Recientemente leí un artículo de una conocida revista musical en el que se empeñaban en equiparar a dos cantantes tan dispares como Caruso y Bjorling; creo que uno de los argumentos esgrimidos era el color "baritonal" que presentaban ambas voces…
Bjorling poseía uno de los instrumentos más interesantes que se hayan escuchado nunca, superando en eso a Caruso. La belleza del timbre, de la que se ha hablado mucho, era de diferente naturaleza a la de otros cantantes: Gigli podía ser maestro del color vocal, poseedor de una "paleta" amplísima, mientras que Bjorling, en cambio, tenía un único color, un
azul klein con el que lograba superar en equilibrio y belleza a otras
composiciones quizá más vistosas. No es que el centro careciese de calidez o de volumen, pero estamos hablando de otra familia de voces (para mí, más cercano a nuestro Aragall).
Tenía la vocalidad ideal para algunos de mis personajes favoritos. He oído decir alguna vez, equivocadamente, que fue un gran Manrico a pesar de no poseer una voz heroica: justo al contrario, la vocalidad era idónea, y aun así no fue tan grande como cabría esperar. Para Celletti estaba falto de “tenorilidad”, y es cierto que no ha pasado a la historia como un fraseador imaginativo; pero no se le puede negar el buen gusto musical, la mesura. Quizá debería haberse apartado del repertorio verista más charcuteril, por más que vocalmente no le supusiera problema. Y quizá debería haberse escuchado un poco más lo que hacían otros cantantes verdianos, pese a sus voces supuestamente horrísonas.
Por tocar un poco la moral, diré que a partir del 45 el centro experimenta un oscurecimiento artificial y no precisamente hermoso (no en todas las grabaciones, advierto). El agudo sigue siendo potente y brillante, pero cada vez más engoladillo, más rarito de colocación y de sonido. Y, como figura de la lírica, creo que está algo mitificado (su carrera estaba virtualmente acabada cuando murió, por más que se diga lo contrario).