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Una critica de la Traviata de Salzburgo y espero con mucha ilusion la puesta a la venta del Cd.
Saludos,
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Fuente : La Vanguardia
Texto : Roger Alier
Fecha : 25 de agosto de 2005
Lugar : Festival de Salzburgo
'La Traviata' más seductora El nuevo montaje, con un brillante Rolando Villazón, encandila al público
Una nueva y muy exitosa producción de La Traviata ha sido la auténtica campanada del Festival de Salzburgo de este año. La atención - y también la ansiedad- que ha generado entre el público ha propiciado, según se dice en los mentideros teatrales de esta ciudad, la reventa de entradas al astronómico precio de 3.000 euros. En la sesión del martes, el lleno fue absoluto y los aplausos prolongados. Y se comprende: la escenificación de esta versión de la célebre ópera de Verdi es realmente acertada, tanto por su sencillez como por su fácil comprensión, y queda realzada por un equipo vocal de primerísima categoría.
La escena, inamovible, consiste en un semicírculo blanco que sirve para todo: casa de Violetta, casa de campo, casa de Flora y escena final. Sobre el espacio, una inmensa galería decorada con vistosísimas flores pintadas, que adquirían un tono exuberante cuando Violetta se sentía feliz (escena del campo) y un tono grisáceo cuando venían los malos tragos de la historia. Un personaje medio fantasmal, el Dr. Grenvil (Luigi Roni) ejercía de destino:Violetta se dirigía a él en las etapas cruciales de su vida, y el personaje se limitaba a darle una camelia blanca.
La dirección escénica omite todo lo que no era esencial del relato: no había bebidas en las fiestas, y sólo un inmenso reloj presidía la escena, para luego convertirse en una ruleta que daba el triunfo en el juego en casa de Flora, y sobre el cual yacía Violetta cuando, con especial violencia, Alfredo le pagaba con el dinero que había ganado. Este aspecto, el de la violencia en las relaciones entre personajes (en el diálogo padre-hijo también), sin llegar a exagerado, resultaba un poco fuera de lugar. En la última escena no había cama: Violetta deambulaba enferma, cayéndose al suelo; la excesiva simplificación del relato es uno de los puntos flacos de la dirección escénica.
El éxito final del montaje lo aseguró el equipo vocal. Anna Netrebko, tan potenciada por Salzburgo desde hace un par de festivales (incluso circula ya una biografía suya ¡y está empezando!), cantó con intensidad y suficiencia, fue una buena, pero no inolvidable Violetta, y algún momento tuvo de afinación dudosa. El verdadero fenómeno de la representación fue el incansable Rolando Villazón, magnífico Alfredo en todo momento: sensible, intenso, apasionado, violento. En todos los registros estuvo Villazón vocalmente impecable y exhibiendo dotes de gran actor. Junto a él, conviene destacar el fabuloso Germont-padre de Thomas Hampson, con un Di Provenza de antología; juvenil todavía como padre, con autoridad y gran clase vocal. En la producción, Flora iba vestida de hombre; cantó con eficacia, como lo hizo también Luigi Roni cuando le tocó cantar las frases del Dr. Grenvil. Muy bien la Annina de Diane Pilcher y magnífico el coro, con unas entradas espléndidas en escena y una versatilidad sensacional. La Orquesta Filarmónica de Viena la dirigió con eficacia el italiano Carlo Rizzi. Al final de la función, el público se puso masivamente en pie para tributar aplausos a todos los intérpretes.
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