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Volviendo al Don Carlos:
A pesar de la parrafada de ayer admito que escribir, últimamente, me cuesta horrores a causa de una pereza antes desconocida por mí. Supongo que la edad empieza a cobrar sus réditos. No obstante quiero terminar lo que ayer empecé porque, además, es lo que ha creado todo el jaleo en torno a este Don Carlos. Fueron los 45 minutos que van desde el inicio del entreacto hasta el final de la escena llamada, para mí no acertadamente, del "Auto de fe".
Ya sabíamos por experiencias ajenas por donde iban los tiros, admito que éramos ventajistas respecto a los que asistieron el día de la inaguración, pero debo decir que desde el bar de la cuarta planta en todo momento estábamos siendo avisados por la Lloll (locutora de todo el show) de lo que sucedía a cada momento y, sobre todo, de lo que iba a suceder.Así nos enteramos del momento en que entraría en funcionamiento una pantalla en el escenario para poder ver lo que acontecía en la planta baja del teatro, además se nos avisó de que primero en diez, luego en cinco minutos se reanudaría la función. Supongo que mucha gente no hizo el menor caso, nosotros sí y nos fuímos hasta nuestras butacas donde seguimos sin problema la transmisión a través de la pantalla; vimos como salió Benini al foso y empezó a darle caña; no menos cañero fue el coro. La gente, era curioso observarlo, se inmutó poco o nada y simplemente se asomaba por la puerta de acceso que le era más cercana pero en actitud serena, molestando poco o nada y así se desarrolla una escena con bastante fuerza en lo teatral pero que en lo orquestal....¡fue de otra galaxia!. El volumen a tope (no creo que en otras producciones más convencionales se pueda escuchar una escena con este volumen...¡qué gozada!) y se desarrolla la acción. Al entrar por platea Felipe II y séquito se levanta gente y aplaude su entrada como si fuera una autoridad de carne y hueso, pero para nada pone sordina a Benini y sus muchachos ni al magnífico coro que siguen con su espléndida labor a mayor honor de uno de los momentos sublimes de la ópera. Si no fuera por el momento friki de la Monroe (aquello no tenía sentido alguno porque no se trataba de canta el Happy Birthday al rey sino de aliviar las almas de los condenados) a mí me hubiera parecido dramaticalmente intachable y, cosa que no siempre sucede, los protagonistas sabían, y se sabían, qué estaban interpretando cosa que a veces dudo suceda.
Mis valoraciones:
- Escena estudiadísima....musicalmente de lo mejor que escucharé en mi vida.
- Errores: quizás, digo quizás, hubiera sido mejor empezar el acto al modo tradicional (o sea, aviso por timbre, gente sentada, etcc..) no lo sé ,pero me da que comportándose el público como el otro día no hay problema alguno para que se escenifique de tal guisa. No obstante, es una cuestión a ponderar. Avisar hasta la saciedad de lo que va a pasar podría ser una solución intermedia.
- De lo hablado con algunos foreros que acudieron el día del estreno deduzco que lo que acabó fastidiando la escena fue que la gente prorrumpió en abucheos y aplausos (amén de insultos y demás) e impidió que se pudiera disfrutar de la magnífica escena.
- Convengo también con un forero que estuvo el dia del estreno que lo que cabía hacer era lo que hizo el público de 5, o sea, estar atento a lo que sucedía y manifestarse cuando toca, a saber, cuando termina la escena (abuchea o aplaude lo que quieras y tienes quince minutos para partirte la cara con quien creas oportuno) y/o cuando termina la ópera donde puedes explayarte hasta que te echen del teatro los de mantenimiento. Luego, guste o no guste, sea acertada o no la escena,quienes jodieron básicamente al público del estreno fueron una parte de los propios asistentes. Y ahí soy beligerante porque ya he escuchado en este foro y en otros referirse a "los habituales" por contraposición a los que no lo son y como ejemplo de "savoire faire". Para perfilar el tema puedo dar mi definición de "habitual" que es quien hace las cosas por "hábito", luego por contraposición los "no habituales" serán los que van al Liceu no por hábito sino "por convicción". Que haga 40 años que uno vaya a todas las funciones del Liceu lo único que demuestra es que tienes cierta edad y suficiente dinero y tiempo para hacerlo, pero no otorga patente de corso para decidir quien sabe y quien no. Punto. Es opinión personal e intransferible por lo tanto indiscutible como no pienso discutir la opinión de quien opine parcial, total o radicalmente de forma diferente.
El Don Carlos se ha puesto fuera de abono porque la puesta en escena podía ser problemática. Yo no soy abonado del Liceu pero si lo fuera me quejaría porque pagando mi abono a santo de qué dejan fuera una de mis óperas favoritas y en cambio me tengo que tragar "xxxx" (poned el título que queráis). En cambio,los que se quejan, tenían la opción de no ir sin perjuicio alguno porque en nada malbaratan su abono. Y si yo fuera del Liceu hubiera hecho lo mismo en este caso (no en La Gioconda del año pasado, ni en el caso Farina, ni en la levantada de camisa que fue el Devereux versión concierto, ni....) porque precisamente el Liceu no puede quedarse fuera de los circuitos por los que discurre la producción operística actual (aunque a mí no me entusiasme, lo reconozco)so pena de caer en un provincianismo que provocaría la amargura de muchos de los que ahora se quejan con igual amargura.
El tema de este Don Carlos se solucionaba con que fasistiera quien le apetezca y cuando termina la función (o no se suele hacer así) manifestar nuestro contento o descontento.
Y por si alguien tiene dudas yo soy acérrimo defensor de las puestas en escena de corte clásico por lo que mi imparcialidad frente a esta producción, para nada clásica, debiera estar fuera de toda duda.
PD: Y reitero mi queja ante la dirección del Liceu: No es de recibo lo que sucedió el día 5 con el tenor. Lo volveré a escuchar el 14.Veremos.
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