Caminante escribió:
¿alguien puede asegurar que lo simple es peor que lo complejo, lo dulce que lo salado, el trabajo de un año que el de una semana, lo blanco que lo negro, lo seco que lo húmedo y así contraponer hasta el infinito una cosa y su contraria?
Te falto: la vida que la muerte y/o viceversa...
Todas estas disquisiciones acerca de Wagner, quien es mejor o peor, si vale la pena ser mejor o no, etc, etc, han puesto el asunto muy interesante; aunque a veces parece que mas que nada es una "lucha"

por ver quien de los que escribe tiene la supremacia intelecual
Amonasro escribió:
Pero si que tengo algunas óperas (de Wagner), las escucho de vez en cuando y disfruto con ellas. Lo que no se me ocurre es esforzarme en que me gusten más. Yo me essfuerzo en el trabajo ¡que remedio! pero no en el placer...
Coincido totalmente con Amonasro, salvo en lo del trabajo ya que no me esfuerzo ni en eso

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No solo en Wagner, pero con casi toda la musica, siempre la escucho Quasi Fantine Style y luego, cuando ya me ha gustado lo suficiente como para que me produzca un interes persistente, empiezo a averiguar mas de ella y eso tambien me produce placer porque me da la sensacion de que entiendo mas de ella
En Wagner siempre me gusto su musica orquestal: sus oberturas, y mas adelante algunos fragmentos, eso me dio animos para insistir y a pesar que al inicio su estilo de escritura vocal y su concepcion de la opera no me parecieron tan acertados, al final me ha terminado gustando mucho. Supongo que cada quien lo hara a su manera, adorarlo o ignorarlo solo depende de cada uno y me parece que nadie se pierde nada tomando una u otra posicion.
Gracias a Cyrano por el escrito que puso de Tolstoi, yo no lo conocia
A mi me encanta Wagner, sus musica me hace disfrutar muchisimo y creo que sus libretos son muy interesantes y algunos de sus textos bastante buenos, pero igual me ha gustado el articulo; especialmente la descripcion (algo ingenua) que Tolstoi hace de su impresion de Sigfrido. Pongo algo a continuacion porque me parecio interesante:
Tolstoi escribió:
Llegué un poco retrasado...Cuando entré, estaba en escena un actor, dentro de una decoración destinada a representar una cueva, y que, como siempre sucede, producía cualquier cosa, menos la ilusión de que fuese auténtica. El actor llevaba calzón de punto de mallas, una capa de piel, una peluca y una barba postiza, y, con sus manos blancas y finas, que delataban al comediante, forjaba una espada inverosímil con ayuda de un martillo imposible, de una manera con la que jamás ha manejado nadie un martillo; y; al mismo tiempo, abriendo la boca, de una manera no menos extraña, cantaba una cosa incomprensible. Toda la orquesta, durante aquel tiempo, se esforzaba en acompañar los extravagantes sonidos que salían de su boca.
El libreto me hizo saber que aquel actor representaba un poderoso gnomo que vivía en la cueva; y forjaba una espada para Sigfrido, el muchacho que él habia educado. Y en efecto, yo había adivinado que representaba un gnomo, pues jamás dejaba, al andar, de doblar la rodilla para achicarse. El gnomo, abriendo siempre la boca de la misma extraña manera, continuó mucho tiempo cantando o gritando. La música, entretanto, seguía un curso singular: hacia la impresión de principios que no continuaban, ni se acababan. ...
Después de este monólogo, que duró muy largo tiempo, oí a la orquesta otros sonidos, completamente diferentes de los primeros, y que también me produjeron la impresión de principios que no se acababan nunca. Y, en efecto, no tardó en aparecer otro actor, llevando un cuerno al hombro, y yendo acompañado de un hombre que corría en cuatro patas, disfrazado de oso. ...
