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Graciano, director de la Fundación, con la prudencia que le caracteriza, ha declarado esta mañana a RNE "Ha sido el concierto más importante de Europa en lo que va de año".
Salidas de madre aparte, la verdad es que, volviendo a meditar sobre ello, no veo cómo se puede hacer una versión mejor de esta obra. Habrá quién no le haya gustado algún detalle puntual de la dirección, pero entraría dentro de las valoraciones estéticas subjetivas, no de un supuesto "fallo objetivo" que el Sr. López Cobos, a estas alturas, dudo cometa.
¿Podría haber sido más dramático? Supongo que una afirmación así siempre estará sesgada por la imagen del Requiem de 2001 con Abbado pensando si no estará dirigiendo su propio Requiem. Una circunstancia así es prácticamente irrepetible y símplemente debemos dar gracias a quién sea de que esté editado en DVD...
Aquí os dejo la mini crítica de La Nueva España:
Pasión verdiana COSME MARINA
La interpretación en Oviedo de la «Messa di Requiem» de Giuseppe Verdi levanta pasiones irrefrenables. Una ciudad con afición lírica tan verdiana ha vivido, en este sentido, veladas emocionantes en torno a una de las obras mayúsculas del repertorio sinfónico-coral, entre ellas la realizada en el Campoamor en 1973 con la Orquesta Nacional y, precisamente, el Orfeón Donostiarra, que anoche volvió a cantarla, esta vez en el Auditorio. Fue, como es lógico, el apartado coral el gran protagonista de la noche con la sabia decisión de unir las voces del Orfeón al Coro de la Fundación, consiguiendo una masa coral conjunta abrumadora, de impacto soberbio. El trabajo conjunto de ambas formaciones rozó la excelencia en cada una de sus vibrantes y entregadas intervenciones.
Fuerte presencia y magnífica calidad, asimismo, para la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, volcada con Jesús López Cobos, que sacó máximo partido de la formación y exhibió su rigor habitual consiguiendo un entrecruzamiento sutil de las texturas musicales que vertebran esta partitura genial y única. Su trabajo fue monumental, acorde a la importancia de una obra que no siempre se puede escuchar con claridad y con el cuidado que ayer se pudo percibir de los pasajes más delicados.
Tuvo para ello aliados en todos los intérpretes y en un cuarteto solista a la altura de cualquiera de los mejores teatros occidentales. Fue, para parte del público, una sorpresa el alarde vocal que realizó la soprano Indra Thomas, que hizo una exhibición de fiato y un control vocal de inmensa potencia y bellísimo color. Luciana D'Intino mostró esa exquisitez estilística en el canto verdiano que la ha hecho célebre en medio mundo, y el tenor Roberto Aronica hizo gala de un timbre brillante, luminoso, de una vocalidad latina e italiana que tan bien funciona en este repertorio. Y, por supuesto, redondeó faena René Pape, bajo imprescindible, que cantó con una contundencia, naturalidad y precisión sin mácula.
Y aquí una crítica de alguien generalmente menos entusiasta.
Requiem monumental RAMÓN AVELLO
El 'Requiem' de Verdi es una de estas composiciones complejas, tanto en sus aspectos técnicos y compositivos, como en las cuestiones interpretativas. Requiere cuatro solistas de calidad, un coro y a veces, en algunas partes del 'Dies Irae' y el 'Sanctus' dos coros enfrentados, una nutrida orquesta, y, finalmente, una concepción unitaria para que la extensa partitura no se disuelva en el vacío de un mar sonoro. Cuando se reúnen todas estas características, el resultado es un milagro.
Cobos proyectó un 'Requiem' muy peculiar. Más que una concepción romántica caracterizada por tiempos movidos, su versión modera los 'tempi', lima la expresividad de conjunto y se centra en el equilibrio entre solistas, coro y orquesta, por un lado, y en la solidez musical, la monumentalidad sonora, por otro.
La OSPA realizó un trabajo excelente. El empaste de los metales en los difíciles pasajes del 'Tuba Mirum' y el 'Sanctus', las intensidades fuertes, sin quebrar el sonido o la delicada en los fraseos, reflejan la altura a la que puede llegar la orquesta asturiana. Tal vez lo más destacado de este 'Requiem' sea la interpretación conjunta del Orfeón Donostiarra y del Coro de la Fundación Príncipe de Asturias. Desde una perspectiva coral, estamos ante una versión absolutamente perfecta. Por una parte contundencia, fuerza, claridad de emisión. Por otra, equilibrio soberbio entre las cuatro cuerdas, como se reflejo en las fugas del 'Sanctus' o la del 'Liberame'. Finalmente una delicadeza bellísima, encantadora, en los matices, haciendo que confluyan la expresión grandiosa y el lirismo intimista.
A los cuatro solistas se les puede calificar como un póquer de ases. La mezzo Luciana D'Intimo posee una tesitura amplia, potente en los agudos, fuerte en los graves, variada en el timbre. Nos ofreció una interpretación memorable. La soprano Indra Thomas, se desmelenó en el 'Liberame' final. Un 'Liberame' sobrecogedor. Increíble la expresividad del recitativo, la potencia de su voz, de su canto de rabia y súplica desplegándose por encima de un 'tutti' vocal y orquestal. René Pape es un bajo verdiano en estado puro. Sonoridad penetrante, tesitura limitada hacia los graves, homogénea en los registros medios y agudo. Finalmente, Roberto Aronica mostró una elegancia sonora, clave de este 'Requiem' lleno de vida.
Última edición por DaPonte el 21 Oct 2005 9:25, editado 1 vez en total
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