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Recien aterrizado me pongo a escribir sobre el estreno mundial de la última obra lírica de pablo Sorozabal, Juan José. Quizás en futuros mensajes entremos en más detalle sobre la obra, pues me quiero centrar ahora en la representación.
De todas formas, siendo perfectamente encontrable la huella de Sorozabal durante la obra, si quiero decir que preveeo corto recorrido a esta ópera porque ha envejecido muy mal. lo malo es hablar de envejecimiento el día de estreno pero es que la ópera carga ya con 41 años de antiguedad y él público del 2009 no puede -ni debe- aceptar en la misma forma la truculenta historia de Juan José y, mucho menos, un libretto que esta lleno de caspa, de progresía tardofranquista y que constituye otro ejemplo operístico de misoginia y cuasiapología de la violencia de género.
Juan José no es una ópera fácil de cantar, especialmente el rol titular, muy exigente para el barítono. Se requiere un barítono de fuerza, solidez vocal y gran ímpetu dramático, lo cual Manuel Lanza está muy lejos de poder ofrecer. hacía tiempo que no le escuchaba pero su terioro vocal es evidente. Inaudible en la zona alta (tan presente en la partitura) tuvo problemas muy serios para ofrecer una ajustada línea de canto y su canto pasó a ser puro desafuero en demasiadas ocasiones. Muy lejos de aquellos Condes de Almaviva de apenas diez años.
Su víctima y amante (Rosa) ha sido otra casi desaparecida en combate, Ana María Sánchez, que sin llegar a los problemas del anterior, ni mucho menos, ya no es el instrumento competitivo de hace una década: vibrato, sospechosos ataques al agudo, algún grito,... Eso si, alterno frases de gran elegancia donde se veía una vez más a la Sánchez que deslumbró en su momento.
El competidor de Juan José y por si fuera poco, su jefe en el trabajo, es Paco, el tenor José Luis Sola, que fue el triunfador de la noche. Su voz es fresca, lozana, limpia, brillante, con facilidad exultante en la zona aguda aunque para mi gusto, demasiado liviana para el papel. De todas formas, no tengo dudas de que produjo una gran impresión en todos.
Celestino Varela interpreta al major amigo del protagonista y mostró evidencias vocales más que evidentes al poco que la escala ascendiera. Voz de escaso peso, sin apenas gravedad, apenas resaltó en el conjunto. Lo contrario de Maite Arruabarrena en el papel de la alcahueta Isidra, a pesar de ser papel para contralto, no para mezzo. Aunque Maite ya no aparece como antes enseñó volumen necesario que supliera sus carencias en la zona grave. Y Olatz Saitúa, su voz ligera, facil en el agudo pero de escaso volumen, que quedo sepultada en más de una ocasión por las exigencias orquestales de Sorozabal.
Simón Orfila completó un pequeño papel como preso y su aparición -a pesar de que su voz no tiene color de bajo- fue un chorro de luz; lástima de tan fugaz aparición. Por último Alberto Nuñez cumplió en su pequeño papel introductorio y Emilio Sánchez cumplio más que sobradamente en su doble aparición, como tabernero y preso.
José Luis Estellés dirigió a la Orquesta de la Escuela de Musica Musikene, compuesta por gente muy joven y a la que dificilmente pude apreciar por mi inhabitual situación, a los pies del director.
El público ha respondido con gran efusividad, aunque fuera incapaz de completar el aforo. Hay mucho más que decir de este Juan Jose, pero lo dejamos para mañana.
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