Pa-pa-ge-na escribió:
Vaya noche mágica que hemos vivido... Por un momento me he sentido como el público que llenaba los teatros en la época de los Callas, Pippo, Del Monaco... Al salir del teatro se me saltaban las lágrimas.
Leo Nucci apenas canta ya. Pero no le hace falta. Es tal su grandeza, su interpretación del personaje, su magia y su carisma que arrastra consigo a todo el teatro, cantantes, público y hasta acomodadores. Un Rigoletto de verdad, el auténtico Rigoletto con joroba, atormentado, que adora a su hija. Qué artista, qué monstruo, qué pedazo de Dios del escenario!!!
Brilla y su luz hace brillar más fuerte al resto: Ciofi ha estado fabulosa, mejor incluso que el otro día, han bisado el Vendetta ante la locura del respetable (yo nunca había visto un bis en una ópera en el Real).
Y Celso Albelo maravilloso, otra vez me ha entusiamado, ¡qué voz tan bonita!¡qué elegancia y qué delicadeza!¡y qué agudos más limpios y más fáciles!Bravo y bravo.
El final ha sido estremecedor. Y el público ha aplaudido en pie durante una eternidad!!! La Ciofi estaba emocionada, y el gran Nucci, sonriente, sabiendo que ha hecho feliz a su público y que sigue siendo el último gran Rigoletto.
Una noche que no olvidaré en mi vida.
Servidor ha gritado ese bis, emocionado por un Nucci que efectivamente
ya no canta, a veces rompe ese legato, no frasea con la riqueza que lo haría hace quince años, pero pone sobre escena su emoción, su sentimiento, y te contagia hasta que caes rendido de su embrujo y le gritas. El "Pari siamo" ha estado bien, pero el "Cortigiano" ha sido antológico. Y bueno, decimos que no canta, pero todavía tiene voz y la coloca en el teatro para que se le oiga. Es la inteligencia de un tipo que lleva casi medio millar de funciones con una joroba a cuestas.
Albelo no me gustó en el primer acto. Pero el Re4 del "Possente amor mi chiama" me levantó de la butaca para aplaudir a alguien que hace algo que, sin ir más lejos, el mejor Domingo NUNCA fue capaz de hacer. Creo que ahí hay buen tenor para dentro de unos años. Y la Ciofi... empezó fría en el "Figlia, mio padre", pero poco a poco se fue haciendo dueña del papel. A veces no tiene un agudo del todo firme y limpio, pero tiene una mezzavoce, unos piani, realmente bellos. No dio el sobreagudo del "Si, vendetta", que podría haber redondeado la noche, pero estuvo brava.
Lo que menos me gustó, el coro. Lo noté... de serie b, muy normalito. Abbado, llevando muy bien los tempi, apianando la orquesta para que sus solistas se lucieran. Y la puesta en escena... a mí me gustó mucho. Simple como una boina, pero efectista, como esa Gilda dejando el surco de sangre cuando su padre arrastra el saco que le entrega Sparafucile. O ese humo en su asesinato, o la escalera al cielo sobre la que posa su ingeniudad angelical.
No sé el resto de repartos, pero esta noche a mi juicio se ha visto en el Real una función histórica y como pocas de emotiva. Seguramente, la última vez de Nucci en una representación (no sobre las tablas, porque tiene recitalito con la Ciofi pronto). Y bueno, a la salida se oían a los puristas mojitatos criticar a los que hemos pedido ese bis, pero los valientes que los pedimos nos sentimos llenos, recompensados por amar este arte operístico, por sentir que, algunas noches, merece la pena pagar lo que sea y emocionarse así.
La opera son noches como ésta. Y los que hemos estado en el Real este lunes día 22, lo sabemos.