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Que yo sepa, la aldaba es el cacharro que se le pone a las puertas para que uno llame al golpearlo contra la propia puerta.
Aparte de eso, ayer estuve en la "Aida" de Bilbao, así que os escribo mis opinioncillas.
En primer lugar, he de decir que iba a ver esta "Aida" con ciertas prevenciones: no conocía a ninguno de los cantantes principales y sabía que "Aida" es una ópera con bastantes dificultades. Así que me llevé una petaca de vodka "Rachmaninoff" por si la necesitaba durante la recita. Ya en el "Celeste Aida" eché la mano a la petaca, pero pensaba cuánto me quedaba aún para el final y me contuve. Durante el siguiente terceto no pude más y me vi obligado a pegar el primer traguito, y ya pensaba que tenía que haber traído una petaca por acto cuando la cosa empezó a ir a mejor. Y al final resultó una buena "Aida" de la que salí contento por lo que había escuchado y no por lo que había bebido.
La Orquesta del Teatro Regio de Parma y el maestro Donato Renzetti hicieron un trabajo excelente, en la que demostraron dominar y conocer hasta la médula la partitura de Verdi: ¡así que era esto una orquesta de foso, de las que permite escuchar perfectamente a los cantantes sin por eso perder carácter! El trabajo de Renzetti y la orquesta permitió cantar muy cómodamente a los solistas, mostró una gran cantidad de dinámicas y colores (lo que es tan importante en esta ópera) y fue brillante en el ballet del segundo acto y en las demás intervenciones orquestales. ¡Que vuelvan, por favor! A esto hay que añadir el papel del Coro de Ópera de Bilbao, que es una garantía para este tipo de óperas: hubo algunas imprecisiones en el primer acto y alguna menos en el Gloria all'Egitto: nunca se sabe si estos "detallitos" son achacables al coro, a los tempi algo ligeros de Renzetti en los conjuntos, o a la extraña colocación sobre el escenario por parte del director de escena. En todo caso, menudencias para una actuación coral fantástica, y no sólo por la rotundidad de los pasajes más belicosos, sino por el bello color logrado en las escenas de la sacerdotessa o en los impecables coros internos de los últimos actos. Desde el punto de vista del Director, la Orquesta y el Coro, la "Aida" estuvo muy bien servida.
Aida fue Angela Brown, soprano norteamericana. Tras unos inicios en los que la escuché con un vibrato un tanto molesto y una pronunciación no demasiado clara, la cosa fue mejorando paulatinamente, ya desde el cuadro II del primer acto, hasta ser una gran Aida. La Brown tiene una voz para el papel: importante, con un centro oscuro, unos buenos graves y agudos más que suficientes. Se la oía en el concertante del segundo acto, pero también destacó por sus pianos y su interpretación del lado más doliente del personaje: estuvo muy bien en el tercer acto y en el final. Una muy agradable sorpresa.
Radamás fue el tenor Salvatore Licitra. Eh..., bueno, yo tenía mis dudas antes de esta "Aida" porque los cuatro papeles principales no son fáciles, la cosa hoy por hoy está bastante chunga, "no hay...como los de antes", etc... Como imaginaréis, mis reservas eran aún mayores en el papel del guerrero egipicio. Pues bueno, Licitra fue lo más flojo de la función, porque creo que él no puede ser Radamés. Cuando cantó su "Celeste Aida" pensé: no tiene graves o los tiene que entubar, el centro no es nada del otro mundo y los agudos son o blanquecinos o testiculinos. Aparte, yo que no sabría definir exactamente lo que es el "squillo", anoche lo imaginaba mientras lo escuchaba como "lo que estoy echando tanto de menos". Dicho esto, el aria de inicio fue lo peor del tenor: luego mejoró algo, le echó valentía e intentó matizar algunos fragmentos y demostrar ardor guerrero. No consiguió con esto ablandar mi viejo corazón pero tampoco me jodió la velada, y en cierto modo entraba dentro de lo previsto.
Amneris (Irina Mishura) fue otra de las que empezó destemplada y un tanto sin chicha para terminar brillando en su escena del juicio con un pedazo de voz y una actuación bastante más verdiana de lo que a veces tememos que puedan hacer los rusos. Se la entenduvo bien y recibió casi más ovaciones que la Brown. El Amonasro, Mark Delavan, fue potente y fiero como lo debe ser, con una voz recia en los graves y en los agudos. Aunque parece que no sale mucho, a mí la verdad es que canta algunas de las cosas que más me gustan de "Aida", así que agradecí la actuación de Delavan: impecable su interpretación, y también verdiana. Resulta que en ese sentido los dos americanos y la rusa (nacionalidades estas a veces peligrosas para la música italiana) me parecieron más interesantes que Licitra, que se definía como "el tenor de la gran tradición italiana".
Muy bien también Marco Spotti como Ramfis, bien Marta Ubieta Sacerdotessa y pasable el Re de Shvets.
La producción era ultra-clásica, cosa que ya esperaba de Joseph Franconi Lee, antiguo asistente de Fassini. Había una escenografía con estatuas egipcias, bastante correcta, una iluminación buena y un vestuario colorista. A mí estas cosas me recuerdan más al episodio de los Canteros de los "Simpson" que al venerable Antiguo Egipto, pero bueno. Lo que no hubo fue movimiento dramático, ni de los solistas ni del coro: el terceto del primer acto y el dueto de Amneris y Radamés del cuarto acto eran exactamente lo mismo, no sentías que hubiese pasado nada en medio. Imaginad una "Aida" típica y no os permitáis una migaja de originalidad (no hubo tigres ni elefantes) o de movimientos mínimamente dramáticos; en cambio, se acepta imaginarse a tropecientos extras y coristas entrando en escena, plantándose en un sitio y volviendo a salir. Ésa, exactamente ésa fue la producción de Franconi.
También hubo exceso de descansos, para mi gusto: 3. Me tuve que beber la petaca en ellos, pero al final salí muy contento por todo. El público en cambio estuvo terriblemente sinsorgo: no sé qué esperan si no aplauden esta "Aida". Se supone que si algunos protestan porque les ponen "Elektra" o Bartok, tendrán que demostrar su entusiasmo ante una buena "Aida" (en los tiempos que corren...). Pues nada, un par de aplausos, parecidos a los que le podrían haber dado a una representación mediocre, y a casita. Hubo uno que hasta pitó a Licitra un par de veces, cosa que yo no había visto en Bilbao: me parecería mal que por un lado se pitase y por otro lado no se bravease.
Bueno, acabo, perdón por el chapón.
_________________ Fue sin querer queriendo
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