El Verdiano
El Verdiano tiene tranquilidad, aplomo. Siente que la casa de sus gustos musicales está construída sobre roca sólida.
Todo a su alrrededor, en cambio, son arenas con las que el mar juega, excepto el teutón innombrable aquel, que es una especie de risco inaccesible, en el que nunca crecerá la hierba ni hollará pié humano.
El Verdiano es hombre intelectual e informado, pero no carece de buen humor, de modo que en cualquier momento es capaz de soltar un chiste acerca de un incidente político de actualidad, recurriendo a una paráfrasis de un texto de Virgilio.
Esto lo hace una persona muy grata en los círculos sociales, y siempre habrá quien se ría de sus bromas, aunque más no sea por no quedar como ignorante. El Verdiano disfruta mucho de esto, pues le encanta la vida social, y el buen comer, y no duda en calificar tal capacidad de asociación de datos culturales como "natural habilidad", aunque muchos piensen que, como a Alonso Quijano, al pobre se le ha secado el cerebro de tanta ópera y lectura consumidas.
El Verdiano sabe mucho de historia, antigua y moderna, sabe de literatura, entiende de política y de religión, y hasta en conversaciones de fútbol o de prensa rosa es capaz de desenvolverse con soltura, que lo suyo le ha costado contextualizar el estudio de todas las obras del "Maestro".
El Verdiano tiene la seguridad de que podrá recibir a quien sea en su casa, y siempre podrá encontrar algo en su discoteca con que regalar los oídos de su invitado, independiente de las preferencias musicales de aquel.
Así, por ejemplo, si en su casa recibe a un belcantista, no dudará en regalar sus oídos con un "Trovatore", cantado, por ejemplo, por Beniamino Gigli. Si a su casa llega un Wagneriano, cosa que, a su pesar, en ocasiones ocurre, lo atenderá con un "Otello", a ser posible, cantado en alemán por Wolfgang Windgassen y Sena Jurinac, o, a falta de ello, lo que es muy probable, por que, si hay un talón de aquiles en la abarcadora cultura del Verdiano, este está precisamente en el alemán, idioma que nunca ha dejado de considerar lengua de bárbaros, y que suena a bolsa de piedras en sus educados oídos, entonces recurrirá a su grabación con Ramón Vinay en el rol del celoso moro, y Furwangler a la batuta, con lo que su visita germanófila tocará el cielo.
Si recibe en su casa a un mozartiano, no dudará en atenderlo con una buena audición de "La Traviata", con Lucia Popp en el rol protagónico. Si el mozartiano en cuestión, es, en cambio, incondicional admirador de
"Idomeneo", y
"La Clemeza di Tito", recurrirá, en cambio a una buena grabación de
"La Battaglia di Legnano"; y para atender a un verista o un pucciniano, probablemente echará mano de una "Forza del Destino".
Para un francófilo, siempre podrá recurrir a un Don Carlos, en versión original, o a una grabación de Ernani, y para la abuelita que le encanta Nana Mouskouri, nada mejor que sorprenderla con con un buen "Nabucco".
En fin, en la discoteca, como en la biblioteca del Verdiano, siempre hay un amplio abanico de opciones, en las que basa la confianza en la soidez de su saber y sus gustos.