Carl Tunner escribió:
MarttiT escribió:
Los teatros tipo auditorio han supuesto para muchos espectadores poder disfrutar de la ópera en condiciones más igualitarias que las que ofrecen los llamados teatros de herradura donde, indefectiblemente, se separaban los pudientes con aquellos de condiciones económicas menos pudientes que habian de soportar peores condiciones, sobre todo de visibilidad.
Los teatros de herradura no hay que destruirlos sino todo lo contrario, cuidarlos y darles el uso adecuado; pero, por poner un ejemplo del que ya hablamos, el Gran Teatre del Liceu, una vez destruido por el incendio, tuvo que ser reemplazado -en mi opinión- por una arquitectura más propia del siglo XXI con opciones más "democráticas" para todo tipo de espectadores.
Así, en La Maestranza uno puede comprarse una entrada en cualquier lugar con visibilidad más que aceptable mientras que en el Teatro Real yo me he llegado a gastar 60 euros para tener que ver la ópera de pie.
Demagogia pura.
Yo soy hijo de un obrero y he ido a La Zarzuela, teatro pequeño y he visto a Kraus, Caballé, Domingo, Kabaivanska... No hace falta ir a patio de butacas. Si se ve un poco peor o de pié, no es problema si se ama la ópera de verdad ( y no se es un mero catacaldos). Pero, claro, ahora importa más ver que oir como no cantan un pimiento.
La Maestranza es un timo porque vale un pastón como el Euskalduna. Con lo que me cuesta allí una entrada voy 5 veces al Liceu (y echándome un poco hacia adelante veo de sobra lo que hay que ver) y el Real ahora voy por 6 euros.
Auditorios, feos, malos y encima timo amparados en el "se ve de todos los sitios"
El único demagogo es usted, y lo de es de forma profesional. Demagogo, prepotente e impertinente, dicho sea de paso.
Fíjese si usted es demagogo que utiliza sus orígenes familiares para hacer teoría sobre los auditorios como si sus orígenes fueran -o no- importantes a la hora de hacer en el siglo XXI un teatro de unas u otras características.
Le guste a usted o no los teatros de herradura son consecuencia directa de una división clasista de la sociedad donde las plateas y los palcos estaban reservados a las gentes pudientes y otras zonas -convenientemente denominadas "gallinero" lo eran para el "pueblo llano". Yo he conocido los palcos del Coliseo Albia ocupados por familias de postín de Bilbao per saecula saeculorum más como símbolo social que como objetivo cultural.
Por lo tanto sus orígenes valen exactamente lo que valen los mios. Y en ese sentido usted no me da lecciones ni de lo que cuesta ir a la ópera -no viviendo por cierto en una capital con varios teatros sino en un pueblo mal comunicado a más de sesenta kilometros del único teatro de ópera cercano- porque lo mio me ha tocado. Por lo tanto tuve que ser catacaldos porque, sencillamente, me era imposible ir -en mi caso- a Bilbao. Y lo que soy, a mucha honra.
Claro que prefiero ser catacaldos que engreido. Prefiero catar los caldos de cuatrocientos años sin complejo alguno y quiero que cuando pruebo un caldo lejos de mi tierra lo haga en las mejores condiciones. No en las condiciones de los amigos de los bodegueros que encima alardean a la mínima de sus amistades sino en aquellas que he podido o puedo pagarme, exigiendo de todas formas un mínimo de justicia.
Y si yo hago un esfuerzo de 60 euros -lo que usted se paga en un caldo vip en sus zonas vip- no quiero estar de pie mal apoyado en una butaca de cafetería porque me irrita.
Claro que olvidaba que usted tiene la exclusiva del amor por la ópera. Usted marca quien ama lo suficiente y quien es un catacaldos. Usted tiene la noble facultad de decir quien si y quien no es merecedor de su noble consideración operística. Pero en mi caso sencillamente me importa un pimiento. Usted me ganará en mil cosas pero en pasión por la ópera le advierto que no. A menos de que usted confunda "pasión por la ópera" con "capacidad de gritar".
Yo, por ejemplo, he llegado a ver la ópera de rodillas en el Teatro de la Zarzuela así que no me cuente milongas de su termómetro de pasión por la ópera porque usted no es nadie para andar perdonando vidas y dando a la gente el sello de aficionado real o no a la ópera.
Yo quiero ser un catacaldos. Quiero escuchar todo lo que me permita mi situación económica, lo quiero probar todo. Y quiero hacerlo en las mejores condiciones. Y en mi opinión la mayoría de los auditorios recogen condiciones generales mejores que los teatros de herradura. ¿Que a usted no le gustán? ¿Y? Ah! Y mire por donde, la ópera me gusta verla. Si es representada y pago por ello me gusta verla.
El colmo de la demagogia es hablar de los precios del Euskalduna, por ejemplo, para a partir de ahí despotricar contra los auditorios. ¿Quiero eso decir que el Euskalduna es caro porque tiene ese diseño y el Liceu ofece entradas a 10 euros porque es un diseño de siglos anteriores? ¿Pero que tienen que ver las churras con las merinas?
Las razones de los precios tiene otro origen y hay que denunciar todo lo posible todo aquello que suponga un abuso y un alejamiento de las personas menos pudientes a un arte como la ópera; pero unir esas políticas de precios, que en el caso de Bilbao tienen un origen concreto, con el diseño del recinto es pura y sencilla demagogia.
Si así fuera el caso podríamos -permítaseme el absurdo- hacer un teatro solo con entradas ciegas y la ópera conocería una expansión social sin límites.