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En total desacuerdo con el panorama tan dantesco descrito en un concierto donde, menos en Rossini, disfruté muchísimo.
No puede ser la apoteosis de la guturalidad cuando es una cantante que regula el sonido quasi constantemente, y siempre en "redondo". A momentos sí lo es, sobretodo en graves y, dependiendo del momento el primer agudo, sobretodo cuando viene del paso (hay otros, sobretodo en ataque directo, que no lo son tanto); y sobretodo el primer momento del concierto (Rossini), donde estuvo con la voz sin colocar, no calculando bien el riesgo de empezar con lo que menos le va, por falta de fulgor tímbrico, ligereza, y poco exacta resolución de agilidades. En cualquier caso, otras cantantes "guturales" aplaudimos (vease Meier) cuando afloran cualidades por otros lados.
En la Desdemona le perjudicó muchísimo el acompañamiento tan grueso y descuidado de López Cobos (¿cómo puede alguien tan genérico y poco atento al "presente" ser Director de ópera?), porque en mi opinión hizo una mimosísima, en cuanto a matices, recreación de algo, que recordemos, no deja de ser una oración, intima y recogida. Para mí sí que es un papel italiano que le va por belleza tímbrica y capacidad de ensoñación. Cometió alguna exageración típica ("prega per noi"), y en el último La bemol agudo del "Ave María" que culmina el arpegio ligado, empezó a mostrar los problemas de su registro agudo, pero afortunádamente empezo a remontar despues del muy titubeante comienzo de concierto.
En Strauss, estupenda, aunque algo falta de último vuelo sobretodo en "Dedicatoria", y suficiente en el repertorio verista que todos sabemos que no le va, pero donde incluso se acomodó en las arias más líricas (vease "Siberia") de forma satisfactoria.
Una cantante con un timbre "avainillado", de tintes ocres, poco adecuada para los brillos y fulgores más italianos, pero que maravilla oir en su distinta y cautivadora belleza. La voz siempre cubierta, esmaltada, menos cuando se abre peligrósamente en el agudo, (aunque ayer, afortunádamente, poco agudo hubo); rica y con irisaciones. Una gozada.
Y una voz que, como demostró ayer en bastantes momentos, sabe frasear, regular, y delinear de forma quasi instrumental, aérea; aunque siempre en márgenes pequeños, de poca amplitud. Ideal, ya lo sabemos, para los curvos y tenues caracoleos straussianos.
Una voz que muestra su mejor cara en lo tenue porque en los pasajes Di forza se tiende a abrir, y que le sienta mál la movilidad y agilidad de pasajes de coloratura rápida y numerosa. Quizá por ello el programa de ayer abundaba en lo primero -salvo Rossini- y se pudiese crear cierta monotonía, aunque yo, sincéramente, me lo pasé fráncamente bien.
Sí.
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