Estoy de acuerdo en hacer hincapié en el salto existente entre
Aida y
Otello.
Durante aquellos años no sólo había cambiado la música en Italia, estaba cambiando en toda Europa. Los compositores "italianos" más importantes que compusieron óperas entre "Aida" y "Otello" fueron Catalani, Ponchielli, Gomes y Boito. En sus obras se percibe la confusión, las dudas estéticas tanto en la estructuras de los libretos, como en la armonía, que asaltaban a esa generación de compositores. No sólo existía Wagner, también había gran admiración hacia Massenet, hacia el exotismo de Bizet y Goldmark, hacia la Grand Opéra. De una forma u otra todas las tendencias pretendían renovar la ópera italiana, considerada agotada. Verdi respondió con su propia renovación, como no podía ser de otra forma. En el fondo de esta renovación, el afán de verosimilitud dramática, incompatible con el canto puro.
Sr. Spinoza,

, me deja desmayado que escoja precisamente "Dio, di Giuda" y "Pietà, rispetto" como páginas de cuño parecido a "Dio, mi potevi". ¡Haber podido tomar "Pari siamo" e ir a dos páginas DONDE LA MELODÍA LO ES ABSOLUTAMENTE TODO! ¿Dónde está la melodía, por Dios, en "Dio, mi potevi", dónde está desarrollada? Pero sin son dos arias cerradas, estróficas, frente a un recitado libre con música. El aria de Nabucco es belcanto puro. Es que no hay mejor ejemplo de lo "anómalo" que es Otello. Radamés sigue expresándose en ese mundo del cantabile. En "Otello" el último reducto, alegóricamente, de ese mundo es Desdemona.
en cuanto a Falstaff y esa escena que digo, si
Otello es palabra con música, Falstaff es ación con música. A ver qué estructura existe en esa escena de la cesta de ropa. NO es que sea wagneriana, es que en la ópera italiana tradicional no cabía una cosa así.