Una cosa es poner toda la carne en el asador y otra
gigionare, respirar donde convenga, inflar un timbre ya de por sí descomunal, abrir no pocos sonidos, cantarlo todo a tutta forza (incluso en un momento así el efecto de un crescendo es más deseable) y a la postre, no por casualidad, verse apurado en el si natural. Lo que yo no veo lógico es convertir a un joven desdesperado en un sicópata. Casi me imagino los ojos
spalancati de del Monaco, como en el vídeo de Pagliacci desde Tokyo, pero des Grieux no es Canio, y dicho sea de paso, Canio no es una bestia.
Y esto con "Pazzo son". En las arias amorosas y el
duettone la cosa ya suena a violación de la pobre Manon. La Naranja Mecánica
avant la lettre.
Cosas de los 50.
Pero claro, en aquellos años también estaba Bergonzi. Escúchenle en el MET en 1960. Reprochable la morcilla que también añade al final (parece mentira que semejante horror hiciera escuela, por mucho que lo grabara Gigli) pero da una lección en toda la página llegando al desmelanamiento sin convertirse en hombre-lobo. O el propio Domingo, sí, sí, en el Liceu en 1971, aunque patina en el si agudo, hace una gran "Pazzo son!", vibrante y patética, pero no brutal.
Son sólo opiniones, aunque ya les contaré si hoy meo colonia.
Por cierto impecable Oncina, mucho mejor que en el Ernesto (con Corena, brr) que era lo único que le conocía.