En mi familia, de origen italiano en parte, la ópera siempre ha estado presente de una forma muy fuerte. Mi abuelo cantaba ópera medio profesionalmente, pero apenas tuve la oportunidad de conocerle. Mi padre iba para cantante de opera profesional, llegó a debutar en el Liceo a los 20 años, pero decidió irse a la Universidad y no siguió con la carrera.
Desde pequeño me ponían ópera en casa, incluso llegué a ir al Liceo a ver Aida y el Barbero de Sevilla con 9 o 10 años, pero la veía como algo de mayores. No obstante, poco a poco, me iba calando -iba alguna vez al Liceo pero me aburría- y me fue gustando más, pero no fue hasta los 18 en la universidad que pasaron dos hechos relevantes:
(a) Mi padre volvió a cantar, como aficionado, por lo que me enteré (o recordé?) la historia de la familia y me interesó cada vez más aquello que se llamaba ópera
(b) Conocía a otras personas que les gustaba la ópera tanto o más que a mi y empecé a ir de marcha

con los amigotes de la facultad con el cassette a tope: "Che gelida manina" de Carreras, "E lucevan le stelle" de Aragall, "Di quella Pira" de Bergonzi. "Celeste Aida" de Corelli y "Parmi veder le lagrime" de Kraus... Incluso, ya "contentos", lo cantabamos por la calle...
A eso de los 20-21 empezamos a tener pasta para comprarnos entradas e ir nosotros por nuestra cuenta al Liceo (ya no iba con "mayores"). La experiencia fue muy distinta: me encantó.
Además se ligaba que no veas invitando a las chicas al Liceo, cuando los demás, con suerte, las invitaban al cine....
