|
Ya han pasado dos representaciones de las tres previstas en Madrid de Orphée et Eurydice. En mi opinión han sido unas funciones de una categoría extraordinaria, fundamentalmente por la actuación de Juan Diego Flórez, que ha brindado una de las mejores interpretaciones en el aspecto canoro que se han visto en el Real desde su inauguración.
Orphée et el Eurydice es una obra de una belleza fascinante. Esa reorientación que dio Gluck al género, eliminando algunos de los excesos que a nivel vocal se practicaban en la época para profundizar mejor en el drama se realiza con una gran perfección en esta ópera. Su versión francesa escrita para tenor, en una tesitura muy aguda, refuerza todavía más este patetismo y melancolía del protagonista. Digamos que la obra es pura poesía. El problema es que es una partitura tremendamente difícil para un tenor que aborde todo el registro agudo en la voz plena, algo que no se hacía en la época del estreno donde se recurría en el registro agudo a técnicas falsetísticas.
En mi opinión Orfeo pasa a ser uno de los mejores roles del tenor y espero que se pueda repetir esta experiencia en el futuro. Hoy Flórez me parece mucho mejor cantante que hace una semana. Su lectura del personaje ha sido fantástica. Una interpretación serena, equilibrada, matizada de forma exquisita, canto de hondura, de una gran profundidad. Ha expuesto toda la partitura con solvencia, ofreciéndola con un timbre dulce y seductor y con un registro agudo brillante. La dinámica ha estado fantásticamente realizada, ofreciendo intensos pasajes de pianos y medias voces, todos ellos manteniendo la colocación de la voz y sin afalsetamientos de ningún tipo.
Ya en el comienzo su primer Eurydice, ligeramente coloreado de melancolía, nos indica que nos adentramos en una interpretación que va a resaltar y a profundizar sicológicamente en la serena desesperación de Orfeo.
En la segunda escena, cuando Orfeo ya en soledad añora la presencia de Eurydice hay tres frases en el recitativo que me tocaron profundamente.
Eurydice n’est plus et je respire encore:
Dieux, rendez-lui la vie,
Ou dones-moi la mort.
Eurydice ya no está, y yo aún respiro:
Dioses devolvedme la vida,
O dadme la muerte.
Flórez comienza en un Do3 emitido en un dulcísimo piano que mantiene toda la primera fase, para incrementar ligeramente la voz en las siguientes frases con un preciso y marcado acento. Es el momento en el que Orfeo asume la muerte de su amada, pero su exigencia a los Dioses no es heroica, sino profundamente serena y desesperada.
Esto es belcanto en estado puro y la prueba de que se puede llegar a la máxima profundidad dramática sin tener que recurrir al grito o aspavientos innecesarios. La justa inflexión de la voz es lo que consigue el más elevado de los objetivos.
Después del dúo con Amor llega el aria L’espoir renait donde el tenor debe lucir sus agilidades. Creo que a la dirección en este punto le faltó algo de pulso y brío, restando algo de emotividad a la escena. Flórez realizó una impecable interpretación, con una coloratura ligada donde no emborrona ni se deja ninguna nota de la partitura. Su adorno en la cadenza final es bello y equilibrado, quizás en consonancia con el resto de su interpretación, pero puestos a exigir, teniendo en cuenta la categoría del cantante, se podría demandar para futuras ocasiones, más adornos a capella en esa cadenza ad libitum como han hecho otros intérpretes. Creo que es el único momento dramático donde puede encajar esa mayor espectacularidad y fantasía sin traicionar los preceptos de Gluck.
