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Un matrimonio de edad madura y con mucha pasta (son príncipes) se divierten y dan fiestas en su casoplón. El marido (el Príncipe) tiene una joven amante: la señorita Duclos, que es actriz. Su esposa la Princesa también tiene su amante: un apuesto oficial llamado Maurizio. La Princesa, para organizar sus citas con Maurizio, utiliza como mensajera a la amante de su marido, la señorita Duclos.
Pero Maurizio ya está cansado de la Princesa y ahora quiere enrollarse con la joven Adriana, que también es actriz y trabaja en la misma compañía que la Duclos. La princesa se mosquea mucho con Maurizio, porque sospecha que este pichabrava anda rondando a otra. El Príncipe, por su parte, anda mosqueado con su amante la señorita Duclos, porque piensa que se la está pegando con Maurizio, cuando realmente es la Princesa quien es la amante de Maurizio y le pone los cuernos al Príncipe. Maurizio y Adriana se enrollan finalmente en casa de la mismísima Princesa, en vez de irse a un hotel, mientras el Príncipe entra y sale de escena con su cornamenta bien puesta buscando en vano a la señorita Duclos (que debía estar esa noche en otra fiesta).
Toda esta historia (que se enreda y se enreda) es realmente como la obra teatral "Se infiel y no mires con quién" y daría para una "comedia de puertas" de Willy Bilder. Pero, damas y caballeros, ¡esto es la ópera! y aquí la protagonista tiene que morirse en escena. De modo que la Princesa se mosquea totalmente y envenena a la pobre Adriana, que muere en los brazos del pichabrava Maurizio, demostrando la Princesa tener muy mal perder. El Príncipe, en cambio, es liberal y tolerante, todo un señor, pues finalmente se entera de que su esposa le ponía los cuernos con Maurizio pero no se mosquea con ella, no la mata ni nada parecido.
La música de esta ópera está muy bien, la escenografía es muy bonita y el dinero de la entrada está muy bien gastado.
Ermonela Jaho tiene Madrid a sus pies. En la escena final, desmedrada, descalza, cantando en camisón, demuestra que es una de las sopranos que mejor mueren en escena: Adriana, Cio-Cio San, Violeta... se muere cantando siempre muy bien.
Elina Garanca está esplendorosa: canta divinamente y llena el escenario con absoluta elegancia actoral. Mi joven sobrino, que me acompañaba en esta ocasión, me dijo: "Es una verdadera MILF". Pues sí que lo es, sí.
Vayan a ver la función, merece mucho la pena.
Saludos
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