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“La Bohème” es siempre “La Bohème” y a pesar de todo, Puccini es siempre Puccini, no obstante si el bueno de Giacomo levntara la cabeza y escuchara lo que se cantó ayer en la Farándula, al oir su música gritada y desafinada, o se liaría a batutazos con los intérpretes, o muy probablemente, se volvería a morir.
Siempre he dicho, y no me canso de repetir que los intérpretes, sean de nombre o no, por el mero hecho de subirse encima del escenario, merecen toda mí admiración y respeto, porque a mí me gusta mucho cantar, lo hago a todas horas, y nunca, se me ocurriría ponerme encima de las tablas y actuar.
Sé que muchas veces el público que vamos a las óperas somos demasiado críticos y analistas y nos creemos con el derecho de criticar a todo el mundo por el simple hecho de haber pagado nuestra entrada. Muchas veces emitimos juicios sin pensar y sin saber el trabajo previo que han hecho los cantantes, sin saber sus dificutades ni sus virtudes, y nos limitamos a valorar una actuación, que puede salir mal y encima nos lo cargamos todo.
De la misma manera que respeto al artista pienso que el artita también le debe un respeto al público. No podemos exigir en La Farándula un nivel alto, pues todos sabemos de las limitaciones de nuestro teatro, pero si un determinado nivel, y al menos, un respeto o tal vez, una aproximación a la música que Puccini hubiera deseado que se ejecutara.
La verdad que iba con muchísima ilusión a esta Bohème, puesto que hace cuatro o cinco años la versión que nos ofrecieron estuvo francamente muy bien, y después del gran nivel artístico-vocal del año pasado con el tándem “Cavalleria+Pagliacci” y la “Norma”, francamente me esperava otra cosa.
Digo y repito que juzgo una representación en concreto, que a mi gusto, no alcanzó, salvo un par de cosas, ningún momento de nivel vocal.
De algo sí, por lo menos que puedo estar contenta, y es de la puesta en escena, que sin ser nada del otro mundo, almenos era “La Bohème”, con un poco de imaginación, pero era “La Bohème”, y esto, por los tiempos que corren, ya es un gran qué.
Bueno, sin más preámbulos, ayer el Teatro estaba lleno, entradas agotadas desde hacía días, y a mí llegadala gente ya estaba algolpada en toda la entrada deseosos de ópera.
Allí nos encontramos con Alfredo Germon y su hijo que venían por primera vez a nuestro teatro, y lástima que no pudieran gozar de una función mejor que la que presenciamos ayer.
Cuando la gente estuvo colocada ya en sus asientos, se apagaron las luces, y después de anunciarnos que la Mimì sería interpretada por Miki Mori puesto que la rusa Ekaterina Scherbachenko tenía problemas con su visado de entrada, se advirtió al público que desconectaran los teléfonos móviles, y algo muy curioso que hasta entonces nunca había vivido, se rogó al público que dejara acabar la música de los actos y que aplaudiera cuando la orquesta hubiera terminado para no “cortar”, pero que va, al final del primer y segundo acto, no hubo manera, la gente pasó de todo y en los últimos acordes, la pobre orquesta tocando, el público aplaudiendo y el maestro Collado con mala cara, concentrado en las últimas notas.
Empiezo por la escena.
Acto primero.- Se supone que estamos en una buhardilla. Bueno, a mí más que buhardilla me pareció la trastienda de un teatro. El cuerpo de un maniquí suelto por ahí, chaquetas,sombreros, gorras una bufanda de plumas lilas colgada, un paraguas… que solo dificultaba la entrada y la salida del escenario a los cantantes. El ventanal inclinado en medio del escenario, el resto de la escena oscura, es decir, la ventana no se aguantaba en ninguna pared, pero allí estaba como diciendo, una buhardilla sin ventana inclinada, no es buhardilla. A mano derecha la estufa. Y vaya con la estufa. Los chicos no tienen ni un duro, queman la obra de Rodolfo porque el “Mar Rojo” de Marcello al quemarse olería mal, y ya ves lo que puede calentar la obra de Rodolfo… enseguida se extingue la llama, y la estufa que ha estado apagada todo el día, resulta que con cuatro papelitos coge un vigor… que llega el bueno Schaunard, apoya el pompis y se quema… A ver detalles de dirección de escena que, si la parte vocal va como la seda, pues ni te fijas, pero allí están.
Otra cosa que me pareció desacertada, y me gustaría saber el por que Benoit y Mimi, en lugar de llevar una vela, llevan una especie de lamparita tipo Blancanieves y los siete enanitos, y qué casualidad, que la llama protegida entre cuatro cristales, pues a Mimí se le apaga, no sé cómo, pero se queda sin luz.
Otra de las cosas a destacar, que fue mejorando a lo largo de la representación, es la poca química artística que había entre la pareja principal, porque están cantando un dúo de amor, una a la estufa y el otro al maniquí mutilado. Hombre, que se supone que el encuentro entre la pareja debe ser un flechazo.
Acto segundo.- Café Momús. Bueno, debo reconecer que, a pesar de que el movimiento en masa fue nefasto, la escenografía y vestuario, estuvo realmente bien. Un par de arbolitos pelados y sin hojas, dos mamparas flotando en el escenario, digo flotando porque no tenían pared de apoyo, ni siquiera un cristal trasparente, pero el detalle de que estuvieran con las letras al revé me gustó, es decir, te daba a entender que los protagonistas estaban dentro y el coro y Parpignol, fuera.
Porque Parpignol es otro, qué pinta vestido de Papa Nöel????
