Wimsey escribió:
y en cambio me parece un extraordinario Parsifal.Saludos.
Me pregunto si las cantantes que tienen que bajar un tono la parte de Kundry estarán de acuerdo contigo
A mí me dio la impresión de que el nivel de exigencia ante el recital del sábado, que no era un concierto extraordinario sino uno más del ciclo de Grandes Voces, estuvo muy bajo. A cualquier otro cantante no se le habría permitido apoyar su triunfo en tablas, seducción, salero y carisma. Porque, se diga lo que se diga, la voz de Plácido Domingo suena hoy apagada, avejentada, débil en el grave e imposible, más bien inexistente, en el agudo. Sólo le queda el centro, aún sonoro y atractivo, en el que se mueve con una comodidad meritoria para un hombre de su edad.
Pero hoy el mayor problema de Domingo sigue ahí, cada vez más evidente, y no es otro que la cortedad del fiato. Domingo rompía las frases como y allá donde le convenía, lo que impide hablar de línea, incluso de legato. El "Winterstürme", por otro lado una antología de sonidos destimbrados, fue en ese sentido significativo. En las escenas de zarzuela respirar dos o tres veces por frase parece importar menos si hay lo de siempre, entrega, pasión y ese tipo de cosas. Que están muy bien, pero no creo que salven un recital. Aun así, lo pasó muy mal en ciertos momentos de la romanza "Ya mis horas felices" ("Mi alegre vivir no puedo olvidar...").
Debo, con todo, reconocer que si uno se proponía dejar a un lado los problemas de Domingo podía disfrutar del recital. La primera parte me pareció musicalmente muy floja, pero en la segunda disfruté. Hoy por hoy, y probablemente siempre haya sido así, creo que el cantante puede dar lo mejor de sí mismo en todas esas escenas de zarzuela que lleva cantando desde hace muchos años y que, con el oportuno cambio de tono, mejor se acomodan a sus posibilidades: "Amor vida de mi vida", "Ya mis horas felices", "No puede ser", "Madrileña bonita", etc. Ahí es donde la sintonía entre Domingo y el público es total. No hay más que ver las propinas que dio.
Por lo demás, fue una noche emotiva. Ver a uno de los cantantes más aplaudidos, importantes e influyentes de la historia llorar ante las muestras de cariño del público de su ciudad ("¡Plácido, te queremos!") no es algo que se vea todos los días. Me conmovió ver que es un hombre tan sensible.
En la cena Bramante decía que, dentro del ciclo de Grandes Voces, sólo a Cecilia Bartoli se le había aplaudido tanto. Sin embargo, yo creo que es otro tipo de reacción. Cecilia Bartoli es el huracán, el
Carpe diem. El concierto del sábado fue otra cosa. Domingo arrasó, y seguramente para sus fans fue una noche inolvidable, de un recuerdo estático y permanente. Para los que no lo somos, también, pues nadie puede ser ajeno a tanta carga de emoción, por más que ésta tuviera tanto de extramusical.