Al comienzo del segundo acto nos encontramos con una parte realmente extraordinaria, la más difícil de la ópera y fantástica desde el punto de vista dramático. Orfeo llega a las puertas del infierno, pero allí se encuentra a las furias quienes le avisan de los espantos y peligros que le esperan. Orfeo lejos de acobardarse les relata su desgracia y espera compasión de ellos. Es un dialogo donde el coro comienza de forma impetuosa y es misión de Orfeo aplacarles poco a poco con su canto. Flórez mantiene un tono sereno y seductor. ¿Por qué va a tener miedo o ira? Él sólo quiere recuperar a su amor, ninguna amenaza le importuna lo más mínimo. El Coro sigue amenazándole con las llamas del infierno pero replica que la llama que a él le devora es cien veces más cruel aún. El coro poco a poco va teniendo compasión de Orfeo y acaba cantando de forma piadosa rendido ante la dulzura del canto de Orfeo. Y es esto precisamente lo que hace Flórez en su interpretación, un canto dulce, seductor y muy brillante en el agudo. La escena es de una dificultad extraordinaria, el acompañamiento es de un arpa y como él mismo dijo en la entrevista en CNN+, apenas puede escuchar el arpegio cuando canta. Por si fuera poco se adentra en una tesitura estratosférica. Hay que quitarse el sombrero ante la interpretación que nos ofrece aquí el tenor.
Por último, en el tercer acto destaca por encima de lo demás la escena recitativo-aria-recitativo donde se canta la célebre J’ai Perdu mon Eurydice, aria que parece escrita para él. Inenarrable la belleza del momento, exquisita la matización, perfecta la dinámica. Gran ovación en una ópera que no predispone al entusiasmo, pero la emoción era demasiado palpable. Pero por si fuera poco, quizás lo más sorprendente de la interpretación de Flórez estaba por llegar en el recitativo posterior. El tenor arriesgó al máximo en un increíble encadenamiento de pianos y medias voces con un gusto extraordinario y como siempre, manteniendo la colocación de la voz. Fue algo realmente meritorio que causó un efecto en los espectadores escalofriante, que se palpó en el ambiente, dejando al público sin respirar durante varios segundos.
En definitiva, estamos ante uno de los mejores roles de Flórez, en una ópera muy belcantista, donde tiene su aria de agilidad, donde hay un registro muy agudo sólo al alcance de unos pocos elegidos, donde puede demostrar sus consabidas cualidades de naturalidad, facilidad, musicalidad, legato, fraseo, homogeneidad en la voz, etc, pero que además parece tocado por la belleza de la música y ofrece una interpretación con un plus de emotividad y hondura. Me parece en este sentido un gran paso hacia adelante de Flórez.
Eurydice fue Ainhoa Garmendia. Hay que aplaudir su trabajo. Cumplió y sólo tuvo unos días para aprenderse el papel, ya que sustituyó a última hora a Nicole Cabell. No parece tener un registro agudo muy resuelto y ya el primer La4 nada más comenzar nos pareció algo gritado, pero no es una ópera que exija demasiado en este aspecto a este personaje. Demostró tener buena línea y estar preparada para este repertorio. Seguramente con más tiempo nos podría haber ofrecido más cosas.
Mejor sensación causó Marianelli, una voz más bonita y mejor proyectada. En el canto hay algunas pequeñas aristas por pulir, pero dado la juventud de la cantante, creo que ronda los 22 años, sólo podemos augurar una fantástica carrera. Además cada vez está más guapa.
López Cobos volvió a ser abucheado en el estreno por algunos espectadores de los pisos superiores en el estreno y en la segunda tuvo bastantes aplausos sin recriminación alguna. Yo hubiese preferido un planteamiento con una orquesta especializada, pero creo que el resultado que nos ha ofrecido ha sido mejor que en otras ocasiones. Es cierto que hay falta de pulso y brío en algunos momentos, pero en los momentos más calmados el sonido sacado es muy bello y los cantantes bien acompañados. En el ballet de entrada al infierno no estuvo mal aunque hay interpretaciones más arrebatadoras, en cambio en la parte de las flautas creo que todo funcionó perfectamente. Al coro también lo he visto mejorado, mejor en expresión y matización, la escena de las furias fue fantástica aunque aquí tuvieron la ayuda de la fabulosa interpretación de Flórez.
Unas funciones memorables. Recomiendo a todos a los que les guste el más puro belcanto que no se pierdan la función del lunes.
|