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 Asunto: Re: Eugenio Oneguin en el Teatro Real
NotaPublicado: 06 Feb 2025 13:10 
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 Asunto: Re: Eugenio Oneguin en el Teatro Real
NotaPublicado: 06 Feb 2025 17:01 
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Amigo Tunner, el rejuvenecimiento y cambios en la Orquesta del Liceu en la última temporada y media, ha dado ciertos aires de mejora clara, sobre todo si el concertador de turno tiene nivel y la trabaja ( tal como se escuchó claramente en La Forza con Luisotti, ya no tanto en la Butterfly con Bartolomeolli y bastante correcta con Sagripanti en Traviata ).
A mi no me parece peor que la del Real, en estos momentos.


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 Asunto: Re: Eugenio Oneguin en el Teatro Real
NotaPublicado: 06 Feb 2025 22:11 
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Estimado Sr.Tunner, estamos de acuerdo en una cosa, y es con ella que empecé mi comentario. A esta orquesta le falta un timbre, un sonido reconocible, también un superior desempeño de la cuerda, como usted apunta; mi impresión es que necesita una mano conductora que la guíe en este proceso, pero sinceramente creo que el material ahí está, y la orquesta lo ha demostrado en más de una ocasión. Si puede ser Gimeno, lo veremos, pero yo tengo esperanza en que así sea por sus dos intervenciones, en las que a mi, equivocado o no, sí que me llegó en bastantes momentos ese sonido que puede ser especial. La próxima será un concierto con música de Wagner, veremos.

A mi no me gusta solo la ópera, sino también la música clásica en general, y suelo escuchar con regularidad algunas de las orquestas que usted cita, especialmente Berlín y Amsterdam, que son mis favoritas. Este domingo por ejemplo, tengo una Novena de Bruckner con el Concertgebouw y Chailly. Saldré seguramente flotando, lo que no me impedirá disfrutar en Madrid de los conciertos de la ONE, donde también considero que el maestro Afkham ha hecho un gran trabajo. Cada cosa en su sitio, no voy a esperar lo mismo. De bueno a excelente hay mucha distancia.

Dicho lo cual, me parece suficiente prueba del algodón que DG haya editado “La Pasajera” de Weinberg. Dudo mucho que una compañía de tal prestigio se embarcase en un proyecto que no incluyera una orquesta mínimamente sólida; pero desde luego, nunca lo haría con una mediocre o directamente mala. Así que congratulémonos, al menos yo lo hago, por ello.

Y de la escena hemos dicho suficiente, está claro, lo sé por mis amigos, que las personas buscamos cosas diferentes al ir a la ópera. A mi me bastaría con la música, pero si voy al teatro, quiero ver teatro. Y si me hace soñar, o excita mi imaginación, o me hace reflexionar, mejor. Y si está bien interpretado por los cantantes/actores, mejor aún. Y si no, me vale una versión de concierto bien cantada. El eximio Kraus o mi idolatrada Caballé eran grandes absolutos, pero francamente…..¿actuaron alguna vez en su vida?. Pues eso.


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 Asunto: Re: Eugenio Oneguin en el Teatro Real
NotaPublicado: 07 Feb 2025 13:07 
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Estimado Sr. Zerbinetto. Por supuesto que Montserrat Caballé y Alredo Kraus actuaban. Lo hacían mediante la voz y el canto. Fraseo, acentos, claroscuros. Usando la atinada denominación de Rodolfo Celletti eran actores vocales. Lo que corresponde en gran parte del repertorio operístico.

La DG ha publicado La pasajera con la orquesta del Real porque la dirige Mirga Grazynite-Tyla, artista exclusiva del sello amarillo y una de sus claras apuestas de artista joven. A ello se suma una obra con escasas opciones en el mercado. No veremos más grabaciones del DG con la orquesta del Real, que, desde luego, con la talentosa lituana sonó como casi nunca.

Efectivamente, amigo Tucker, la orquesta del Liceo estuvo bien en La Forza con un motivado Luisotti y muy bien con la Mälkki en Il Trittico, increíble labor la suya. Aún así creo que la del Real es un poquito mejor, pero vamos, insisto, dos orquestas mediocres que suben si las conduce un buen director y trabaja muuuuuucho.

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 Asunto: Re: Eugenio Oneguin en el Teatro Real
NotaPublicado: 10 Feb 2025 12:42 
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zerbinetto escribió:
El eximio Kraus o mi idolatrada Caballé eran grandes absolutos, pero francamente…..¿actuaron alguna vez en su vida?. Pues eso.


Lugares comunes o, como se dice actualmente, cuñadismo. Es muy fácil soltar esas sentencias. Pero no son ciertas.

