Carestini escribió:
Fleming

, Calleja

, Hampson
Escenografía

Me autocito para comenzar –con cierto retraso, pero es que he tenido mucho lío– la crónica de la
cineTraviata servida en la pantalla grande:
La verdad es que tampoco yo veía a la
Fleming como Violetta. Y en parte sigo sin verla (terrible vestida de Sissi
emperatroz en la fiesta del acto I), aunque también me ha convencido, pero no en su conjunto. Un tanto sobreactuada en los momentos "alegres" –dando a entender que "l'amico licor" había hecho su espirituoso efecto–, pero eficaz en los pasajes más dramáticos. Creo que el mayor acierto de su visión del personaje es la desesperación y rebeldía que imprime ante la condena de que es objeto por parte de Germont padre, como representante de una hipócrita moral social que sólo perdona cuando ya no va a hacer falta porque no hay remedio… Al lado de otras cantantes más pasivas, Fleming vive realmente las contradicciones del personaje, víctima visible de los bienpensantes. Desde el punto de vista vocal, hay sus más y sus menos. Se ahorró sobreagudos –y algunos agudos fueron abreviados, no "en seco", pero casi–, y recortó de forma notoria pasajes de agilidad, mientras que otros fueron resueltos de manera no muy pulcra.
Para mí, como para otros forer@s que ya han dado su opinión, la grata sorpresa fue
Calleja. Si este señor canta mal, yo quiero llegar a cantar algun día así de mal. Si es frío, como alguien ha objetado en otro post, no sé que hubiera hecho si se dedica a caldear más el ambiente con Violetta. El timbre es muy bonito, la línea de canto, cuidada, es expresivo… Y dramáticamente, un Alfredo apasionado, entregado al 100%, enamorado desde el principio, dispuesto a enfrentarse a lo que haga falta… De verdad, que hacía muchísimo tiempo que no veía un Alfredo tan convincente como cantante y como actor.
Lo de
Hampson ya es otra cuestión. Vocalmente, convencional a más no poder, y sobreactuado como un personaje del cine mudo, con caras de malísimo a lo Fu–Manchú. Para mí, desmereció de la pareja protagonista. Siendo bastante indulgente, diría que correcto sin más.
La
escenografía…

. Lamento disentir de aquellos que la encontraron bonita, pero no fue mi caso. La fiesta del primer acto resultó agobiante: demasiado poco sitio para todo aquel personal apelotonado copa en mano, muy incongruente para lo que se supone una lujosa fiesta en una espléndida –y espaciosa– mansión parisina. Si se quiso transmitir la idea de que aquella vida es la cárcel de oro en la que se mueve Violetta, lo único que se percibía era que todo el mundo estaba en escena como las sardinas en lata, pero sin más. La cosa mejoró sustancialmente en la casa de campo del acto II –¿están decorando el nidito/están amontonando los cuadros para venderlos…?– para volver a cierta ranciedad en la fiesta de Flora, aunque una ranciedad más espaciosa para dar cabida a gitanas y toreros. Por cierto, lo de bailar sobre la mesa de juego ya está más pasado que la Chelito. El acto III resulta más acertado en su relativa desnudez, con la casa de París despojada de la decoración lujosa, y solamente con las dos camas y algunos elementos más ¿Exceso de sangre?… quizás, pero tampoco es irreal, si se piensa de qué muere Violetta.
Y para mi gusto, algunos fallos gordísimos:
–Las carreritas de Doña Renée por el escenario; intentan demostrar "alegría", y caen en el ridículo. Sobre todo en el momento antes de morir, donde los
100 metros camisón están fuera de lugar y son físicamente imposibles en alguien que se ahoga con los pulmones encharcados de sangre.
–A veces, la orquesta pegó unos zambombazos de espanto, de verdadera brocha gorda, sobre todo coincidiendo con las entradas en escena de Germont padre ¿Era necesario subrayar la entrada del malo cayendo casi en lo más burdo y elemental? Por cierto ¿no hay vestuario para Germont padre que no incluya el consabido abrigo con cuello de "piel" cuasidegato? Ya debe ir en el kit…
–Y lo más surrealista: Alfredo no tira billetes a Violetta después de ganar en la mesa de juego, eso ya está demasiado visto. Le tira toda una caja de fichas DE PLASTICURCIO COLOR FRESA, que previamente ha sacado de una caja… DE METACRILATO. Todo muy propio del París del XIX, no cabe duda.
Con todo, hacía tiempo en conjunto que no veía una
Traviata que me enganchase y que me emocionase tanto. Gran parte del mérito es de Joseph Calleja, por supuesto. No olvido que
Traviata fue mi primera ópera en teatro, y conservo una afición especial por este título. La otra noche pude revivir parte de aquella magia de hace unos cuantos años.
