Perdonad que cuelgue una crónica sin dialogar con los que ya lo habéis hecho, pero la he escrito en casa y la pego tal cual
El Real redimió el naufragio del anterior Bellini con una trabajada, profesional y, por momentos, apasionante Norma.
Francesco Hong es un tenor de voz ingrata pero robusta, ancha en el centro, siempre algo afónica, rasposa, lo que le impide cualquier intento de verdadero matiz o arrebato. Fraseo plano, marcial y genérico, con algún intento de matiz aligerando, sin éxito, la emisión. Si bien el registro grave no existe, tapado siempre por la orquesta, el agudo y el sobreagudo logra una presencia mayor que el centro, pierde algo de la afonía habitual e incluso brilla. Sin embargo, aunque grandes y voluminosos, los agudos no son punzantes, y son más anchos que bien colocados. Vamos, con unas cuchillas gruesas y romas no se puede patinar sobre la melodía de Bellini.
A
Sonia Ganassi sólo la había escuchado una vez anteriormente, en el recital de Oviedo con Devia. Por contraste (:lol:) y por un resfriado (suyo) no me había gustado, a parte de que en grabación su estilo siempre me había parecido grueso (por no decir la
palabra 
). Sin embargo ayer se salió. Al final del I Acto incluso me parecía la triunfadora de la noche (claro que luego vino lo que vino). Su Adalgisa era una muchacha inocente y contenida, de fraseo sincero y perfectamente acentuado, italianísimo. Su voz es compleja, pero tengo que decir que ayer me apasionó. Tiene un centro de una oscuridad que puede parecer engolada, algo entubado, pero que, por su capacidad de regularlo y colorearlo, debe de ser más natural de lo que se puede pensar de primeras. El grave desimpostado es correcto, aunque logra manejar la tesitura de Adalgisa sin tener que forzarlo en exceso. El paso al agudo es otro mundo. La voz pierde por completo la aparente veladura gangosa y gana brillo (y presencia), dándole una extraordinaria comodidad en el sobreagudo, donde va adquiriendo un excitante vibrato corto y rápido ausente en el centro, que da al sonido esa sensación de hiperconcentración que tanto me gusta en otras cantantes (tipo Pendantchanska). Exhibió fiato y regulación en las largas frases de los dos duos con Norma, donde estuvo, en ambos, extraordinaria, matizada y muy sentida (en el primero subió al agudo en la repetición de la frase de Norma). Muy bien.
Violeta Urmana empezó tremendamente insegura. Incluso anunció una indisposición, más, supongo, por su afán de perfeccionismo y por prevención que por malestar real, como descartó el II Acto. Su acercamiento a Norma tenía tres escollos iniciales. Para empezar, digamos que la voz, como sabéis, está construida sobre la parte más grave de su centro vocal, consecuencia lógica de su inteligente y gradual paso de mezzo a soprano. Por lo tanto la dificultad
de nacimiento, insalvable, que encuentra en Norma es que necesita una tesitura algo más alta, que le permita alcanzar más cómoda las extemporáneas subidas, sobre todo en el I Acto (en el O bello a me ritorna, o antes del terceto...esos jodidos trema felon). El segundo es una agilidad pobre, que logra normalmente el efecto pero que, sin llegar a ser sucia, está lejos de ser precisa. No es una belcantista y, aunque Norma tiene una escritura más dramática que virtuosa, eso se nota. El tercero, un fraseo que nunca llega a ser incisivo de verdad. Me preguntaba por qué sería (porque he tenido siempre esa sensación con ella) y ayer me fijé que seguramente se debe a que no termina de paladear nunca las palabras. Siempre son comprensibles, pero su dicción, especialmente las consonantes, nunca es marcada. Esa aproximación hace que sea incapaz de matizar con el fraseo, de jugar con las palabras, algo tan esencial en Bellini.
Estas tres dificultades no salvadas hacen que su Norma no pueda ser, de entrada, una
gran Norma. Pero hay muchísimas cosas que la hacen una
muy buena Norma. Nada más empezar a oirla cantar se disfruta con un timbre que en el centro es de una belleza y una naturalidad extremas. Siempre cómoda, nunca forzada en toda la octava central, es capaz de construir desde ahí todo el personaje. Una voz brillante y bien proyectada, aunque no grande. En el I Acto, logró la continuidad de color hacia el grave, nunca desimpostado aunque a veces mas gutural que cubierto; pero el crack era evidente hacia el agudo (sólo a veces; porque su grave es, como herencia de mezzo, bellísimo). A partir del centro más agudo (hacia el la-sib) el sonido era algo estridente, a veces algo abierto, un poco agrio y, desde luego, muy incómodo, a pesar de no correr nunca ningún riesgo. Sólo lograba la homogeneidad en toda la tesitura, tan necesaria en Bellini, en la media voz, como siempre en Urmana, extraordinaria. En el II Acto, sin embargo, la mutación fue impresionante. Fue de esas noches en las que ves cómo un cantante se va animando a sí mismo viendo que las cosas le salen bien, y va calentando y gustándose cada vez más. Incluso en el rostro se le notaba la satisfacción, no había quien la parara. El agudo, por tanto, ganó homogeneidad y presencia (también los agudos del II Acto están más comodamente colocados), tanto que en la invocación a la guerra logró un sonido lleno, squillante y enorme. Animada, y en paralelo a la evolución del personaje, incendió el fraseo, se soltó la melena e incluso se permitía bajar a pecho. A parte del espectacular (pero
muy espectacular: en el II Acto era la mejor versión de Urmana) crescendo vocal, a lo largo de toda la representación llenó su Norma de marcas de la casa. Extraordinaria regulación (la nota al final del Sediciose Voci...), perfecto empaste con la melodía, detallismo y contención. Especialmente vibrante (casi antológico) el Mira o Norma, con ambas voces perfectamente encajadas. No se puede decir que componga un personaje especialmente original, pero al menos la evolución es clara. Y vocalmente, a pesar de la inadecuación de partida, se me ocurren pocos nombres que hoy estén a la altura de lo exhibido ayer.
Aunque Oroveso ya es un papel poco lucido, Colombara lo ensombreció aún más. Ferrández muy bien de Clotilde, con una voz que supera, por timbre y por proyección, el papel secundario. Y Veramendi hizo un buen Flavio, con la voz muy fuera y un vibratillo precioso.
La Orquesta, aunque la sonoridad era pobre en los tutti, hizo cosas interesantes, supongo que por el trabajo con Zanetti. No pudo con la paleta de Bellini, pero es verdad que se acercó con profesionalidad a algunos colores (es que no hay en toda la ópera de la primera mitad del XIX una partitura orquestal como la de Norma

). Lo peor, como es habitual, algunos solistas y no miro a nadie... El coro Intermezzo, algo mejor que en Puritani, pero en el nivel al que nos tiene, por desgracia, acostumbrados (vaya historia truculenta lo del coro del Real este año, pero en fin).
Bueno, no me ha salido la crónica muy divertida, pero me lo pasé bien eh

En general una sobresaliente Norma, que sigue levantando el vuelo para el fin de fiesta de la temporada. Entre la magnífica Poppea del otro día y esto, vaya semanita del Real.