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 Asunto: Re: Eugenio Oneguin en el Teatro Real
NotaPublicado: 10 Feb 2025 13:07 
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Además, yo ya había supuesto que la explicación dada más arriba por Mr. Tunner había dejado meridianamente claro lo que es interpretar con la voz; pero luego vendría la locución "actor cantante" (fíjense que no es "cantante actor") para colarnos la preeminencia de una cosa sobre la otra. Yo he visto a la Caballé "bailar" la Danza de los Siete Velos de Salomé y les aseguro que nadie del público presente echó nada en falta.

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 Asunto: Re: Eugenio Oneguin en el Teatro Real
NotaPublicado: 11 Feb 2025 0:34 
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Registrado: 21 May 2009 16:34
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Función del 9 de febrero de 2025.

El ruso es el cuarto idioma de la ópera, tras el italiano, el francés y el alemán, teniendo en cuenta la enorme producción operística en estas cuatro lenguas. Y un buen puñado de óperas rusas está en el repertorio hoy en día. De ellas, hay tres principales: Boris Godunov, de Modest Mussorgsky, y La Dama de Picas y Eugenio Oneguin, ambas de Piotr Ilich Tchaikovsky. Cuando se piensa en ópera cantada en ruso, estos títulos vienen a la mente. Además tienen en común en que están basados en obras de Aleksandr Pushkin, el gran escritor ruso de fama universal.

La historia de Oneguin es la de un hombre que lo tiene todo para ser feliz, pero es incapaz de sentir nada por nadie. Es el tipo de persona que no se da cuenta de que su inconsciencia y su complejo de superioridad, su aburrimiento de la vida, siembra cadáveres a su alrededor: destruye el corazón de la cándida Tatiana y mata en duelo a su amigo Lenski tras seducir a la amada de este, Olga. Poco puede imaginar Oneguin que llegará a arrepentirse de haber dejado marchar ese tren que es el amor de Tatiana. Esta historia romántica es popular en Rusia desde su misma publicación. Y Tchaikovsky quiso hacer de ella una ópera íntima, unos personajes con los que el público pudiera identificarse. Una intención tan personal requeriría de cantantes jóvenes capaces de transmitir convincentemente esta historia, lejos de los egos de los divos del momento. Aunque fue estrenada por estudiantes del Conservatorio de Moscú, la belleza de la obra terminaría por sumarla pronto al repertorio.

Pese a ser una ópera muy conocida, no se ha visto mucho en la capital: en el Teatro de la Zarzuela en 1981 ( en una gira del Teatro Kírov -hoy Mariinsky- y dirigida por Yuri Temirkanov) y 1994 (con Carlos Álvarez y Karita Mattila), y en el Teatro Real recién se estrenó en 2010, cuando se invitó al famosísimo Teatro Bolshoi de Moscú con su coro, orquesta y elencos, para unas funciones. Sin embargo, pese a su renombre mundial, las representaciones pasaron sin pena ni gloria, con un primer reparto aceptable y un segundo reparto con unas voces masculinas mediocres, además de una orquesta que estuvo decepcionante. Quince años después, regresa en un montaje procedente de Oslo y Barcelona, a cargo de un habitual en los escenarios españoles, el alemán Christof Loy, quien realiza una versión que ha suscitado división de opiniones en la prensa y en el público.

Las intenciones de Loy son las de devolver esta ópera, tan representada con acartonados montajes románticos y bailes clásicos, a su intimismo inicial, a una lectura reducida a lo esencial: la psicología de los personajes. Para ello, se reduce la escena al mínimo, en una estética muy habitual de este director de escena. Lo que importa aquí, más que la ambientación, es la inconsciencia del protagonista y sus dramáticas consecuencias, una idea que cobra fuerza en la segunda parte de la obra. Sin embargo, tan radical simplificación termina por resultar aburrida a la vista, lo que afecta incluso al desempeño musical. Como su predecesor del Bolshoi, el montaje transcurre en un pequeño decorado, al que rodea un gran vacío. La primera parte transcurre en una monótona sala, de colores apagados, que pese a representar la villa de Larina, parece más bien una sala de hospital. Oneguin es aquí un gamberro, un seductor salvaje. Tatiana aparece aquí más introvertida que nunca, que no soporta mundo que la rodea: y para muestra de ello la furia con la que arroja al suelo unos libros que le regalan en la escena de su cumpleaños. Sin embargo, algo que saca de la monotonía, pero que también empacha por excesivo, son las algarabías de los empleados que chillan y revolotean en sus escenas corales, y bailarines retozando en coreografías de alto voltaje sexual. Y hasta el sexo termina por ser incoherente y aburrido: Oneguin rechaza en su cortés aria a Tatiana, para terminar la escena besándose con ella apasionadamente al final del primer acto.