Mime quiere enseñar a Sigfrido el miedo, y Sigfrido responde que él no conoce el miedo. Terminadas por fin las trece páginas, Sigfrido coge uno de los pedazos que pretenden representar la bigornia, y lo forja, y canta: ¡Heaho, heaho, hoho! ¡Hoho, hoho, hoho, hoho! ¡Hoheó, haho, haheo, hoh!. Y así termina el primer acto.
Era tan fastidioso todo esto para mi, que permanecía a disgusto en mi asiento, y, tan pronto como terminó el acto primero, quise irme. Pero los amigos que me acompañaban solicitaron que me quedase. Me dijeron que era imposible juzgar una obra por el primer acto, y que el segundo, sin duda, me gustaría más....
No tenía, sin embargo, nada que aprender, respecto a la cuestión que me había llevado al teatro. Pero en torno mío se veía una admiración y un éxtasis generales, y para descubrir las causas de aquel éxtasis resolví esperar aún el acto segundo.
...Y el tal dragón -que sin duda ha querido dárselas de terrible, y que podría, en efecto, asustar a los niños de cinco años- dispone, para hablar, de una voz de profundidad terrible. Todo esto es tan estúpido, tan parecido a lo que se exhibe en las barracas de feria, que se pregunta uno cómo las personas de más de cinco años pueden presenciarlo seriamente; y, no obstante, millares de personas, al parecer ilustradas, asisten al espectáculo, y ven y escuchan todo aquello con éxtasis, con atención religiosa, enajenadas de placer.
...Me resigné, sin embargo, a escuchar la escena siguiente, en la que aparecía el monstruo con el consabido acompañamiento de notas de bajo, entremezcladas con el leit-motiv de Sigfrido; pero después del combate con el monstruo, de los rugidos, los fuegos, las estocadas, etc., me fue imposible aguantar más tiempo, y me fuí del teatro con un sentimiento de repulsión, que hoy día aun no he podido olvidar.
...En Bayreuth, donde fue por vez primera representada la obra, las personas que se consideraban como la flor del mundo acudieron de los cuatro puntos cardinales, desparramaron millares de rublos para ver en escena cosas semejantes; y cuatro días seguidos miraron y escucharon, durante seis horas, aquella farsa estúpida.
Pero, ¿por qué esas personas han ido a Bayreuth, por qué continúan yendo a ver aquella obra, y por qué se la admira? Es ésta una pregunta que fatalmente se presenta. ¿Cómo explicar el éxito de las obras de Wágner?La explicación es muy sencilla. ...
Añadid que todo allí es bonito. Son bonitos los trajes, y las decoraciones, y las ninfas y la walkyria. Son bonitos hasta los mismos sonidos. Porque Wágner, que estaba lejos de carecer de talento, ha inventado -verdaderamente inventado- para acompañar su texto, combinaciones de sonidos, tan bellos de armonía como de timbre. Toda esta belleza es de un orden asaz bajo y de un gusto grotesco, como las mujeres hermosas que se ven pintadas en los carteles, o como los peripuestos oficiales de una gran parada; pero todo ello es indudablemente bonito.
En fin todo es interesante.
...De música, es decir, de un arte que nos transmita un sentimiento experimentado por el autor, no hay en ella ni trazas. Y añado que nunca pude imaginarme nada más antimusical. Es algo así como si se sintiera, indefinidamente, una esperanza de música, seguida al punto de una decepción. Centenares de veces comienza algo musical, pero estos comienzos son tan cortos, están tan atestados de combinaciones de armonias, tan cargados de efectos de contraste, tan oscuros, terminan tan pronto, y lo que sucede en escena es de una falsedad tan inverosímil, que cuesta trabajo percibir aquellos embriones musicales, y mucho más llegar a emocionarse. Y, por encima de todo, desde el principio hasta el fin, la intención del autor es tan sensible, que no se ve ni se escucha a Sigfrido y los pájaros, sino un alemán de ideas estrechas, un alemán desnudo de gusto y de estilo, y que, habiéndose formado una concepción grosera de la poesía, trabaja para transmitirnos su concepción por los medios más groseros y más primitivos...