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RECITAL RADVANOVSKY/BECZALA EN EL TEATRO REAL (03/11/24)
El evento reunió todos los ingredientes necesarios para dar como resultado una gran velada musical: dos voces reconocidísimas internacionalmente, una orquesta rodada, un repertorio de primera categoría y popular como pocos, y un público disfrutón a tope y entusiasta, dispuesto a aplaudir lo que fuera. Y debo decir que las previsiones, en general, se cumplieron, aunque tampoco es que la cosa fuera para volarse la cabeza.
La Orquesta titular del Real cumplió con creces --como no podía ser de otro modo, tratándose de un repertorio tan frecuentado--, pero debo decir que la dirección orquestal de la canadiense Keri-Lynn Wilson fue algo impersonal y se caracterizó por imponer unos tempi excesivamente lentos en general (interminable, por ejemplo, el dúo "Vicino a te" con que se cerró la parte fija del programa, falto de fuoco y mutilado en una de sus partes, lo que hizo que una página tan vibrante como esa quedara algo descafeinada).
En cuanto a los dos protagonistas de la velada, a mí personalmente me gustó bastante más Beczala que Radvanovsky, pues se mostró mejor de voz y más uniforme durante toda la función. El instrumento del tenor polaco es hermoso, viril, rico de armónicos, tiene squillo y volumen y, pese al oscurecimiento a que lo ha ido sometiendo el cantante para poder incorporar a su repertorio papeles cada vez más pesados (algo que resulta perfectamente detectable), sigue brillando en la zona alta (ya no tanto como antaño, es verdad) y conserva flexibilidad para las dinámicas y el fraseo. Quizá peque Beczala de una cierta frialdad expresiva, de falta de fuoco en el repertorio italiano --que es el que más frecuenta--, pero no puede negarse que canta con gusto, intención y se preocupa de matizar, todo lo cual lo convierte en uno de los tenores líricos más importantes de la actualidad. Su prestación, en términos generales, resultó muy destacable, y fue de menos a más en las dos partes del programa, sellando la primera de ellas con un excelente "Adiós a la vida" --lleno de sentimiento y detalles-- y la segunda con una estupenda lectura de la hermosísima Come un bel dì di maggio.
En cuanto a la soprano estadounidense, me pareció que estuvo algo más irregular que su compañero, con momentos reseñables (La mamma morta)-- y otros menos interesantes (Canción de la luna, de Rusalka). En todo caso, hubo que esperar al momento de los bises para escuchar la que, en mi opinión, fue su mejor interpretación de la noche: la bellísima aria de cierre de Leonora en La forza del destino (Pace, pace mio Dio!), que la Radvanovsky --con buen tino y mejores sentimientos-- dedicó a los damnificados valencianos de la maldita dana. Tras una espectacular, sostenida y cadenciosa messa di voce de apertura llegó todo un recital de filados, medias voces, legato del bueno y una lectura llena de contrición, recogimiento y buen fraseo. Lástima que la dicción de la estadounidense siga siendo mejorable, y que no fuera capaz de mantener un poco más el Si bemol con que se cierra esta impresionante pieza verdiana, pues habría sido el modo de rematar una versión estupenda en términos generales. Y eso que, como suele ser habitual, la Radvanovsky optó por la solución "fácil en el cierre, acabando en un "malediziooooonnn", en lugar de saltar del Fa precedente (zioooo) al Si bemol final (ne!). Solución canónica (y dificilísima) que yo, ahora mismo, sólo recuerdo haber oído cantar como manda la partitura en muy pocas ocasiones (una de ellas, por ejemplo, a la Dimitrova, en una función en vivo de 1972).
Como propina se ofrecieron tres bises muy reconocidos: la ya citada aria verdiana, el Amor ti vieta, de Fedora, y el manido y célebre brindisi de La traviata. Todo ello puso fin a una velada bastante disfrutable, como ya he dicho.
Vale!
_________________ "Tornate all'antico e sarà un progresso" (Giuseppe Verdi, compositor y genio).
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