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Recital Magdalena Kožená y Azul Lima (Auditorio Nacional, Sala de Cámara, 14 de abril de 2026)
Extraño y un tanto desangelado recital el ofrecido por la mezzosoprano checa Magdalena Kožená, dentro del ciclo "Universo Barroco" del Auditorio Nacional. Extraño, porque percibí en la sala una cierta frialdad que me resultó chocante, dado el gozoso y festivo ambiente que suele darse en estas citas, con un público entregado, siempre dispuesto a disfrutar, y generalmente muy generoso con los artistas (que casi nunca se van sin bisar). Quizá contribuyó a ello el hecho de que hubiera un partido de fútbol esa misma tarde, y el público no fuese el habitual de otras veladas anteriores. No sé. Y desangelado, porque la propuesta artística me pareció un tanto dispar, heteróclita y carente de homogeneidad programática y estilística.
El concierto proponía como eje —y cito a Pablo J. Vayón, autor del artículo inserto en el breve programa de mano— «un recorrido por distintas formas de manifestar las más intensas emociones, en las que conviven el lamento barroco, la canción inglesa, la cantata y el aria operística italianas y la escritura vocal contemporánea» (loc. cit., p. 4). Y fue, precisamente, esa variedad la que, a mi entender, hizo que se rompiera la unidad del concierto, en especial con la inclusión de varias piezas contemporáneas, cuyo único criterio justificador para ser introducidas en ese programa tan específico parecían haber sido dar a conocer la primera de ellas —los Gertrud Fragments, de Brett Dean (integrados por cinco breves composiciones, nunca antes interpretadas en España, de gran interés e indudable atmósfera)—, y mostrar la innegable habilidad de Kožená para interpretar, comme il faut, la segunda de las piezas: la endiablada y difícil Sequenza III, para voz sola, de Luciano Berio, que exige del intérprete todo tipo de malabarismos vocales, al incluir —y vuelvo a citar a Vayón—, «palabras fragmentadas, risas, susurros, exclamaciones y gestos sonoros», integrados «en una partitura que explora la frontera entre música, teatro y trazo psicológico» (loc. cit., p. 5). En esta última pieza, debo reconocer que la cantante checa estuvo excelente y entregadísima.
Las dos improvisaciones compuestas e interpretadas por el tiorbista Azul Lima —que sirvieron como nexo de unión entre algunas de las piezas cantadas—, así como el resto de números instrumentales que ofreció tampoco resultaron especialmente destacables. A ello contribuyó, sin duda, la modestia y humildad sonoras de un instrumento como la tiorba, cuyo intimismo y sobriedad no combinaron bien con la arrebatada lectura que Kožená hizo de todas las piezas.
Porque ese es otro "debe" del concierto: la falta, en mi opinión, de adecuación estilística a un repertorio que, por apoyarse en la monodia acompañada y buscar la claridad expresiva del texto mediante una línea vocal sostenida por acompañamientos armónicos sencillos, necesita más de la sutileza, el recogimiento, la expresión melancólica, contenida y serena, antes que el canto vehemente, impetuoso, spianato, de intensidad desgarrada, casi violento, que desplegó la mezzo checa.
En definitiva: un concierto raro y poco satisfactorio para quien esto escribe.
_________________ "Tornate all'antico e sarà un progresso" (Giuseppe Verdi, compositor y genio).
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