|
Quiza el momento mas algido de la novela "Cumbres borrascosas", de Emily Brontë, una de las mas señeras novelas del periodo romantico del XIX, es cuando Cathe, la protagonista furiosa y apasionadamente enamorada de Heathcliff, confiesa a su amiga Nelly : "Nelly, yo soy Heathcliff". Isolda, heroina romantica por excelencia renuncia a la venganza para sumirse por completo en el huracan del amor, en la inflamable pasion amorosa, para ser ella tambien Tristan, para sentirse ella tambien Tristan. Y lamentablemente la Isolda de la representacion de ayer, dia27, se nos presento como una Isolda apasionada y vehemente, pero sin un Tristan que en escena sintiera ese furioso e intenso amor de la misma forma, como una Isolda hemiplejica. Una lastima por que no fue del todo una velada operistica irrepetible aunque Meier se encargo de que lo pareciera en muchos momentos. Si es cierto que la grandisima Meier evidencia defectos vocales, como que los graves no son tan carnosos y los agudos ( no siempre) los emite algo forzadamente, pero aun asi resulta conmovedor como interpreta, da vida y se mete de lleno en la piel de una Isolda inyectada de amor en cada gesto, como colorea de amor cada nota, como interpreta esa pasion demoledora y, en el momento climax del final de la opera, en la misma boca del escenario, expresa la bella poesia de ese sublime momento.
Del resto de la produccion, ahondar en lo que supongo que ya se ha dicho en este foro resultaria inutil, asi que me ciño unicamente a breves notas criticas:
* la escenografia me resulto bellisima en los dos primeros actos; imponente en el primero con ese bronco mar como escenario de la obra, y la popa sesgandose a la mitad en el momento del bebedizo resulta sobrecogedor; el segundo acto ,enigmatico y teñido de nocturnidad que amplifica la belleza de esos 40 minutos de duo amoroso; excelente la iluminacion en ambos actos; del tercero....sin resultarme escandaloso, dire que no me agrado en exceso; demasiada luz para el momento y un atrezzo inutil y quiza absurdo; el mar como testigo de fondo en los tres actos embellece el escenario, y el vestuario anacronico en cada acto, situado en tres momentos totalmente distinto, pero que no descoloca lo mas minimo en la concepcion de la obra. ( un pequeño inciso anecdotico: no hubiera costado mucho, teniendo en cuenta la capacidad del escenario del Real, que la fuente del segundo acto hubiera sido eso, una fuente, aunque fuera minuscula y apartada, pero no esa mancha sobre la boca del escenario, ridicula, que mas bien parecia que la señora de la limpieza hubiera derramado una botella de salfuman sobre el mismo!).
* las voces: Dean Smith, correcto, adecuado timbre y lirismo, pero no llego a parangonar la emocion que Meier expresaba en cada momento; Alan Titus y Fujimura excelentes y muy adecuados en sus roles; pero con Pape llego el alboroto......impresionante, impactante; compone un Marke de una pieza, con un fraseo elegante e impecable y una linea vocal intachable, a la vez autoritario y doliente; le correspondio una sonorisima ovacion totalmente merecida; de Meier ya lo dije antes, solo comentar que en mi neocortex permanecera para siempre la belleza tan estremecedora con la que "dijo" la frase "Es werde Natcht,da, hell sie dorten leuchte ( hagase la noche para que Él luzca claro)"; sin duda de las mas sonoras ovaciones que he escuchado en el Teatro Real en estos diez años.
* en cuanto a la orquesta y direccion orquestal, tampoco quiero ratificar lo expuesto por los demas foreros hasta el momento, pero sí, tambien opino que no estuvo a la altura de las circustancias; la obertura llevada a un tempo a mi parecer tremendamente lento, que le resta emocion y belleza a esta bellisima pagina wagneriana; en toda la representacion, y son varias horas, aquello en algun momento sonaba a wagner, pero quiza en los menos; hubo pequeños destellos, pero la orquesta lo es todo en Wagner; las intervenciones orquestales en el segundo acto, durante el dialogo entre Isolda y Brangane, tapaba en muchos momento a los cantantes, igual que en el duo amoroso, esos intensos cuarenta minutos de climax orgasmico en los que en la escena se deberia rezumar sexo,y pasion incontrolada, a la orquesta le faltaba brio, energia wagneriana.
Con todo ello, resulto una representacion digna y memorable, que rozo en algun momento la fina linea de la perfeccion, y cumple sin duda alguna la expectacion creada en estos meses en relacion a esta produccion.
|