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El problema esencial es que nosotros, los aficionados, deberíamos ser los primeros en contribuir a esta pequeña "dignificación" de los espectáculos en un teatro como el Real, que no es el de Lina Morgan ni el del musical de Nacho Cano. Llámenlo clasismo, llámenlo como quieran, pero ya me gustaría saber qué opinan si en vez de con unas sandalias, a su lado se sentara un guiri en pantalón corto o con una camiseta sin mangas con un eslogan de "Born to be a drunk".
Exigir un mínimo es un pequeño paso, casi ridículo, por hacer de según qué espacios algo más que un mero espectáculo. Pedir llevar zapatos no me parece nada del otro jueves. Como tampoco me lo parecería si exigieran camisa o corbata, y sin embargo sí estaría con ustedes en que podría ser excesivo. Sin embargo, ciertos restaurantes de postín así lo requieren, y la gente va sin reparo, y ademása gastarse dinero! Digamos que en el Real no se degusta literalmente comida, pero sí arte. Ya tienen un paralelismo válido.
Pues sinceramente, prefiero que la gente vaya en sandalias o chándal y que vayan porque realmente les gusta la ópera, que verles a todos divinísimos y que parezca un pase de modelos o una reunión social en casa de la condesa.
Lo que es vergonzoso es que cuando el año pasado representaron Siegfried aquí en Valencia, a cada acto había menos gente. Eso sí es una falta de respeto al teatro.
Y respecto al restaurante caro, no es siquiera comparable con lo del Real, porque la última vez que estuve en un restaurante, me cobraban una vez comido, no días antes de entrar.
Mira, no me parece escandaloso que se ponga un código de vestimenta en los teatros de ópera. Me parece mal, epro no escandaloso. Escandoloso es lo de exigir una vestimenta que en ningún follteo diga que se exige.