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-El día 1 de marzo, viaje fugaz de ida y regreso en el día, a Zürich, para ver Cardillac de Paul Hindemith. A destacar la buena dirección musical de Fabio Luisi al enfrentarse a una orquestación más que suntuosa, apabullante, casi agreste en algunos pasajes. Inteilgente y bien trabajada la puesta en escena. El reparto lució más en lo escénico que en lo vocal, excepto la joven mezzo Dorrottya Lang que interpretó la dama en el primer acto. Buen material, sensualidad, buen concepto del canto.
-6 de marzo. Teatro Janacek de Brno. Si resulta difícil ver fuera de la República Checa La novia vendida, imaginen las demás óperas del Bedrich Smetana. En esta ocasión, visité Brno para ver El muro del diablo, hermosa ópera que fue ofrecida con entusiasmo e idiomatismo por todo el elenco y la orquesta.
-7 de marzo. Viena. Theater an der wien. L'Opera seria de Florian Leopold Gassmann. Fuchs, Spagnoli, De Candia, Gamberoni: Les Talens Lyriques / Rousset. Una divertida ópera buffa settecentesca que parodia de manera hábil y cáustica todas las circunstancias que rodean a la creación y puesta en escena de una ópera seria. La rivalidad entre músico y libretista, la arrogancia de la prima donna caprichosa y su enfrentamiento con el resto de cantantes femeninas, los tormentos del empresario. Los amoríos que surgen.... y el fracaso de la representación con el Teatro "crollato" y el empresario que huye con la recaudación. Funcionó muy bien la puesta en escena de Laurent Pelly, el reparto bien compenetrado en escena y con nivel vocal dispar, pero, ante todo, destacar la extraordinaria prestación musical de Christophe Rousset y sus Talens Lyriques.
-8 de marzo. Viena. Ópera Estatal. Nabucco (Giuseppe Verdi). Netrebko, Ekhbat, Vinogradov. Marco Armiliato. Apabullante y volcánica la Abigaille de Anna Netrebko, que me gustó más que la que le vi en Verona el pasado verano. Inteligencia. Voz todavía sana, bella, singular, opulenta, extensa. Esos graves voluptuosos que a algunos no les gustan, a mí me encantan. Control, inteligencia, carisma. A la gran diva actual parece quedarle cuerda para rato. Muy bien cantado con una voz robusta y pastosa, el Nabucco de Ekhbat a pesar de su envaramiento en escena y falta de carácter. Bien también Vinogradov, que parece no tener rival actualmente como Bajo verdiano. Marco Armiliato dejó a la Filarmónica de Viena sonar bien y sobre todo, mucho, con un sonido tocho, sin articulación, ni detalles, ni dinámicas. La puesta en eescena de Günther Krämer , que ya he visto en Viena tres veces, sigue siendo tan fallida, aburrida, fea y desnortada desde aquel año 2001 que se estrenó.
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_________________ "El canto como la belleza que se convierte en verdad" (Friedrich Schiller)
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