En compañía del bueno de Sharpless asistí el sábado pasado al Werther programado en la ópera de Munich. Sobre el edificio y sus bondades, que os hablé Sharpless, que lo ha catado más veces. Os voy a dar mis impresiones sobre esa función.
Aquí tenéis el
reparto:
Musikalische Leitung Bertrand de Billy
Inszenierung, Bühne, Lichtkonzept und Kostüme Jürgen Rose
Mitarbeit Inszenierung Franziska Severin
Licht Michael Bauer
Kinderchor Stellario Fagone
Dramaturgie Ingrid Zellner
Werther Massimo Giordano
Albert Natale De Carolis
Amtmann Christoph Stephinger
Schmidt Kevin Conners
Johann Rüdiger Trebes
Brühlmann Todd Boyce
Charlotte Elina Garanca
Sophie Elena Tsallagova
Käthchen Angela Brower
Bayerisches Staatsorchester
Chor der Bayerischen Staatsoper
Vocalmente fue una noche muy disfrutable. Iremos de menos a más. Paso de comentar los secundarios, pues son muy secundarios en Werther y no añaden ni quitan demasiado.
Werther estaba encarnado por el tenor italiano Massimo
Giordano. Una voz difícil, pero solvente. Difícil porque tiene notables problemas con el pasaje, siendo muy acusada la distancia entre su registro grave y medio y el registro agudo, que parece activarse como por un “clic”, sonando otra voz completamente distinta en los agudos. Agudos sin embargo muy solventes, potentes, bien proyectados, aunque algo estáticos también, no siempre del todo liberados. Hubo intención para medias voces, apianar, etc., pero la voz da para lo que da y no siempre acompañaba. En cualquier caso, dibujo un Werther muy melancólico y a veces un tanto verista…o sea, equívoco por concepto en muchos momentos. No siempre funciona la opción por un Werther arrojadizo, fuerte, casi violento. Y el sábado no funcionó del todo. Resumiendo: correcto, pero menos solvente de lo que me pareció en el momento, ahora que lo pienso.
Garanca, Garanca, Garanca. Diosa. Enorme. Descomunal. Preciosa. Sólo puedo decir halagos y buenas palabras de su Charlotte. Referencial como poco. Es una voz enorme, canta sin dificultad, cómoda, dominando la técnica y sujetando la voz a placer. La voz sube con una potencia, un volumen y una proyección envidiables. Tiene un color hermosísimo y lleno de posibilidades. Ella lo sabe y logra inflexiones soberbias. Fraseando es inteligente como pocas a día de hoy. Súmese a ello una dicción francesa de primera. Y añádase, por último, una presencia escénica como dios manda: potente, dibujando una evolución desde su primera aparición hasta la última, conmovedora. Pocos cantantes me han emocionado en directo hasta ponerme las lágrimas al borde de los párpados, y Garanca lo hizo. Su Charlotte es una criatura vulnerable que sufre desde la primera escena a la última. Frente a ciertas encarnaciones que han intentado fortalecer el perfil de rol, creo que sigue funcionando un abordaje más bien clásico como el de Garanca, si vocalmente se borda, como ella hizo. Ya digo…no puedo decir nada más que brava, brava y brava.
La
escenografía de Jürgen
Rose tiene sus puntos fuertes y sus problemas. Puntos fuertes: subrayar el tiempo como eje del argumento de Werther, de dos formas muy solventes. Desde el primer acorde, nada más levantarse el telón, los espectadores se encuentran con un nuevo telón, semitransparente, donde yace manuscrita la famosa carta de Werther. Una espiral muy sutil está en el centro de la carta. Espiral que coincide, conforme se ilumina ese telón semitransparente, con el círculo que hay en el centro del escenario, giratorio, en torno a una roca central que será el lugar de Werther. Y es que ese es el segundo acierto. Junto al señalado, de la circularidad del tiempo, contra la que más tarde corre Charlotte, cuando va en busca de Werther, el segundo acierto consiste en hacer de Werther, de la mente de Werther, de sus padecimientos, el centro de toda la función. ¿Y cómo? Con un recurso interesantísimo. Cuando Werther interviene como solista, esto es, cuando reflexiona en alto para sí, entonces el resto de personajes se quedan parados, congelados, junto a toda la escenografía, como si el mundo interior de Werther no tuviera conexión alguna con ella.
Uno de los mejores momentos generados por la escenografía vino, como decía antes, de la mano del elemento circular que ocupa el centro de la escena. Cuando Charlotte parte corriendo a buscar a Werther, ese elemento gira en su contra, impidiéndole llegar a tiempo. Muy impactante, además con una oscuridad casi total en la sala, como si Charlotte corriera contra el tiempo en mitad de la noche.
En contra de la escenografía señalaría cierto excesivo estatismo en algunos momentos y una excesiva presencia de los secundarios –los niños, los criados, etc.-. Pero diría que todo ello es pecata minuta, para una producción, en términos generales, muy interesante y acertada.
Tengo la impresión de no haber explicado muy bien la escenografía, pero es que no es nada fácil sin verla, aunque sea sencilla.
Aquí podéis ver algunas fotos de la producción, aunque no el elemento del telón-carta.. Y preguntad si algo no queda claro…o que Sharpless añada algo.
El vestuario algo sosito, salvo por la fuerte impresión del vestido rojo de Charlotte en el último acto, iluminada la escenografía en tonos grises muy oscuros y negros, casi en penumbra. Precioso contraste…y preciosa la silueta que le hacía a Garanca, para que engañarnos (Cuando sea mayor quiero una Garanca para mí solito).
Y la
orquesta, dirigida por B. de Billy, sobresaliente. El día que el Real y el Liceo toquen así, me abono. Un lujazo, sin más. Música con mayúsculas.
Resumiendo, pues, una noche de ópera de primera, sobre todo por Garanca y por la orquesta, junto a algunos guiños de la producción.
Y luego unas
cervezas estupendas –y caras, porque Munich es caro de narices- con Sharpless.
