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| Florezido |
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Registrado: 26 Mar 2004 16:50 Mensajes: 5436 Ubicación: Numero quindici, a mano manca.
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Si no lo veo, no lo creo. Cosme Marina "atacando duramente" en su crítica de LNE.
el principal escollo de esta «Bohème» estriba en que ni Carlos Cosías ni Martina Zadro, por diferentes razones, son los intérpretes idóneos para Rodolfo y Mimì, siendo ambos dos cantantes de buenas calidades tanto vocales como escénicas. Mimì es uno de los roles fetiche para cualquier soprano lírica de peso vocal. A Martina Zadro, de voz hermosa, siempre afinada e impecable dicción, le costó entrar en los requerimientos del rol. De hecho, hasta el último tramo de la representación, sus aportaciones fueron menores, sobre todo en su aria y en el dúo del primer acto. Tuvo, además, un problema añadido: su frialdad en escena, que se plasma en su falta de garra dramática en una interpretación que debiera tener mayor vuelo lírico. De todas formas, su atonía inicial quedó redimida en los dos últimos actos, en los que sí hubo cotas brillantes, especialmente afortunadas. Seguro que en otro repertorio puede funcionar con la rotundidad que aquí le faltó. Para Carlos Cosías, el papel de Rodolfo es un limes, hoy por hoy. Asentado en otro ámbito, el tenor catalán está girando hacia otras metas que aún debe consolidar a medio plazo. Su Rodolfo tuvo en el registro agudo su mejor carta de presentación, y los puntos débiles, en una zona grave de menor entidad. Es Cosías un tenor que se entrega en escena, que exhibe, además, un fraseo hermoso, no demasiado habitual en nuestros días, y que cantó el aria del primer acto -«Che gelida manina!»- con la astucia adecuada para enmascarar las carencias, creciéndose luego, entrando en el papel y sacando partido a las mejores cualidades de su voz, con una línea de canto excelente, rica en armónicos.
Quizá la intérprete que acusó mayor irregularidad a lo largo de la noche fue Ruth Rosique, como Musetta. Incorporó muy bien dramáticamente el personaje, pero no fue capaz de sacar adelante con autoridad el archiconocido «Quando m'en vo soletta per la via», dejándose deslizar por la pendiente del grito, más que del canto. No se entiende muy bien este enfoque vocal tan exagerado, cuando el resto del personaje lo interpretó con mayor corrección. Dos valores seguros encarnaron a Marcello y Colline.
Y Seco en La Voz.
el más aplaudido fue el tenor catalán Carlos Cosías, que mereció esos aplausos, si bien su Rodolfo, aunque bien cantado, no enamoró. Lo primero es que a Cosías le falta carácter en escena, que es lo que le sobra a Lanza y lo que permite que, con los tres principales sobre el escenario, las miradas se vayan hacia el barítono. Pero el carácter también se refleja en la interpretación, que el tenor ofreció algo plana. Cosías tiene una bonita voz a la que no le sobra volumen ni seguridad técnica en el agudo, pero que encierra una elegante y refinada línea de canto difícil de ofrecer hoy en día si no eres un cantante de talento. Es cierto que el papel le vino algo grande, aunque su acercamiento actual debe hacerle sentir orgulloso. Quizás dentro de unos años sus cualidades se adecuen mejor al rol de Rodolfo
Algo menos a gusto se sobrellevó el trabajo de Martina Zadro como Mimí. Desde luego, lo que sería injusto es compararla con Inva Mula, que hubiera sido la estrella de la producción sin discusión, y el mayor aliciente de la temporada. Martina Zadro fue, en esta ocasión, una Mimí lírica correcta. Sus cualidades vocales no lograron reflejar la calidez, ingenuidad y entrañable personalidad de Mimí. Más bien parecen más propicias para Butterfly , por la contundencia expresiva del registro agudo de la soprano, algo desgarrado y dramático. Otra cosa es el grave, que contrasta por su falta de expresividad, y el medio, que si en Mimí debería servir de enlace de manera exquisita, en la soprano sólo sirve para salir del paso. Pero no conviene ser puntilloso con una cantante que lo dio todo sobre el escenario, y que ofreció una perspectiva dramática intensa y veraz que, como mínimo, conmovió el ánimo del más exigente. Ruth Rosique recibió más aplausos por su soberbia caracterización escénica de Musetta que por la lírica, necesitada de un mayor refinamiento. Hubo algún golpe de diafragma que añadió rudeza a su línea de canto, pero sobre la escena estuvo graciosísima con su caracterización winehouseada de Musetta.
Quien, aunque opine así, no es El Conde en la Luna.
En Oviedo íbamos a tener una Mimí de referencia mundial: Inva Mula, ... Con ella el Campoamor se hubiera venido abajo a buen seguro, y el buen trabajo realizado por Carlos Cosías se hubiera quedado relegado a un discreto segundo plano. Sin la presencia de Inva Mula ya fue otra cosa, que repetimos que no estuvo nada mal, pero que ya no fue lo mismo.
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