Sebastian Melmoth escribió:
Respondo, desde mi visión personal, a las preguntas planteadas por MarttiT.
Problema n.º 1: el público. Hasta el siglo XX era el refrendo de la taquilla (lo más democrático que hay). A partir del XX los “intelectuales” han querido usurpar ese puesto legítimo, y ya vemos como están los estrenos de ópera en la actualidad. Si no es por medio del prepago (con los impuestos usados para poder estrenarlas) no se montaría casi ninguna. Apelar al número de solistas, u otras características materiales, es una puerilidad. Si la obra necesita muchos recursos y estos son malos, lo mismo da. Vale más una ópera de cámara con buenos intérpretes que una superproducción con interpretes del montón.
No se si la intelectualidad ha usurpado la ópera en la actualidad pero en el ámbito en el que me muevo la oligarquía tenía secuestrada la ópera -hablo de los años 70 hasta finales de siglo- de manera flagrante. En cuanto a los estrenos a mí me parece muy bien que las administraciones impulsen la creación artística, como se ha hecho a lo largo de la historia.
Sebastian Melmoth escribió:
Problema n.º 2: los del canon, que lo integran por la validación del público y del tiempo. Hay mucha bibliografía al respecto. Las nuevas creaciones deberán pasar el mismo filtro, a poder ser, sin trampas publicitarias y sin recurrir a lo escandaloso, que es pan hoy y hambre para mañana. Toda la obra de Verdi y de Wagner tiene interés por ser facetas del proceso creativo de dos autores que han hecho de la ópera lo que es, lo que explica su programación, aunque no su reiteración injustificada.
Con semejante teoría la ópera hubiera muerto al morir Puccini. Qué sería de Britten o de Janacek si por el público fuera. Por suerte el público también aprende.
Sebastian Melmoth escribió:
Problema n.º 3: el público. Si los programadores y toda la lacra administrativa (que parasita la ópera en la actualidad) se arroga esa capacidad, llegamos a la situación actual, donde el género resiste con aspiración asistida.
Por suerte el público aprende. Y más nos vale porque si no seguiríamos escuchando lo mismo que hace cien años. Y las administraciones públicas tienen que impulsar la incorporación de repertorio.
Sebastian Melmoth escribió:
Problema n.º 4: el Estado, las Administraciones. Madrid, por ejemplo, solo tiene un teatro de ópera, que cuenta con financiación pública, lo que es una trampa para la competitividad. Si vivo aquí y soy aficionado (y no soy millonario) o compro un abono, o no puedo ir a nada ya que la política de abonos limita las opciones de la venta libre al mínimo. Si ese abono se compone de forma torticera, mezclando contenidos que nada tienen que ver, hacen trampa.
Me parece muy bien que la administración proteja los teatros de ópera y todos en general. Y yo, que no vivo en Madrid ni soy millonario voy yendo al Teatro Real desde hace más de quince años sin problema alguno. Hasta hace quince años tenía abono pero decidí que estaba hasta el moño de escuchar
Rigoletto,
Le nozze di Figaro o
La bohéme.
Sebastian Melmoth escribió:
Saludos.
Recíprocos. Ha sido un placer.