En este tema tengo una opinión muy clara. No he visto a Nucci en Bilbao, pero sí algunas veces en papeles como Rigoletto, Macbeth (dos producciones distintas y una en concierto ), Pagliacci, Il Trovatore o Nabucco y algún recital.
He sido siempre crítico con éli y nunca fué cantante de mi predilección. En casa, en la mesa camilla y en un análisis global, le puedo sacar miles de defectos y no estaría en puestos altos en una lista de barítonos favoritos.
Dicho esto, me resulta temerario el que no se valore lo que significa
hoy día escuchar, aún en "potable" estado vocal, una proyección vocal como la de Nucci, con una voz de barítono muy grata, italiana, reconocible de inmediato e impecable contacto al oído. Con sonidos percutientes, agudos fáciles y rutilantes. Un canto, de escasas sutilezas sí, sustentado en una técnica más bien "inconsapevole" e intuitiva sí, pero
sincero, extrovertido, comunicativo, vibrante y operístico. Con voltaje dramático y entrega total. Con sabor a ópera de antes. Que se deja llevar por el excesivo exhibicionismo, que se pasa de rosca. Todo lo que quieran, pero no está de más ver un divo como los de antes, desmelenándose, "gigionando" y dando, dando al espectador o al tifoso si quieren el término.
Que de indigentes vocales, e incapaces variados, estamos llenos y hartos. De labores globales, de coñazos, de planicies y de aburrirnos, también.
Porque eso que ofrece Nucci es actualmente único, final y de despedida. Esto se acaba.
Luego nos quedará Vratogna, Guelfi, Canis-Moore, el monstruo marino, Vitelli y cia...