La segunda parte es la más interesante a nivel estético: un decorado totalmente blanco con una luz intensa, que se centra en las consecuencias de la mala conducta de Oneguin. La escena del duelo es fuerte escénicamente, pero Lenski no muere en el mismo, sino que lo hace tras disparársele la pistola cuando intenta acercarse a Oneguin para darle el abrazo de la reconciliación. Inmediatamente, suena la famosa Polonesa del tercer acto, en la que de nuevo los bailarines y coristas se entregan a una frenética danza sexual. Al terminar la pieza, de repente Lenski resucita y se une a la danza. La escena final es fiel a la acción original, pero demasiado cruda, con una Tatiana en camisón destrozando hojas de carta a su alrededor, y con Oneguin intentando forzar una reconciliación, pero ella le deja solo, llorando amargamente.

Desde la próxima temporada, el español Gustavo Gimeno sustituirá a Ivor Bolton como director musical del Teatro Real. Ya en 2022, sorprendió con una espectacular lectura de El Ángel de Fuego de Prokofiev. Ahora vuelve a impresionar al frente de la Orquesta del Teatro Real, con un excelente trabajo orquestal, una orquesta que suena inspirada desde casi el inicio, con unas cuerdas brillando intensamente, especialmente los violonchelos, pero cada sección tuvo su lucimiento, en una interpretación que permitía recrearse y disfrutar de cada instrumento, haciendo olvidar un poco la sensación de aburrimiento de la puesta en escena, aunque esta distraía de la brillante Polonesa que se acometió en el foso.

En una ópera donde el coro tiene bellas y animadas intervenciones, el Coro Titular del Teatro Real ha vuelto a anotarse un excelente trabajo. La formación de José Luis Basso arranca con fuerza en su primera intervención, que comienza fuera de escena, amoldando sus potentes voces con la casi mística música. Sin embargo, es en la cuarta escena donde se marcan una intervención para el recuerdo. Como los conocedores de esta obra saben, el primer número coral comienza con una bella y breve introducción solista por parte de un tenor, que se presume que es el capataz, respondida por los campesinos. Dos tenores se alternan en ese pequeño rol, y esta noche lo ha cantado Alexander González, un tenor de bellísima voz lírica.

Iurii Samoilov es el líder indiscutible del reparto, con un Oneguin que teniendo una voz menos grave de lo ideal, sin embargo se hace oír por la sala, y canta el rol con entrega. Si bien empieza bien con el aria de la escena tercera, es en el gran final donde da lo mejor de sí, además de actuar desgarradoramente.

Kristina Mkhitaryan canta notablemente el rol de Tatiana, una voz de timbre tirando a oscuro, reservándose para la parte más famosa de su gran escena de la carta, que canta con dulzura y sensibilidad. Sorprendentemente, en el tenso final de la escena cuarta, la frase ona mnye szhala syerdtse bolno tak, zhestoko! la cantó con una fuerza sobrecogedora. En la dúo final con Oneguin volvió a destacar.

Bogdan Volkov como Lenski tiene una voz de timbre juvenil, pero el volumen no le acompaña, resultando en una voz tirando a pequeña, quitándole tensión en el segundo acto, que es cuando más enérgico debería sonar este personaje. Se reservó para su famosa aria Kuda, Kuda, cuando, erguido en el escenario, la cantó con una melancolía convincente, especialmente a la hora de cantar en piano.

Maxim Kuzmin-Karavaev fue un excelente Gremin, con una voz potente y un aria bien cantada en el tercer acto. También cantó el breve rol de Zaretski en la escena del duelo, quizá en un intento del director de escena de ampliar la presencia de Gremin, fundiendo ambos personajes.

Victoria Karkacheva interpretó a Olga, y aunque cumplió con un notable grave en el primer acto, pero después estuvo más bien correcta, aunque cumplió como actriz con el personaje, aquí convertido en una joven ligera de cascos. Katarina Dalayman como Larina ya aparece con la voz bastante desgastada después de una gran carrera wagneriana en el pasado. En cambio, la veterana Elena Zilio en el rol de la nana Filipyevna, canta sorprendentemente bien para sus 84 años: una voz que no suena tan desgastada, y con un grave que sigue impresionando, y que anula a la Larina de Dalayman cuando salen juntas en escena. Hasta pensaba que podría cantar la Olga y aun así tener más éxito que Karkacheva. Juan Sancho fue un muy bien cantado Monsieur Triquet, y Frederic Jost también cantó bien el rol del capitán.

La belleza de la música hizo más llevadera una representación dominada por una frialdad que golpeaba más que profundizaba. Esta obra es tan querida, que la sala estaba casi llena, y el público premió con muchas ovaciones al elenco. Pero el gran triunfador ha sido indudablemente Tchaikovsky.

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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com