Acudía ayer al Teatro Real con la misma disposición anímica que una res camino del matadero. Después de las críticas que se han vertido sobre la producción, los cantantes, la versión (algunas de ellas, mías

)... Estuve incluso barajando la opción de no acudir, pero me pareció feo dejar sola a mi esposa.
¡Ventajas de ir con expectativas tan bajas! Disfruté de la función. Seguramente, contribuyó además que era mi primer Boris en el teatro después de mi conversión a la fe mussorgskiana.
Aún así, determinadas carencias no se pueden obviar. Lo peor, con mucho, la escenografía. Siempre me propongo no hablar de ella, pero en casos tan patéticos como el de ayer es imposible. Lo del león, la mosca y el caballo rampante del final, dignos de una función de final de curso en algún instituto.
La orquesta no estuvo ni bien, ni mal, ni siquiera regular. Muy plana, con algunos momentos aislados de inspiración. Los coros, por el estilo, aunque los pobres tenían excusa con los
movimientos escénicos diseñados por el
regista y sus colaboradores.
Elegí el segundo reparto para no escuchar a Ramey, que me parece un cantante extraordinario y prefiero recordarlo así. Scandiuzzi estuvo digno, solvente, bien de voz. Aunque la escena de la muerte parecía una mala parodia de un dramón decimonónico. Tal vez fuera imposición del
regista.
Kostcherga hizo un buen Pimen, la voz un pelín tersa, pero muy bien proyectada. Debieron oirla hasta los transeúntes que pasaban junto al teatro. Le faltó matizar un poco más en el dúo con Grigori.
El Inocente tuvo dos intervenciones breves, pero muy bien cantadas. El resto del reparto, cumplió sin alardes.
Y la versión.... pues tampoco queda tan mal. El corte del acto polaco es un crimen operístico (es el mejor de la ópera, en mi opinión), sigo viendo dramáticamente poco justificado presentar las dos intervenciones del Inocente y musicalmente la primera de ellas queda como un pegote, pero.... No me desagradó, sería que estaba de buen humor.
