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Le Comte Ory……………………..CYRILLE DUBOIS La Comtesse Adèle…………….SARA BLANCH Isolier………………………………….MONICA BACELLI Le Gouverneur…………………….NICOLA ULIVIERI Raimbaud……………………………SERGIO VILLEGAS-GALVAIN
Director de orquesta……………PATRICK LANGE Orquesta de Cámara de París Coro de Cámara de Ruán y Coro de la Universidad de la Sorbona
Versión de concierto
En esta especie de vodevil, basado en un romance medieval, de carácter ciertamente amoral e incluso libertino, Rossini reutiliza y reorquesta parte de la música de “Il viaggio a Reims”, que injustamente había tenido escaso éxito en su estreno tres años antes. El libretista de moda, Eugène Scribe, se hizo cargo de suavizar las escenas más libérrimas de la obra, para no saltarse las convenciones de la época. La partitura es brillante, con una rica orquestación y momentos de especial exigencia y lucimiento para los dos personajes principales.
Sara Blanch, la razón principal para asistir a esta representación, fue todo un espectáculo. Su voz homogénea y timbrada en todo el registro, dotada de bellos armónicos, las piruetas vocales que hace sin despeinarse y su magnífica actuación escénica hicieron de ella la gran triunfadora. Ya desde el principio, su primera cabaletta “Céleste providence”, donde desde un sobreagudo límpido y refulgente, baja a continuación dos octavas sin dejarse ni una nota de las dos escalas hasta llegar a su registro grave sonoro y timbrado, fue toda una declaración de principios.
Después , la coloratura impecable, los complicados tresillos a una velocidad endiablada sin escapársele una sola semicorchea, los grupetos y notas de adorno intercalados con una delicadeza y perfección asombrosas, las puntature en staccato precisas como un reloj, la maleabilidad del timbre para hacerse dulce y sensual o al contrario, firme en su asertividad.
Asimismo dotada de una enorme musicalidad que le permite al mismo tiempo ejercer una exquisita flexibilidad en su canto , su inteligencia escénica, que consiguió infundir vida a su personaje — casi la única del elenco— a pesar de la sosería de la presentación, de la que no se puede decir siquiera que fuese semiescenificada.
Cyrille Dubois es un tenor lírico ligero con buena capacidad para las agilidades, un elegante fraseo y como demostró en el trío “À la faveur de cette nuite obscure”, uno de los tríos más bellos compuestos por Rossini, un completo dominio del canto legato. La voz en sí no tiene demasiado peso , pero consigue agudos penetrantes y bien proyectados, aunque ligeramente caprinos en la zona sobreaguda.
Monica Bacelli comenzó algo torpe, pero en seguida se metió en el papel; si bien la voz no siempre se proyecta demasiado bien y ha perdido algo de fuerza su color naturalmente oscuro y el dominio del francés y un fraseo inteligente y lleno de intención la hicieron salir muy airosamente de su cometido.
Nicola Ulivieri tiene un timbre muy bonito, y, aunque su pronunciación francesa no es tan correcta y los graves se quedan bastante desguarnecidos, cantó con corrección su parte.
Bien también el joven Sergio Villegas-Galvain, que lo dio todo en su aria equivalente a la de Don Profondo en “Il viaggio”, y fue premiado con un caluroso aplauso.
La dirección de orquesta fue bastante mediocre, sacándole poco partido a la brillante orquestación rossiniana y números como la melismática melodía de las cuerdas al unísono que anuncian la entrada de la condesa o la bellísimo música nocturna antedicha, se quedaron en mero acompañamiento de los cantantes. Tampoco ayudó una orquesta cuyo sonido es más bien discreto que otra cosa.
Ya dije en mi comentario sobre “Il viaggio a Reims”, y lo repito con mucho más énfasis para este Comte Ory, que estas óperas se prestan muy mal a versiones de concierto, ya que gran parte de la comicidad del texto descansa en la acción escénica de los cantantes. Solo Sara Blanch, y en menor medida, Cyrille Dubois, fueron capaces de superar de alguna manera este gran inconveniente.
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