La traca final, tres cohetazos de confeti concluyeron el acto. Bien.
Acto tercero.- Se supone que estamos en una calle, al esterior “dell´osterio dove un pitor lavora”.
El acto estaba dominado por una gran berja, que esta vez sí que tenia apoyo, a un lado una pared, donde Marcello “pinta quei guerrerri sulla facciata”, y al otro, más reja.
A la derecha un toldo rojo que era la entrada de la taverna. Entran los barrenderos y las lecheras cruzando la berja, pero, ah! Mimí no, Mimí se salta la berja, no sabemos de dónde sale, pero ella entra por un lado del escenario, ya está dentro del recinto. Cómo lo ha hecho? Cosas del director de escena.
Acto cuarto.- Otra vez en la buhardilla. Se me ha pasado por alto decir que en medio del escenario, hay una especie de camastro que servirá para recostar a la pobre Mimì. Se supone que Mimì y Rodolfo se han permanecido juntos hasta la primavera. Ella está convivindo con un viscontino, y el, otra vez con sus amigos bohemios. Se supone que es invierno de nuevo. Pero… la magia del tetro es grandiosa, porque a pesar de estar pelados de frío, y no tener leña enla estufa, los chico tienen calor y viven el frío invierno de París con la ventana abierta, y cuando llega Mimì, a punto de morir, helada de frío, no hay nadie a quien se le ocurra cerrar la ventana, al menos por deferencia a ella.
Repito, son detalles insignificantes, pero que están allí y que la verdad, te descolocan bastante. En cuanto a la parte musical, el maestro Collado, tocó lento, pero lento. Las arias de los protagonistas en el primer acto, se hicieron eternas, y la orquesta sonó en algunos momentos del primer acto bastante fuerte. El fosado no es el adecuado, pero había veces que se pasaba de fuerte.
El coro dels AAOS, correcto en lo vocal, sonó bien, pero escénicamente, ya es otro cantar, siempre estáticos y no actuando nunca. El Coro infantil, correcto, pero pecando de lo mismo que los mayores, aunque, dadas las edades, es mucho más perdonable.
Vamos a las voces:
ALBERT MONTSERRAT interpretó el Rodolfo. Lo había escuchado antes en el Faust y en la Cavallería, y ahora en Bohème, yen nada de lo que le he escuchado, me ha gustado. Voz con una nasalidad que al cabo de dos horas era insorportable. Agudos, ssssi, pero los agudos no lo son todos. Dicción más que discreta, y desfainaciones en algunos momentos. Yo pienso que tanta nasalidad le pejudica la afinación, él mismo no se escucha bien. Tuvo la mala pata de que en el “gelida manina” empezó mal, la cosa no iba por buen camino, y falló, se cortó la voz, no fue un gallo contante y sonante, la voz se fue. Intentó arreglarlo con un falsete, pero no pudo.
Me alegro de todas maneras de la reacción del público sabadellense, que estallóen aplausos apoyando aljoven. El resto de la obra, sin problema vocal, pero sin matización de palabras, ni expresión de nada.
MIKI MORI que intepretaba a Mimì, no tuvo problemas con los agudos, pero esa soprano no canta chilla, no apiana, no canta dulce, sólo grita. El su aria cuando después del “Ma cuando vien lo sgelo, il primo sole è mio, il primo bacio dell´aprille e mio”, estas dos últimas frases y las finales gritadas completamente.
En el tercer acto su “Dove lieta uscì” empezó bastante bien y lo estropeó chillando, iba a rebentar los tímpanos.
CARLES DAZA interpretaba a Marcello. Lo he dicho y lo he repetido hasta la saciedad que espereva “su” Marcello porque el año pasado me entusiasmó su Silvio del “Pagliacci”, y efectivamente, no me defraudó. Voz bien timbrada de barítono, clara dicción, personaje creíble, texto dicho con intención y seguridad. Lástima que se hizo un lío con las palabras en el tercer acto, pero, lo mejor de la tarde, fue sin duda su interpretación. Bravo Carles!! Almenos de tanto negativo, algo de positivo pudimos ecuchar.
MONTSERRAT MARTÍ que hacía de Musetta. Me soprendió el cambio de voz que ha hecho. La escuché en el 95 en concierto y no pensé que podría desarrollar esta voz. Sigue siendo un timbre que no me es atractivo, pero cantó con seguridad y buena dicción, haciendo en el segundo y tercer acto bien su personaje, que se apagó más en el cuarto. Almenos, tuvo la delicadeza de no gritar.
MANEL ESTEVE que hacía de Schaunard, si bien es cierto que en algún momento era un poco exagerado, la verdad es que estuvo vocalemente bien, y fue el único que estuvo siempre interpretando su personaje, no hubo ningún momento que dejara de ser Schaunard, siempre pendiente de la escena. Muy bien Manel, esto es de profesional. Quizás su personaje se salía un poco de lo convencional, pero le dio un toque de frecura juvenil en el primer acto y de ternura en el último, es decir, Rodolfo no era el único que sentía la muerte de Mimì, Schaunard, como amigo de Rodolfo, la sentía tanto o más que el poeta.
JOSEP PIERES que interpretaba a Colline, correcto. Bien en su “Vecchia Zimarra”, pero a mí gusto le faltó un poco más de volumen, pero bien.
El resto del reparto correcto sin nada más a nivel vocal a destacar.
La gente en general salió contenta por el hecho de haber ido a escuchar “La bohème” de Puccini, y esto siempre es garantía de éxito y de cartel de no hay entradas.
brunilda
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