En esa minuciosa búsqueda encontró su personalidad, sin duda, y destrozó su carrera y varios personajes con ella. Fue Scotto al 100%, claro que sí; y gustó cada vez menos.
Esa es la clave, señores. Con ese instrumento se puede ahondar mucho en determinado tipo de repertorio y llegar a ser una leyenda. Salvando las distancias, lo de Scotto es como si a don Alfredo Kraus le hubiera dado por ponerse a cantar en todas partes Radamés, Manricos, Calafs... y hubiera terminado por Otello. ¿Se imaginan el resultado?.
Una vez más, en ópera (al menos, en las óperas que componian el repertorio de Scotto) no se puede ser actriz-cantante, aunque todos usemos alguna vez el término. O no se debe. Convertirse en una cantante-actriz es una aspiración legítima, este mes podemos escuchar buena parte del legado de una de las más grandes en otro subforo. Lo que hacía Scotto cada vez más, según avanzaba su carrera, era potenciar esos factores expresivos hasta un punto en que eran totalmente inútiles, pues olvidaba lo principal, que es cantar con la voz y los recursos que requiere el papel de turno.
Si ustedes mismos lo dicen: "sin duda, no tenía los medios cosa que se puso de manifiesto rápidamente, empezando por la malogración lacerante del registro agudo", "vocalmente destemplada y tirantísima en el agudo", "algunas frases con las que, francamente, no puede", "es la 'delgadez' tímbrica lo que traiciona a la Scotto"...
... Para después salvar todo esto, acudiendo a su temperamento artístico, su interpretación magistral, su originalidad (que tampoco es para tanto, a mi entender)... Factores todos que están muy bien, si además se canta el papel, pero que en otras circunstancias quedan como una simple y llana excusa. De ahí a justificar el canto de Cura y las "caladas expresivas" no hay mucha distancia,... apenas 3 ó 4 longitudes de Planck.
