En el viaje de vuelta después del recital, Sid y un servidor vinimos escuchando en el coche un recital de Bergonzi grabado para la DECCA en el 57. A resultas del despliegue de medios que ofrecía Bergonzi sugerimos que el error de Alagna estriba en intentar, desde hace ocho o diez años, cantar todo lo que Bergonzi cantaba desde el principio de su carrera...sólo que en ausencia de los medios de Bergonzi, por supuesto (a cambio, un timbre mucho más hermoso).
Dicho de otro modo: Alagna es un lírico puro desde sus comienzos, coqueteando con belcanto, repertorio francés, el Verdi más lírico (Alfredo, Duca), pero su voz sufre y se desgasta en cuanto salta a Trovatore, Aida o Forza (que, por cierto, el propio Alagna me dijo que cantará en Valencia en 2012, aproximadamente; vayan preparando sus paraguas

). Todas las tentativas de Alagna por ir más allá de un repertorio "alla Kraus" le condenan a una carrera corta amén de suicidad.
Su "La vita e inferno" fue de juzgado de guardia. Discrepo en este punto con mi querido Sid. Evidentemente que lo hizo mejor de lo esperable, pero el pobre parecía Nemorino metido en el cuerpo de Don Álvaro. Sufrió lo indecible por acabar el aria: sin fiato, sin el pasaje bien resuelto, con el registro agudo escapando a su diafragma...
El error de Alagna, en general, como también comentamos Sid y yo, es la obsesión monográfica por hacer un recital "tutto Verdi". Se habría colmado de gloria, más aún, si hubiera optado por una primera mitad francesa, con Gounod y Massenet, y una segunda mitad italiana, con el Verdi que está a su alcance, y con el poco Puccini (Cavaradossi, básicamente) con el que puede.
Alagna no es un spinto ni tiene un centro voluminoso y solvente. Lo que antaño era, un lírico puro, con timbre precioso y lleno de armónicos, con un agudo limpio y grato, se ha esfumado. La voz sonaba artificialmente gruesa cuando aborda las partes de Forza o Aida. Creo que es innecesario que se prodigue por esos lares, pudiendo coronarse como el mejor lírico de finales del siglo XX y comienzos del XXI, dando sopas con ondas al Werther y al Des Grieux de Villazón, e incluso al estilo canoro de M. Álvarez en estos mismos roles y en el Verdi más lírico.