Yo pude ir -tengo que explicar antes que nada- gracias a la generosidad de la gente del foro, y en este caso en concreto de Magelone, auténtica maga de las que hacen milagros. Bastó que leyese en el foro mi queja de no haber podido conseguir entradas el día que salieron en Internet, para que me mandara un mensaje diciendo "¿quieres una?". Gracias, guapa. Luego te escribo, pero fué una noche deliciosa.
Otra nota previa. No fui yo quien abucheó a López (y tengo un testigo...

), pero no por falta de ganas. Aunque escribir después de las profesionalísismas crónicas de "b" es siempre dificil para mí, lego musical absoluto, lo cierto es que el manejo de la orquesta me pareció -como es costumbre en él- en general planísimo y carente de relieves. Esa falta de acentos (que sí les escucho a, qué sé yo, digamos a Minkowski, a Jacobs, a esa línea de directores que le sacan, para mi gusto, mucha más enjundia a las mismas notas por las que se pasea Lopezcobos) es, me parece, la culpable de que lo de anoche no fuera una noche estrepitosa.
Porque Marinelli y Garmendia estuvieron muy correctas (a Ainhoa la empiezo a seguir con interés después de anoche y de la excelente Servilia del ortro día), y Florez, en mi opinión, muy bien.
Tal vez no impecable: en efecto, como dice el maestro b, se comió agilidades y, a decir verdad, algún agudo me pareció menos seguro que en los discos, claro, pero tiene un color belísismo, una exquisitez de línea que le va fenomenal a esa ópera sin fuegos artificiales que vimos ayer y, en todo caso, como le comentaba a Magelone en los pocos ratos que hablamos de la ópera (y ella sólo sabe cuánto hablamos

) es de los cantantes que, a pesar de las "pecas" que pueda encontrarles, me "llegan".
En efecto como todos han dicho, el "che farò" fue sensacional (y produjo la única ovación de la noche, a la que contrivbuyó, claro, que todo el teatro llevara dos horas esperándola y ella, caprichosa, se esconde hasta el final

), pero hubo momentos mágicos: sí, yo también sentí el escalofrío del recitativo posterior, en el aria del primer acto, y en varios de esos momentos de recitativo a media voz dichos de un modo tan delicado que me pareció adorable. Y aplaudí con ganas y satisfechísimo al final, la verdad.
Gracias otra vez, Magelone. Te debo una.