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corto-pego un artículo de Roger Alier sobre el tema que he encontrado en la web dels Amics del Liceu
En el momento de observar los tipos de voz utilizados por Giacomo Puccini en su última ópera Turandot, debemos tener presente que en esta ocasión Puccini había ya abandonado casi por completo los esquemas veristas que habían configurado la mayor parte de su carrera, y se acercaba a los entonces vigentes de lo que se suele denominar postverismo. Corresponde a la etapa que llevó a la ópera hacia unos planteamientos de contenido más dramático que formal. Es decir, los compositores seguían usando las fórmulas del verismo (falta de obertura, disimulo de las arias en el conjunto de la composición, un poco –pero sólo un poco– al estilo wagneriano, y tendencia a la finalización de los episodios en agudo). Pero dramáticamente privan las influencias que podemos derivar del fuerte peso de D’Annunzio en el mundo cultural italiano (y muy claramente en los libretos operísticos). Esto lleva a los personajes a dejar a un lado la ternura y el enamoramiento propios de los veristas (pensamos en Rodolfo y Mimì, en Pinkerton y Butterfly, e incluso en Magda y Ruggero, de La rondine). Ahora el amor es un reto, que se alcanza únicamente enfrentándose directamente con la muerte, sin intentar rehuir sus consecuencias. Así Calaf ya no es el tenor lírico amoroso, sino un obsesivo por la victoria que tiene que abrir el corazón de la princesa Turandot. El camino es poco menos que imposible, pero él se lanza a la prueba de las adivinanzas contradiciendo las afirmaciones de Turandot, diciendo que si los enigmas son tres, la vida es una. Después, en el tercer acto, expresa su fe en la victoria en un aria afirmativa e impetuosa: “Nessun dorma”, en la cual se muestra seguro del triunfo. Turandot, por su parte, es una soprano de tesitura y fuerza terribles, que exige una soprano dramática con unos agudos que la obligan a llegar al do5. Ella pertenece al mundo del denominado postverismo, y no busca ninguna justificación a su amorosa frialdad (la excusa de la antepasada Lou-Ling no se la cree ni ella misma). La figura del bajo Timur es otra confirmación más del poco interés que mostraba Puccini, en general, por las voces de este tipo. Exceptuando el aria “Vecchia zimarra” escrita para Colline en La Bohème, incluso un poco de rebote, Puccini esquiva la posibilidad de una escena importante para Timur haciendo que no sea “sospechoso” de saber quién es Calaf y haciéndole desparecer de escena con la muerte de Liù. He dejado para el final expresamente la vocalidad de esta figura; es curioso que en esta ópera Liù sea todavía un personaje verista, como se puede apreciar en las tres (sí, tres, aunque la segunda pase desapercibida) arias que Puccini le dio. Puccini siempre sintió ante la figura de la mujer amorosa y sencilla, entregada en cuerpo y alma al hombre amado, una fascinación que supo traducir en algunas de sus mejores páginas musicales. Liù, por lo tanto, no es una luchadora agresiva, segura de un triunfo o de una muerte “d’annunziana”, sino una esclava humilde que pide a Calaf que no se arriesgue (“Signore, ascolta”) y que acabe confesando su amor (“Tanto amore segreto e inconfessato”, que es la segunda aria), para acabar predicando el amor a la terrible Turandot (“Tu che di gel sei cinta”, la tercera aria). En las tres tenemos a una Liù limpiamente verista, rodeada de personajes que “no són d’eixe món”, incluyendo también las tres figuras simbólicas del antiguo teatro italiano de la commedia dell’arte, Ping (barítono, el más brillante), Pang y Pong (tenores; el último con un papel más difícil que el segundo). El resto de personajes, a parte de los pasajes corales, bastante decorativos, son sólo “pinceladas de color”, como el Mandarín, el Emperador (tenor cómico en papel de anciano) y el pobre Príncipe de Persia, condenado sólo a su agudo en el momento de la ejecución.
_________________ AUPA WOLFIE!!!...esto ya lo había dicho, no? Fantinetta, hoy mismo
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