los pocos testimonios de Leonard Bernstein cantando
Lo de cantando es un decir, pero eso no resta a la emoción del momento (¡y con la Farrell!). Muchísimas gracias.
Ghiaurov escribió:
¿qué opina sobre Dan McCormack y su valle secreto?
Que eso sí que era un Valle Secreto y no lo del profesor Poopsnagle y esas salamandras absurdas (además, ¿dónde se ha visto un autobús que vuela... sin alas?).
Es que por si alguien no lo vio, Valle Secreto iba de unos chavales superfantásticos (porque eran ecologistas, solidarios, nobles y trabajadores) que convencían a un viejales que tenía unos terrenos abandonados que les dejara hacer un campamento en aquel lugar. Y por supuesto, resultaban de aquello las colonias idílicas a las que todos hubiéramos querido ir. Los malotes eran Araña y compañía, que eran lo peor de lo peor porque eran holgazanes y pasotas, y estaban todo el verano metidos en el local (que estaba en una especie como de cueva, muy friki todo) fumando petas y haciendo litros, pero como éramos niños y no nos podían enseñar eso, se suponía que su pecado era estar todo el día "comiendo dulces".
Esa serie SUPERMOLABA. Era la infancia hecha televisión.
Pero luego un truñomaker se inventó una paranoia de unos alumnos de física y su profe bigotudo que buscaban unas salamandras de oro para conseguir unos elementos mágicos para hacer no sé qué, y viajaban en un autobús a vapor que volaba. Una p*tamierda como un piano. Que no hubiera pasado de ser la típica serie mala que no ves, si no fuera porque a alguien le dio por llamarla "El profesor Poopsnagle y el Valle Secreto". ¡Pero qué c*jones Valle Secreto si no había ni valle ni ná!
El momento de oro de mi infancia al que me refería en el post sharplessiano pertenecía, por supuesto, al Valle Secreto originario. En un capítulo, el más pequeño de los chavales del campamento andaba un tanto p*teadete porque quería jugar a cosas que a los superscouts superestupendos de sus compañeros les parecía muy pueril, y mientras ellos hacían jaulas de mimbre y veletas artesanales y sus típicas cosas superguays él que quedaba todo solo.
Pero ahí estaba el Araña para cizañarle en plan "
a que son unos guays y pasan de ti? pues yo no paso porque para mí eres mi colega", el crío se quedaba flipadísimo, y el Araña le usaba al crío para enterarse de qué actividades hacían los del Valle y chafárselas todas. Y luego descojonarse con sus colegas y emponzoñar al pobre crío, claro. Es que el Araña era maligno. Ya les he dicho que comía dulces.
Pero entonces los del Valle, que eran muy listos, descubrían que
había un topo y
quién era el topo. Y entonces... ocurrió. Uno de los valleteros majetones le pillaba al crío por banda, y con un cariño tremendo le explicaba que era mejor ser guay que ser un macarra, que los del valle eran sus amigos de verdad, y que le estaban utilizando.
Pues bien, a mí me impactó tremendamente la cordialidad de aquel mozo, sus irrenunciables valores, la importancia que reconocía a cómo se había podido sentir el crío, el tiempo que se tomaba en decir y en escuchar, el amor por la honradez y por ese pobre chaval. Lo bien que lo hacía. Pensé que eso era educar. Y empecé a entender a las maestras, a mis padres, a los monitores de deporte (que era la raza animal que yo más odiaba por lo malo que yo era y lo duro que me hacían). Muchos años antes de saber esas palabras, creo que ese día entendí lo que diferenciaba a la autoridad del abuso de poder.
Dengakuman escribió:
Que Peter Quint sepa distinguir entre las cartas Pokemon y las de Yu-Gi-Oh es ciertamente notable (por la generación a la que pertenece, digo).
Pero que ustedes dos hayan visto Las chicas de oro y El valle secreto ya es delirante de todo punto de vista.
Por la parte que me toca se lo agradezco, las decadentes vivimos en un eterno reciclaje. Por la parte de la posmodernidad, es delirante pero cierto: en el mundo de los yutús y las seriesyonkis, el pasado no existe. Siempe está ahí. Y el futuro, y todo. Tú haces click y viene. Y (pese a que no he visto ningún capítulo jamás) creo que ésa era la verdadera moraleja de
Lost.
Tip escribió:
Por cierto, no sé si será casualidad, pero éste es mi mensaje nº 666
Pues quizá no. La verdad es que empiezo a sentirme un poco
Der fliegende Schwule, teniendo que responder preguntas personales durante siete años hasta que el diablo me dé 24 horas para anal-izar a mi Redentor...