Le Gouverneur escribió:
Creo que ya lo hemos comentado, no sé si en este foro o en otros, ya me hago un lío, pero no veo acertada la aparición de la sangre en la escena final. Creo que va en contra de lo que dispuso Wagner para el final de la obra. Isolde no muere por ninguna cuestión física y si hay un dolor, este es insignificante ante la inmensidad del amor, que va más allá de la muerte en un supremo deleite. En mi opinión la sangre distrae más que aporta a la escena. De todas maneras la producción es interesante como todo lo de su autor.
Está claro que la escena final de Tristán no necesita aderezos y basta con su música inspiradísima para dejarte sobrecogido. Cualquier idea escénica es discutible (bueno, algunas son sencillamente abominables, pero ese es otro tema). He puesto esta foto como homenaje a Meier, por ser reciente y de una producción que me parece importante. A mi la sangre que brota espontáneamente me parece que puede ayudar a reforzar un momento que es en sí dramático: para Isolda la muerte es la sublimación de su amor y supone una transición gozosa, pero para nosotros, espectadores, incluso para los espectadores dentro de la escena (el rey Marke, Brangane), puede muy bien tener otro sentido, de dolor, de pérdida, de vidas derrochadas. Los amantes están en otro plano, espiritual, en el que no se sangra, pero hay un plano terrenal que es el nuestro y en el que la sangre sí cuenta, y ahí puede muy bien tener cabida esta solución escénica.
Un saludo.