El placer es mío, señor de Hentzau
Gino escribió:
A mí me parece que la música de "Devereux" es de drama de capa y espada. Esto puede parecer anticuado o no, pero es así. Un simple drama de capa y espada, con personajes que expresan sentimientos grandiosos, patéticos, elegíacos, amorosos, todos ellos amplificados como en un novelón romantico, por decirlo de alguna forma. No hay en la música de Donizetti segundas intenciones. Es buena porque transmite eficazmente esos sentimientos y hace personajes con relieve y claroscuros. Es lo que distingue a un buen melodrama. En fin, si resulta que musicalmente tenemos personajes de capa y espada, es como un poquito absurdo y pretencioso hacer que se comporten de otra forma para que el regista puede narrar una historia paralela. Por eso creo que nunca puede pensarse en trabajar "con el escenario vacío", es decir, desde cero. Siempre tiene que haber unos límites.
Bueno, es el eterno dilema sobre si la escena final del
Roberto es una escena de la locura más (y como tal una convención dramática para levantar vuelo musical) o si es un momento de auto-percepción psicológica de un personaje más complejo que otras damas de Donizetti. Mi opinión es más bien la segunda (como en
Lucrezia, por ejemplo). Una lectura psicológica de un personaje romántico puede resultar anacrónica, pero sin meterme en la teoría, a mí la escena final de Roberto me transmite sensaciones que van más allá del melodrama Romántico. Llegado a ese punto no me importa que Donizetti no las preveyera: su obra se ha cargado de otros significados después de 150 años de Historia).
Si a mí como espectador la frase
Ah! non sia chi dica in terra:/La regina d'Inghilterra /Ho veduto lagrimar me sugiere mucho más que un recurso dramático (la soledad del poder, una mujer en un mundo de hombres, una persona que logra asir su propia existencia a través de una tragedia...-algo nada contemporáneo por cierto); si yo veo,
naturalmente, esas cosas, no comprendo por qué un director de escena no puede coger todo ese conjunto de connotaciones, de significados que el tiempo le ha dado al objeto artístico, y plasmarlo en su propuesta escénica.
Porque eso, ni más ni menos, es lo que hace Loy en esta puesta (y otro día ya pongo ejemplos concretos del vídeo).
Es que reducir la puesta en escena a la
ambientación, o a la reproducción de los códigos del momento de creación, no es que sea artificial (artifical en el sentido de que el espectador se enfrenta al drama con sus ojos del siglo XXI, aunque pueda hacer abstracción), sino que también es orgulloso: ¿puede un director enfrentarse a un drama sin eestar condicionado por su propia visión? Lo que propones, Gino, sólo se puede conseguir, en su máxima expresión, si eliminamos la dirección de escena. Sólo decorados y movimientos "prácticos" de los cantantes (entrar-salir, puntos acústicos, etc.), como hasta los años 50.
Roberto Devereux
era un drama de capa y espada (e incluso me resisto a decir esto, porque lo último que quiero es alimentar la lógica Wagner=profundo - belcanto=insulso y estreotipado). En todo caso, hoy
es otras muchas cosas. Y no entiendo por qué no es correcto artísticamente (porque de eso estamos hablando, no de gustos; luego una puesta puede gustar o no, sea como sea) intentar transmitir todos (o parte de) esos significados adquiridos.
Vamos, seguro que hay miles de libros que dicen esto mejor que yo, pero me has pillado parlanchín
