Ejercicio de síntesis (amplio, aviso)
1º: Gover: Lo de Villar no lo tengo tan claro, lo del Liceu seguro que no es una pantomima. Existe una tercera vía....y te pilla más cerca
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Muchas horas, muchos temas, muchas sensaciones y vamos a empezar por lo que suele ser el final, la parte musical.
Prestia: Excelente Felipe II. Mucho mejor de lo que me esperaba dando buena cuenta del personaje a nivel vocal y teatral. Excelente.
Alvarez: No se puede decir que cantara mal, en absoluto. Fue de menos a más pero me dejó un sabor agridulce pues yo estaba seguro de que por fin le vería en un Verdi adecuado para él y en el tintero quedaron muchos líneas que escribir para describir un personaje fascinante en lo vocal.Notable.
Halfvarson: Muy tocadito vocalmente, con un vibrato desmesurado. Supo hacer de los defectos ,virtud y se sacó un Inquisidor casi siempre convincente. Bien
Dumitrescu: Su monje/Carlos V estuvo presidido por una espléndida capacidad para graves....non sempre. Falló sobre todo al principio pero no puede decirse que no cumpliera.Aprobado
Nebot: Tebaldo muy eficaz. BIEN-NOTABLE
Bayón: Una voz del cielo que para nada me supo a gloria. No digo que no cante bien, digo que no cantó bien el rol de la voz del cielo.Aprobada por los pelos.
Eboli: Ya me fastidia tener que darle la razón a Le Gouverneur pero estoy con él que su voz no es la de Eboli pero para no tener que dársela del todo debo decir que su interpretación fue excelente, tuvo momentos mejores que otros pero estos otros no empañan para nada su hoja de servicios. Me sorprendió muy gratamente. Excelente
Pieczonka: Para mí la más completa de la noche. Reconozco que iba predispuesto con ella pero no me defraudó lo más mínimo. Quizás se le pueda achacar falta de contundencia pero su sensibilidad en el canto, el buen gusto y la frescura que le aportó al personaje suplen con creces esta posible carencia. Rozando la matrícula.
Farina: ¿Cantó?.
Coros: FANTASTICOS.
Orquesta: Muy bien salvo el primer acto que transcurrió en una indefinición bastante acusada.
Benini: Algo que tuvo que con lo anterior. Lo bueno y lo no tan bueno.
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La puesta en escena de ayer es una viva muestra de lo mucho que se puede hacer sin alardes. Las comparaciones son odiosas pero no hace muchas fechas tuvimos en el Liceu una Manon Lescaut prodigiosa, a decir de la mayoría entre la que me incluyo, escenográficamente hablando pero escénicamente sosita y tan cortada en sus secuencias que uno terminó pidiendo la hora porque se hizo larguita. Ayer apenas hubo escenografía pero una ópera que esta versión supera las cuatro horas pasó rapidita y metiéndonos de una tacada 135 minutos para empezar y 90 minutos para terminar, tiempo que se sucedió sin solución de continuidad sin que apenas la orquesta se detuviera porque no bien acabada una escena la atmósfera te transportaba a la siguiente sin que por ello dejaran de quedar marcados y evidentes las trasposiciones de escenarios. Alguno dirá que es fácil sin demasiado "mobiliario escénico" pero esto en todo caso sólo servirá de argumento para probar la parte física pero no la dramática porque para ello hace falta otro tipo de trabajo. Y esto Don Carlos lo tiene, sin duda.
Una vez puesta de manifiesto una de las virtudes de esta puesta en escena admito que el primer sorprendido ayer fuí yo mismo porque no soy muy partidario de los inventos aunque también siempre he tenido claro que apriorísticamente estamos dominados por los prejuicios y lo importante es ,o vencerlos o que sean verdaderos juicios. Ayer sucedió, en contra de lo previsto, lo primero y con algunos detalles que no me gustaron ni convencieron sí salí contento de la experiencia.
Comentando el tema siguiendo el desarrollo de la ópera la primera sorpresa se produjo cuando la orquesta ataca lo que yo suponía iba a ser el "tradicional" inicio de la ópera con el coro de cazadores al fondo y Don Carlos asomando por escena. Pues no, desconocía su existencia, ayer me sorprendía al escuchar un magnífico coro plebeyo cantando las desgracias de una guerra cuyo fin se estaba negociando en aquellos mismos bosques de Fointenebleau. Sin solución de continuidad y en una fusión de clases sociales se pasa a la escena de entrada de D.Carlos y de ahí hasta el fin de este primer acto que ayer fue, sin duda, el peor de la función, descohesionado de tal forma que ni el buen hacer de la Pieczonka pudo arreglar.
