Al leer este hilo inevitablemente he recordado uno suelto por ahí (y que me declaro incapaz de volver a encontrar) sobre "Una ópera para tu enemigo..." (parafraseando título, que las neuronas no están para bollos...)
Recordaba a Domingo perdiendo las páginas, que no los papeles, junto a Simón Díaz. Este último pasa por ser un folclorista de prestigio en Venezuela, de los ortodoxos que se empecinan en mantener tradiciones vagamente definidas y que ya "colean" poco y mueren más, con el único fin de que las mismas no desaparezcan, sacrificando su ortodoxia en un espectáculo mediático donde el fin justifica los medios... de esa estancia en aquel país me queda el recuerdo del litigio ganado a Julio Iglesias y su "Bamboleo" por este autor-intérprete (¡!); a la vez que una actuación con elementos típicos del folclore venezolano: arpa, cuatro (pequeño instrumento de cuerda de cuatro cuerdas, el nombre es suficientemente expresivo y poco imaginativo..) y el liqui-liqui (traje tradicional) que viste Simón Díaz -elemento no musical que distante de imprimir informalidad al acto reafirma en este recinto lo dicho anteriormente- (faltarían las maracas... no las de Machín, precisamente)
[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=HKf-Z0sy94M[/youtube]
Nunca he logrado distinguir si las excusas anticipadas al acto son un gesto de humildad o una precaución más antes de saltar al vacío...
Domingo es un cedazo, un tamiz que lejos de imprimir un sello personal a estas versiones "menores", engulle partituras y deglute notas que devuelve, como criatura futurística de Lang en cintas transportadoras, un criterio de uniformidad aterrador, tabula rasa del dogma Domingo. Siempre recelo de las máquinas humanas.
En la máquina entran notas y sale Domingo, siempre Domingo...
Particularmente desde hace mucho tiempo he creído que es posible un rico y extenso abanico intermedio entre la versión, la impronta personal y la re-creación. Ya habrá tiempo después para que el pasto y el abono llamen a ortodoxos y heterodoxos a destruir, construir, volver a destruir y que la dialéctica se encargue del resto, y el fuego de lo poco que permanezca.
Otro mediático, sin arrepentimiento ninguno por mi parte ni ganas de justificar mi presencia, era inevitable/ineludible, aunque el mal sabor de boca estaba asegurado:
Un saludo al foro.