Gino escribió:
Bueno, no empecemos a cruzar "atiquetegustaestecomopuedesdeciresodeaquel": no aportan absolutamente nada al debate.
F-Dieskau, sin duda, acentúa en más de una ocasión con rebuscamiento (la típica prepotencia de imponer su visión de la frase sobre la prosodia) y unido a su timbre sin metal, esto redunda en cierta blandura. Por no hablar de la impronta falsetística de su media voz.
Comprensión musical, toda; medios y temperamento para el personaje y el estilo, no.
Lo que con el instrumento de MacNeil sale solo (pero ojo: le sale solo porque su carencia de enfatismo y su esmero por cantar lo que pone es insólito en su cuerda, hasta que, efectivamente, obra el milagro y Rigoletto se encarna en su voz como la conmovedora figura universal que es) con el de DFD no sale solo; el cantante lo tiene que hacer. Pero lo bestial es que lo hace. Y cómo lo hace. El calibre instrumental es el que es, y la acentuación en ocasiones es muy personal, pero el resultado es de una grandeza musical escalofriante. Si por cuestiones de densidad del timbre hay gente que no lo acepta, pues qué le vamos a hacer. Pero ¿qué es ser un músico, si no es emprender una de las obras fundamentales de tu instrumento, reinventarla desde tus medios naturales y dejar un referente recordado durante décadas?
Por otro lado, yo estoy un poco hasta la p*lla de que parezca que o alguien se c*rre con un Sol3 ffff o si no es un frío y perverso Beckmesser sin emociones que no sabe lo que es un teatro ni la ópera ni la música ni la vida. Él mundo está lleno de calderones, pero también de medias voces arrebatadas. Y el arte no está en los extremos, sino en la significatividad de los matices. Eso, en mi opinión, DFD lo ha entendido perfectamente. MacNeil también. Otros muchos, no.