Empezó el cuadro primero del segundo acto con buenos augurios que se medio confirmaron con Dumitrescu a quien la voz le jugó un par de malas pasadas. Peores fueron los augurios cuando entró Posa fatalmente trabajado en lo teatral (más culpa del director escénico que de Alvarez), pareciéndose más a un bufón que a un noble de ideas claras. El dúo Carlos-Posa me dejó indiferente y eso es malo porque me encanta.
En el segundo cuadro empezaron la alegría por lo que a lo vocal se refiere con una Ganassi luciéndose en la canción sarracena. De ahí hasta el final, si no fuera porque nadie cantó el rol de Don Carlos, todo trancurrió por unos derroteros más que correctos con una emotiva despedida a la Aremberg y un vocalmente, más discutible el plano teatral asignado al Posa de Alvarez, atractivo dúo Felipe II-Posa. En este acto quedan perfectamente dibujados los perfiles de Felipe, déspota, autoritario y sin embargo afectado por la soledad del poder y su necesidad de báculo (simbólicamente hablando); quedó claro que disfrutaríamos de una Elisabeta atormentada pero con una frescura que siempre nos recordaba su lozanía y juventud. En cambio, con Posa se equivocaron.
Empieza el acto tercero donde con algo tan simple con el simbólico gesto de entregar su máscara para la fiesta, de la que desaparece, Elisabetta no sólo le entrega un artilugio destinado al divertimento sino que explica con coherencia la confusión de Carlos. Eboli manda la nota para citarse con el Infante y......he aquí una de la más fascinantes ideas y, a mi juicio, peor ejecutadas. Empieza lo que debería ser el ballet que se convierte en el sueño de Eboli donde se convierte, mágico mundo el de los sueños, en esposa de Carlos y nuera bien avenida de Elisabetta y Felipe. Insisto en que la idea es genial y no insisto en el desarrollo de la misma porque me parece un desperdicio que una brillante idea, que nos hubiera llevado al desenlace del cuadro (que es vital para el desencadenamiento de la acción) de una forma maravillosa, donde uno hubiera podido empaparse de los sentimientos de Eboli y entender su despecho y posterior traición a la reina. Se perdió; lástima.
Ahí hubo el entreacto y es que si quitáramos de la obra el cuadro segundo del acto tercero y pasáramos al cuarto, cometeríamos una tropelía en lo que se refiere al aspecto musical de esta obra pero la continuidad dramática no se vería perturbada en absoluto. Los 45 minutos que comprenden el entreacto y este cuadro los dejo para el final.
El cuarto acto empieza de una forma simple elocuente: el rey yace con Eboli, que más tarde confesará a la reina su seducción por parte del rey, y un pequeño cofre que esta le entrega al rey quien al contemplarlo se siente infeliz a pesar del ayuntamiento carnal con hembra apetecible (creo que esta expresión se ajustaría bastante al pensamiento del Felipe II de ayer) porqu realmente ama, quizás porque no tiene su amor, a Elisabetta. Va Prestia y nos suelta una "Elle ne m'aime pas" casi antológica, llena de sentimiento y amargura no exenta de cierta ternura. En toda la noche fue el momento más humano de Felipe II mostrándose de lo más vulnerable. Sigue una más que correcta escena con el Gran Inquisidor (me sobró la Eboli pululando por ahí) y la escena con Elisabetta. Ahí Prestia estuvo brutal, Pieczonka compungida y ultrajada hasta límites insospechados. Magníficos No menos excelente fue la escena entre dos mujeres que ayer lo bordaron quedando deslucido por el absurdo automutilamiento de Eboli (que original, se sacó el ojo).
El cuadro segundo del cuarto acto queda reducido al mejor Alvarez de la noche cuyo mayor reproche es que utilizó una paleta de matices poco surtida para una escena escrita a mayor lucimiento del barítono. Apoteosis final con unos coros de nuevo impresionantes y un Halfvarson que casi me somete de rodillas a mí también.
Del quinto acto destacar la preciosa interpretación por parte de Pieczonka de sus aria y que el dueto con Carlos estuvo magistralmente interpretado...en un cincuenta por ciento. Y de ahí hasta el final.
Llego tarde pero prometo, en cuanto me sea posible, explicar los 45 minutos más alucinantes de mi vida operística.También prometo releer y corregir faltas ortográficas y hacer inteligible si algo no logrado explicar con claridad.
Saludos