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Me interesa mucho la ópera del siglo XX, tanto la que nos es contemporanea como la que no porque, a fín de cuentas, nos ha tocado nacer y conocer gran parte del mismo y siento que estamos obligados a conocer qué se produce artísticamente en nuestro momento.
Antes de nada, y sin querer faltar a nadie al respeto, diré que tengo la impresión de que se ha abordado el tema de la ópera contemporanea con cierta frivolidad, lanzando teorías generales a partir de ejemplos muy concretos.
¿Qué es ópera contemporanea? En sentido estricto cabría hablar de ópera contemporanea como aquella coincidente con nuestro momento histórico, es decir, aquella que se ha hecho en las últimas tres o cuatro décadas.
Y mi impresión es que estas décadas han sido muy fructíferas en cuanto a producción de ópera se refiere; es más, en los últimos años se percibe un incremente reseñable de estrenos operísticos en teatros de primera fila mundial, a través de encargos que permiten la escritura y posterior puesta en escena de títulos operísticos que, no olvidemos, son muy caros y de dificil rentabilización económica.
Revisemos, por consiguiente, las últimas cuatro décadas: ¿qué nos encontramos?
* 1960: El sueño de una noche de verano, de Britten, obra de la que existen varias grabaciones y que será puesta ene scena la próxima temporada en el Liceu, de barcelona.
* 1960: Die Soldaten, de Zimmermann, obra de la que existe una grabaciíon discográfica y videográfica de gran calidad. esta obra es un clásico de la ópera del siglo XX.
* 1964: Curlew river, de Britten, ópera que se pudo ver no hace mucho en el Festival de otoño de Madrid, en programa doble con el Dido y Eneas, de Purcell.
* 1966: Las basáridas, de Henze, título que se pudo ver en el Teatro Real hace tres o cuatro años. Hay dos grabaciones, la última muy reciente, de la casa Orfeo.
* 1975: Las últimas tentaciones, de Kokkonen, obra que este compositor fines realizó ex-profeso para mí. Hay una grabación del estreno y la obra es muy bella; además, la sonoridad del finés es muy particular.
* 1976: Einstein on the beach, de Glass, obra minimalista, que se puso en escena en el Liceu preincendio y que responde al gusto prticular de esta corriente musical.
* 1977: El gran macabro, de Ligeti, de la que hay dos grabaciones y pasa por ser el título por excelencia de la ópera moderna. Hay varias producciones rodando y se ha podido ver o se podrá ver en muchos teatros en los próximos meses/años. Es una obra peculiar y extraordinaria.
* 1977: El deshielo, de Tippett, obra breve de la que hay una grabación de Virgin y que plantea el tema del racismo y del exilio con gran crudeza.
* 1982: Hangmann, Hangmann!, de Leonardo Balada.
* 1983: San Francisco de Asís, de Messiaen, obra de grandes dimensiones, que tiene varias grabaciones, con especial recomendación por la protagonizada por Van Damm (Deutsche Grammophon) y Nagano y que es de una calidad extraordinaria. Título habitual en Salzburgo y se podrá ver en París la próxima temporada. Estrenada en Madrid.
* 1991: El castillo, de Aribert Reinmann,
* 1997: The town of greed, de Leonardo Balada
* 1998: Un tranvía llamado deseo, de Previn, título muy mencionado cuando se habla de ópera contemporanea, de escucha fácil e historia muy conocida, con una grabación, la del estreno espectacular.
Estos son algunos ejemplos. Me he remitido, voluntariamente, a las grabaciones que dispongo en mi casa (cuando al lado del título no hay ningún comentario es porque la compra es tan reciente que no tengo nada que decir) pero podría haber mencionado tambien La casa de Bernarda Alba, de Reinmann, del Festival de Perelada de hace tres años, los estrenos del Real (Don Quijote, Dibvinas palabras, La señorita Cristina) o el Liceu (DQ, Gaudí) o el semiestreno de Bilbao (Zigor, de Escudero, que fue un exito reseñable.
¿Y qué quiero decir con todo esto? Que hay ópera, que hay mucha y que hay qyue oirla. Que la audición frustrante de una ópera -pongamos por caso- de Berio no nos puede llevar a generalizar sobre la ópera más moderna.
Cuando compre El gran macabro, de Ligeti lo hice por tres razones: porque me comenzaba a interesar esta música, por curiosidad malsana y porque estaba superbarata.
La primera audición fue demoledora; fui incapaz de pasar de los veinte minutos y me pareció dinero perdido. Hoy, si la escucho en el coche, me lo paso bomba imaginándome la puesta en escena y escuchando las sanas risas de los espectadores. ¡Lo que daría ahora por escuchar en directo esta obra!
La primera audición de San Francisco de Asís fue terrible. me parecía escuchar un Parsifal distorsionado e interminable. Hoy, su escucha sigue siendo compleja pero disfruto, hasta el punto de que voy a hacer todo lo posible por ver y escuchar esta ópera el próximo invierno en el Teatro La Bastilla, de París.
Las primeras escuchas. Yo, por mi gusto personal y mi educación -o falta de la misma- musical, no puedo escuchar de un tirón una ópera de haendel en su primera escucha. Se me hace muy complejo su estatismo, sus contínuas repeticiones. La primera escucha de Julio Cesar o Alcina fue muy dificil pero hoy disfruto con ellas.
El sábado veré Semiramide. Más de cuatro horas de música que seguro se convertirán en interminables para muchos, a pesar de la línea melódica excelente de Rossini.
Pero yo lo tengo claro: ante la ópera, además de limar prejuicios, hay que hacer un esfuerzo (habrá quien diga un esfuerzo intelectual, pero me quedo solo en esfuerzo) porque detrás de una obra, de una melodía, hay demasiadas cosas: una historia, unas influencias históricas, un posicionamiento ideológico del autor, un querer decir, incluso unas consecuencias, etc.
Actualmente hay ópera buena y ópera mala; habrá ópera que trascienda a la historia y otra que quedará en el mayor de los olvidos; habrá ópera que hoy nos parece eterna que no aparecerá en los manuales musicales de dentro de cien años mientras que (ya por formación, ya por tradición) obras que hoy nos parecen prescindibles serán de repertorio dentro de los mismos cien años.
No olvidemos que en los años cincuenta Donizetti era un perfecto segundón, así como Rossini. A saber que nos dictará el futuro.
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